temor al bloqueo y a hacer las cosas mal

La UE se va de vacaciones y se deja migración para septiembre

Los países avanzan con pies de plomo. No solo no se ponen de acuerdo, sino que además saben que se la juegan. La cuestión de la migración y el asilo es extremadamente delicada

Foto: Inmigrantes rescatados en el Estrecho permanecen en un buque, ante el colapso de los sistemas de recepción. (EFE)
Inmigrantes rescatados en el Estrecho permanecen en un buque, ante el colapso de los sistemas de recepción. (EFE)

Hay que hacer algo con la migración. Lo sabe Bruselas, lo saben los gobiernos y lo saben los ciudadanos, cuyo descontento crece al mismo paso que las opciones electorales de los partidos radicales y de extrema derecha. Pero, pese a la tensión que se vivió apenas hace unas semanas, la Unión Europea se va de vacaciones y, como un mal estudiante, se deja la asignatura que más quebraderos le da para septiembre.

Bruselas ha hecho todo lo posible para empujar a los países a moverse. Primero por las malas, con las cuotas de acogida obligatoria de refugiados durante la crisis de 2015, en plena guerra de Siria. Y, tras darse contra el muro de los países que se niegan a abrir sus puertas a asilados, por las buenas. Esta semana, ha respondido a la llamada de los líderes europeos, que en una larga cumbre, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada, acordaron explorar la idea de poner en marcha plataformas de desembarco y centros cerrados para migrantes, sin que nadie supiera muy bien qué significaba esto.

La Comisión Europea ha tratado de responder a algunas de las preguntas, con una propuesta en la que plantea ideas para poner en marcha "centros controlados" en los países del sur de Europa y, también, crear plataformas de desembarco en los vecinos extracomunitarios, todavía sin tener muy claro cómo. Además, la Comisión propone que se den 6.000 euros a los países por cada migrante acogido en los 'centros controlados'. Una propuesta que no ha gustado a todos.

"A Bruselas no le pedimos limosna, Italia necesita dignidad", contestó pronto el ministro de Interior italiano, Matteo Salvini, uno de los políticos que más están marcando la discusión migratoria en la UE a día de hoy.

Migración, la asignatura más difícil

Durante la reunión que los embajadores de los Veintiocho ante la UE han mantenido este miércoles, la última antes del receso de verano, las reacciones a la propuesta han sido menos tajantes. La acogida ha sido positiva, claro que la discusión no ha entrado en detalles, donde suelen enfrentarse los países. Todos están de acuerdo en que es necesario encontrar soluciones y este es un paso en esta dirección. Pero las capitales están lejos de coincidir en lo que debe hacerse. Y, sobre todo, en quién debe cargar con la responsabilidad.

Una migrante, en el buque María Zambrano, que ha desembarcado en Algeciras. (EFE)
Una migrante, en el buque María Zambrano, que ha desembarcado en Algeciras. (EFE)

Los países avanzan con pies de plomo. No solo no se ponen de acuerdo, sino que además saben que se la juegan. La cuestión de la migración y el asilo es extremadamente delicada, tanto por el impacto que tiene en las opiniones públicas, como por la necesidad de tratar con personas que viven situaciones muy difíciles, sin poner en riesgo sus derechos humanos. "Hay temor a hacer las cosas mal", explica una fuente europea a El Confidencial.

Ningún país da el primer paso

El mayor problema de las soluciones puestas sobre la mesa, más allá de que están "muy verdes", es que son de carácter voluntario. Y, como han mostrado ya las capitales, tienen muy poca voluntad de dar el paso de asumir la responsabilidad —y los costes— de la gestión. Pero, sobre todo, nadie parece querer abrir un centro de control de migrantes —adonde poder llevarlos una vez rescatados para aclarar quiénes pueden pedir asilo y quiénes no— en su territorio, especialmente Francia e Italia.

España, por su parte, sigue mostrándose constructiva e insiste en seguir avanzando en las discusiones, pero tampoco prevé asumir en solitario la respuesta a una situación que afecta cada vez más al país, puesto que las llegadas a sus costas han superado ya a las de Italia. En los últimos días, 308 inmigrantes han sido rescatados en el Estrecho de Gibraltar, por lo que los servicios de acogida están desbordados.

En general, las llegadas de migrantes a través del mar están descendiendo, pero la migración no va a desaparecer y Europa tiene que sacar la cabeza de debajo de la tierra. La cuestión es si es capaz de hacerlo de manera ordenada, anticipándose a nuevas crisis, o si de nuevo espera a verse empujada por los acontecimientos.

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