"es la última frontera de nuestros bosques"

Este lugar virgen de Indonesia es la nueva frontera de la industria del aceite de palma

La parte indonesia de la isla de Papúa, una controvertida región por un conflicto separatista, es la zona con mayor densidad de bosques primarios del país

Foto: Ciudadanos de Sentani en sus botes tradicionales durante el  Sentani Lake Festival, en el pueblo de Asei, Papúa. (Reuters)
Ciudadanos de Sentani en sus botes tradicionales durante el Sentani Lake Festival, en el pueblo de Asei, Papúa. (Reuters)

La isla indonesia de Sumatra solía ser hace varias décadas uno de los vergeles de bosque tropical más ricos del planeta. Hoy, cuando se sobrevuela la isla, el paisaje es mucho más monótono y las filas de palmas aceiteras recorren cientos de kilómetros, dando constantes dentelladas a las escasas selvas que se han salvado de la expansión de esta polémica industria. Una premonición de la suerte que podría correr en los próximos años la región de Papúa, en la zona más oriental del país, cuyos bosques habían escapado hasta ahora de la voracidad del aceite de palma.

Papúa es la última frontera de nuestros bosques”, asegura Hidayah Hamzah, investigadora del World Resources Institute (WRI). La mayoría de activistas y académicos que están denunciando la rampante deforestación de Papúa apuntan al mismo culpable que ha devorado las selvas de Sumatra y otros puntos del país: las plantaciones para producir aceite de palma, del que Indonesia es el principal exportador del mundo. “La zona está bajo un rápido desarrollo y la selva se está abriendo para plantaciones, sobre todo aceite de palma, aunque también acacias [para producir pulpa de papel] y agricultura”, asegura Hamzah.

Así, el mismo World Resources Institute ha documentado una rápida deforestación de 600 hectáreas en tan sólo dos meses a principios de año en una plantación que se cree que será destinada a aceite de palma. Greenpeace, por su parte, denunció en mayo que la empresa PT Megakarya Jaya Raya, que provee de aceite de palma a Mars, Nestlé, PepsiCo y Unilever, entre otros, estaba destruyendo bosques primarios en la isla.

Un estudio reciente de la Universidad de Duke y del Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados aseguraba además que la deforestación relacionada con el aceite de palma se había multiplicado por cinco en el periodo entre 2010 y 2015, en comparación al periodo 1995-2000. “La proporción de nuevas plantaciones que reemplazan bosques es también sustancialmente mayor que en Sumatra y Kalimantan”, asegura el estudio, refiriéndose a las dos regiones donde se concentra el 98% de las plantaciones.

El estudio aseguraba además que la moratoria impuesta en 2011 a nuevas concesiones de aceite de palma en bosques primarios y turberas ha tenido un “impacto modesto” por "la protección parcial que la ley da a los bosques, la pobre diseminación de información, el poco respeto a la ley, y los intereses personales [en la región]”.

El nuevo grito de alarma llega cuando la industria del aceite de palma está intentando lavar su imagen teñida por su alta huella medioambiental, especialmente después de que el Parlamento Europeo aprobara una prohibición del uso de aceite de palma como biocombustible para 2030. Así, el Gobierno de Indonesia publicó recientemente un informe en el que aseguraba que un 63% del país está cubierto por masa forestal y que la deforestación se estaba frenando. Sin embargo, Indonesia incluye en su definición de bosque los llamados ‘bosques de producción’, en los que se puede cultivar, y que pueden incluir plantaciones para pulpa de papel o de aceite de palma. Además, el Ejecutivo considera que abrir una plantación puede considerarse como ‘reforestación’.

El problema puede ser especialmente acuciante en Papúa, donde saber lo que ocurre en esta región es mucho más difícil que en otras partes del país. Así, Papúa Occidental y Papúa, las dos provincias indonesias de la isla, son vigiladas cuidadosamente por las autoridades y el acceso de extranjeros está restringido.

Papúa es uno de los lugar más controvertidos de Indonesia debido a un conflicto separatista liderado por el Movimiento Papúa Libre, que ha pedido la independencia de la región desde el fin del colonialismo holandés. Sin embargo, en vez de conseguir la independencia, la región fue anexionada por Indonesia en 1969 de forma irregular, con un falso referéndum entre representantes seleccionados, en vez de entre toda la población.

El problema puede ser especialmente acuciante en Papúa, donde el acceso de extranjeros está restringido

Desde entonces, las denuncias por violaciones por derechos han sido frecuentes. Así, en 1998 varios activistas por la independencia fueron arrestados, violados y mutilados en la conocida como masacre de Biak. En 2001 y en 2003, sendas operaciones militares en Wasior y Wamena terminaron con el asesinato de decenas de locales, mientras que miles de personas fueron desplazadas.

El presidente Joko Widodo, más conocido como Jokowi, aseguró en 2015 que iba a aligerar las restricciones para acceder a la zona y que iba a empezar a dar visados a periodistas. Sin embargo, las solicitudes de visado para visitar la región se acumulan en los cajones de las embajadas y rara vez reciben respuesta.

Tampoco fuera de Papúa se puede hablar del conflicto. El pasado mes de julio, el ejército entró en un dormitorio de estudiantes en Surabaya, la segunda ciudad más grande del país, situada en la isla de Java, donde se iba a proyectar un documental sobre los abusos en la región. “Es el último ejemplo de la determinación del país de no afrontar los abusos pasados en la provincia más oriental del país”, denunció la organización Human Rights Watch.

Trabajadores recogen madera de teca en el bosque de Sentani, en la provincia de Papúa. (Reuters)
Trabajadores recogen madera de teca en el bosque de Sentani, en la provincia de Papúa. (Reuters)

¿Un posible modelo de sostenibilidad?

El conflicto, sin embargo, dio a la región una ventaja comparativa con respecto a otras provincias que podría convertirse en su mejor aliado para preservar sus recursos naturales: una autonomía especial aprobada en 2001 que da un mayor poder a las autoridades locales sobre las normas que rigen la zona. Esta autonomía especial hace que aprobar una concesión para una plantación “sea más difícil que en otras partes de Indonesia”, explica Hamzah. “Hay un reconocimiento de las leyes locales y se necesita el permiso de las comunidades”, dice la investigadora.

En virtud de esta autonomía, el Gobierno de Papúa Occidental, una de las provincias con mayor crecimiento económico del país gracias a sus recursos petrolíferos, ha declarado la zona como provincia de conservación ecológica, y ha asegurado que la preservación de los recursos naturales será una prioridad de su Ejecutivo. “Hay muchos desafíos pero Papúa es también una oportunidad de crear un modelo sostenible que sea aplicable a otras zonas”, continúa Hamzah.

"Hay muchos desafíos pero Papúa es también una oportunidad de crear un modelo sostenible que sea replicable a otras zonas”

Sin embargo, la autonomía también presenta riesgos, ya que las autoridades locales a menudo ignoran la legislación nacional. Además, acceder a datos sobre la situación de las concesiones puede ser también más complicado, explica Hamzah. Así, a pesar de la necesidad de obtener, supuestamente, el beneplácito de las comunidades, el número de concesiones no ha parado de crecer y mientras que en 2005 había sólo 5 empresas de aceite de palma operando en Papúa Occidental, a finales de 2014 habían aumentado a 21, según el Movimiento Mundial por los Bosques Primarios.

Pero sustituir el aceite de palma puede ser una mala solución. Así, un informe reciente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza aseguraba que el boicot al aceite de palma no detendría la pérdida de biodiversidad, sino que la desplazaría a otros lugares del planeta, si no se mantenían los niveles de consumo de aceite vegetales y, por tanto, se sustituían por otros. “El aceite de palma está diezmando la gran diversidad de especies del sureste asiático, conforme se va tragando grandes extensiones de bosques tropicales. Pero si lo reemplazamos por cultivos de colza, soja o girasol, podrían sufrir otros ecosistemas naturales y otras especies”, aseguró el autor principal del informe, Erik Meijaard en una nota de prensa.

El informe aboga por la producción de aceite de palma sostenible. No obstante, la propia definición de deforestación de la Mesa Redonda para el Aceite Sostenible está en cuestión, ya que no descarta la tala de bosques en zonas de alta densidad forestal, como es la propia Papúa. El sello está ahora revisando sus estándares para modificarlos el próximo mes de noviembre, pero si se aprueba el borrador presentado el pasado mes de marzo, parte de los bosques de Papúa acabarán probablemente convertidos en plantaciones de aceite de palma certificadas como sostenibles.

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