"hay mayorías ciudadanas, pero no en LOS partidos"

#fairLand: ¿Un Podemos alemán para desbancar a Merkel?

Dos históricos líderes quieren aprovechar el colapso de los partidos tradicionales para crear una plataforma que aglutine ideas transversales, inspirada en el ejemplo de otros países europeos

Foto: Sahra Wagenknecht, líder del partido La Izquierda, durante un mítin electoral en Berlín, en septiembre de 2017. (Reuters)
Sahra Wagenknecht, líder del partido La Izquierda, durante un mítin electoral en Berlín, en septiembre de 2017. (Reuters)

Un movimiento de izquierdas. Después de más de doce años de reinado de Angela Merkel en Alemania, varios líderes políticos alemanes están tratando de revolucionar su flanco ideológico para desbancar del gobierno a los conservadores. La fórmula -no exenta de polémica- es sobrepasar las tradicionales líneas de los partidos y lograr un movimiento transversal en torno a una agenda común. No es una sopa de siglas ni un nuevo partido. Es un colectivo aglomerador, suprapartidista. Entre sus referentes europeos destacan la Francia Insumisa y Podemos.

Según los últimas encuestas, el bloque conservador de Merkel obtendría en unas elecciones algo más del 30 por ciento de los votos, manteniendo -pese a todos los reveses y a la reciente crisis de gobierno- la primera posición en las urnas. Le seguirían el Partido Socialdemócrata (SPD), con entre el 17 y el 18 por ciento, y los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD), con el 15 por ciento (aunque algunos sondeos invierten estas dos posiciones). Algo más abajo se encontrarían Los Verdes (12 %), La Izquierda (10-11 %) y el Partido Liberal (9 %).

Los resultados demoscópicos son desalentadores para la izquierda alemana. Desde hace tiempo. Los resultados electorales de septiembre del año pasado no fueron muy diferentes a estas últimas fotos fijas. Los cambios, de hecho, han sido escasos desde finales de 2015, en el momento álgido de la crisis de los refugiados, el leit motiv polarizante de la política alemana en los últimos años. Y eso que Merkel no está atravesando su mejor momento político, contestada desde sus propias filas.

Para poner fin a este statu quo, el histórico izquierdista Oskar Lafontaine, exministro de Finanzas, expresidente del SPD y fundador de La Izquierda, ha propuesto fundar un movimiento de izquierdas. Le denominan #fairLand, país justo. Una fórmula más allá de las siglas que logre una mayoría parlamentaria para la izquierda del centro. Él, pese a estar retirado ya a sus 74 años de la primera línea de la política, y Sahra Wagenknecht, la jefa del grupo parlamentario de La Izquierda, han abogado por conformar un vehículo político que atraiga a los actuales votantes de La Izquierda y a la gran mayoría de simpatizantes del SPD y Los Verdes. Así, creen, podrían alcanzar la Cancillería.

Oskar Lafontaine, en marzo de 2017. (Reuters)
Oskar Lafontaine, en marzo de 2017. (Reuters)

Una agenda mayoritaria

De lo que están convencidos es de que hay una serie de ideas fuerza en torno a las que sí que hay un gran acuerdo social. Lo que sucede, argumentan en un borrador sobre las claves del movimiento que ha obtenido el semanario Der Spiegel, es que esta mayoría no tiene un fiel reflejo ni en el ecosistema de partidos ni en el Bundestag. "Hay una mayoría en la sociedad para una política distinta: para el desarme, las subidas salariales, la mejora de las pensiones, los impuestos justos y para más seguridad. Pero no hay una coalición de partidos mayoritaria y capaz que defienda esta política", denuncia el texto.

Fabio de Masi, diputado de La Izquierda, abunda en esta idea en una entrevista en la emisora pública Deutschlandfunk. "Un movimiento unitario es necesario porque hay mayorías en la ciudadanía a favor de la justicia fiscal, de las inversiones públicas, del ordenamiento del mercado laboral y de la política de la paz y la distensión, pero no hay esas mayorías en el Bundestag o en los partidos", argumenta De Masi. Lafontaine explica en su perfil de Facebook que sólo un vuelco de la actual panorama partidista puede traer el cambio. "Queremos salarios más altos, mejores beneficios sociales y una política exterior pacífica. Para eso necesitamos una mayoría en el Bundestag. Quien crea que los denominados partidos de izquierdas se encuentran en disposición de alcanzar estos objetivos en la actual constelación en un futuro cercano se equivoca de plano", asegura.

Los promotores ha mirado a sus vecinos europeos en busca de inspiración. En el borrador sobre las claves del movimiento, sus autores destacan que en otros países "a partir del hundimiento de los partidos establecidos han surgido nuevos movimientos", que han cambiado la política. Se refieren a las transformaciones en el sistema de partidos que se han dado en España y Francia, principalmente, a raíz de la crisis económica. Al surgimiento de Podemos, con sus confluencias regionales y sus alianzas para las municipales. Y al proyecto amalgamador de Jean-Luc Mélenchon en Francia, que ha revolucionado la izquierda gala tras el estrepitoso hundimiento en la irrelevancia del Partido Socialista. "Queremos con el proyecto #fairLand iniciar también un nuevo movimiento unitario en Alemania", concluye el texto.

No es la primera vez que, de una u otra forma, se tantea esta opción. Durante la pasada legislatura, parlamentarios del SPD, La Izquierda y Los Verdes celebraron varios encuentros para explorar la posibilidad de formar un tripartito de izquierdas tras las elecciones del pasado septiembre. Era un frente anti-Merkel. Al primer encuentro llegó a acudir el entonces vicecanciller y ministro de Economía, el socialdemócrata Sigmar Gabriel. Pero la cosa no cuajó, en parte porque las encuestas no acompañaban.

Bandera con el logo del partido La Izquierda durante un mitin en Dortmund, en 2010. (Reuters)
Bandera con el logo del partido La Izquierda durante un mitin en Dortmund, en 2010. (Reuters)

Escollos políticos y humanos

No obstante, las dificultades van mucho más allá de las sumas de porcentajes, como explicaba el parlamentario verde Markus Tressel: "Un movimiento unitario es extremadamente complejo porque hay que reunir distintos y direcciones, así como culturas políticas diferentes para lograr realmente un éxito sostenible". El SPD y Los Verdes han gobernado ya a nivel nacional en Alemania. Pero al SPD y a La Izquierda les separa un mundo. Ideológicamente y personalmente. Quizá en parte por las heridas nunca del todo restañadas de la fundación de La Izquierda en 2007 por la fusión del PDS, una formación de políticos postcomunistas provenientes de la extinta República Democrática Alemania (RDA) con una escisión izquierdista del SPD encabeza por Lafontaine. El mismo que ahora habla de unidad.

Desde entonces y hasta la pasada legislatura los socialdemócratas habían tachado a La Izquierda "incapacitada para el gobierno" federal, alegando que no se podía trabajar con ellos porque abogaban por salirse de la OTAN, tomar políticamente el Banco Central Europeo (BCE), y transformar la UE. El propio Lafontaine reconoce que no es fácil. "El SPD marcha en la gran coalición hacia el 15 por ciento en las encuestas, Los Verdes cortejan a Angela Merkel y La Izquierda se enreda en innecesarias guerras de trincheras", lamenta.

Lafontaine y Wagenknecht quieren que "grandes personalidades" apadrinen el proyecto, figuras que "devuelvan la esperanza de que algo se mueve". Pero la iniciativa genera una gran controversia y más divisiones que adhesionens. En parte por el rechazo que generan en algunos círculos de la propia izquierda política sus dos promotores. Él, responsable de la fractura histórica del SPD. Ella, que está polarizando a La Izquierda con un discurso en inmigración muy distinto al de sus compañeros, al repetir que Alemania no puede acoger a todos los peticionarios de asilo.

Pese a las tensiones, algunos políticos les han mostrado sus simpatías. Entre ellos destaca el histórico dirigente socialdemócrata Rudolf Dressler, que ha hecho público su apoyo a la causa. "Sólo con mi partido ya no es posible una política distinta, de izquierdas. No me basta lo que hay, por eso apoyo a Wagenknecht y Lafontaine", afirmó este político próximo al sindicalismo. Pero entre quienes rechazan esta propuesta se encuentran algunos a los que en teoría iba dirigida. Como el presidente de las Juventudes Socialdemócratas, Kevin Kühnert, uno de los críticos más articulados dentro del SPD a la actual gran coalición con los conservadores de Merkel. A él le invitaron expresamente a unirse. Pero lo rechazó de plano. "Defender en cada tema la posición que genera más aplausos no es de izquierdas sino populismo no político", criticó.

Otra crítica frecuente a la propuesta de movimiento unitario va a la raíz de la cuestión. Su gestación. Muchos detractores, como el eurodiputado del SPD Lo Leinen, creen que una iniciativa así "no puede organizarse de arriba abajo". "Debe conformarse desde abajo, en torno a grandes temas, e irse ensanchando. Y no veo en estos momentos la atmósfera necesaria en Alemania para esto", argumenta.

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