¿SALVARÁ EL GOBIERNO? REUNIÓN CLAVE ESTA TARDE

Merkel, ante su mayor crisis: ¿hasta dónde puede llegar su desafío con la inmigración?

La mayor crisis de Gobierno de la era Merkel podría acabar en la dimisión del ministro de Interior o en la caída del Ejecutivo. La reunión de hoy es la última oportunidad de firmar una tregua

Foto: La canciller alemana, Angela Merkel (c), líder de la Union Cristianodemócrata (CDU), sale de una reunión de la Ejecutiva en la sede de la CDU en Berlín. (EFE)
La canciller alemana, Angela Merkel (c), líder de la Union Cristianodemócrata (CDU), sale de una reunión de la Ejecutiva en la sede de la CDU en Berlín. (EFE)

La mayor crisis de Gobierno de la era Merkel está entrando en sus compases finales. Tras semanas de creciente desafío de los conservadores bávaros a la canciller, este domingo la confrontación entró en fase terminal, sin salidas políticas fáciles. Las opciones sobre la mesa van desde el cierre en falso de la disputa con una dimisión a la caída del Ejecutivo de la principal líder europea. Esta misma tarde, una reunión de los principales actores en este drama tratará de arrojar algo de luz.

La bávara Unión Socialcristiana (CSU), aliada con la Unión Cristianodemócrata de Merkel desde hace siete décadas, fijó el ultimátum para este domingo. Para entonces, la canciller tenía que haber encontrado su tantas veces repetida "solución europea" para evitar la llegada a las fronteras alemanas —principalmente a la bávara— de migrantes ya registrados en otros países europeos. Si no, el presidente de la CSU, Horst Seehofer, también ministro de Interior en el Gobierno alemán, ordenaría el cierre de las fronteras de forma unilateral.

Era todo un órdago. Un desafío en toda regla con un tema especialmente sensible en Alemania después de la llegada de más de 1,3 millones de refugiados desde 2015. Seehofer se vio con fuerzas para retar a la canciller, con quien mantiene una mala relación personal. Pensó que Merkel cedería tras haber perdido gran parte de su aura en los últimos meses por su gestión de la crisis migratoria y por las recientes dificultades para formar Gobierno.

Pero la canciller, flexible y dispuesta al compromiso en muchos ámbitos, es terca en ciertos pilares básicos de su política. Como en la cuestión del déficit cero o en la importancia de preservar la unidad europea (evidente en la crisis griega o el Brexit). Ella siempre ha primado la actuación unitaria en la gestión de la migración a la efectividad, pese a los malos réditos que eso le ha generado en casa.

No obstante, Merkel se comprometió ante Seehofer a volver a Europa y lograr avances en este asunto. Y en la cumbre europea de la semana pasada logró acuerdos. Limitados, inconcretos y controvertidos, sí. Pero mucho más de lo que se había estimado 'a priori' que podría conseguir en una UE donde cada vez tiene más fuerza el eje antiinmigración de Italia, Austria y Hungría. Logró que los Veintiocho acordasen luchar contra los movimientos de migrantes dentro del bloque —la denominada "inmigración secundaria"—, firmó un acuerdo al respecto con España y Grecia y llegó a compromisos verbales con una docena larga de socios más.

Merkel volvió a Berlín no eufórica, pero sí firme, convencida de que tenía una buena baza en la mano. En una entrevista en la televisión pública ZDF, aseguró que los acuerdos alcanzados en Bruselas tenían "efectos equivalentes" al cierre fronterizo propuesto por la CSU y, además, el valor de ser una decisión consensuada por los Veintiocho. "En suma, todo lo que hemos acordado tiene efectos equivalentes, esta es mi impresión personal", dijo la canciller. "Europa es lenta y no estamos donde queremos estar. Debemos aún trabajar mucho. Y tras esta cumbre, el tema no está ni mucho menos resuelto. Eso lo sabemos todos", reconoció sin embargo.

La pugna es tan intensa que la CSU tampoco puede decir ahora que lo alcanzado por Merkel es suficiente. La sangría de capital político sería enorme

Pero para entonces la CSU había llevado al límite su estrategia. Cualquier marcha atrás resultaba demasiado costosa en términos políticos. Especialmente para su presidente. Seehofer se reunió ayer tarde con la cúpula de su partido para buscar una salida. Argumentó que lo conseguido por Merkel en Bruselas era "insuficiente". Amenazó con dimitir de todos sus cargos. Pero la unidad que había demostrado hasta entonces la formación empezó a resquebrajarse. Habían conseguido poner a la canciller contra la pared. Habían logrado movimiento en Europa en una cuestión que, como se dice en Alemania, les escocía bajo las uñas. ¿Hasta dónde pretende llegar Seehofer?

Todos en aquella reunión de ayer, que tras ocho horas se cerró pasada la una de la madrugada, eran conscientes de que si Seehofer ejecutaba su amenaza de cerrar las fronteras, la CSU cruzaba una de las pocas líneas rojas de Merkel. La canciller, a la que compete definir las líneas principales del Gobierno alemán, no tendría más remedio que cesar a Seehofer y revertir la medida. Y entonces la CSU tendría que abandonar el Ejecutivo en Berlín, romper su histórica alianza con la CDU —similar a la que mantuvieron el PP y la navarra UPN, aunque el peso de los bávaros en el Bundestag es mucho mayor— y dejar al Gobierno en minoría.

Horst Seehofer, líder de la CSU, abandona la reunión de su partido, en Múnich. (EFE)
Horst Seehofer, líder de la CSU, abandona la reunión de su partido, en Múnich. (EFE)

Excesivamente arriesgado a nivel político. Porque los alemanes valoran especialmente la estabilidad y la predictibilidad, especialmente el electorado conservador. ¿Entonces? La pugna ha llegado a tal intensidad que la CSU tampoco puede ahora decir que lo alcanzado por Merkel es suficiente y seguir adelante como si nada hubiera pasado. La sangría de capital político sería enorme, especialmente teniendo en cuenta que el próximo 14 de octubre hay elecciones en Baviera.

Y de aquellos comicios —de la incertidumbre que suscitan entre la CSU— surgen estos lodos. Porque los conservadores bávaros están aterrados ante la posibilidad de perder la mayoría absoluta que tradicionalmente han ostentado en este Land desde los años cincuenta del siglo pasado. Para ellos, quedar por debajo del 40% en las urnas es una catástrofe, y las últimas encuestas apuntan en esa dirección. Según un estudio de Insa publicado este domingo, la CSU obtendría el 37% de los votos (cuando en las elecciones de 2013 rozó el 48%).

La clave es la aparición de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Las encuestas la sitúan como segunda fuerza política en este Land tradicionalmente conservador y católico, con un 16% de los sufragios, por delante de socialdemócratas (14%), verdes (13%), liberales (7%) y La Izquierda (5%). De cumplirse estos resultados, la CSU tendría que pactar para llegar al Gobierno. La CSU, que siempre había apostado por ser el partido legal más a la derecha del espectro ideológico, se ha visto desbordada ante esta competencia en su caladero ideológico.

La reunión de este lunes entre Merkel y Seehofer es la última oportunidad de firmar una tregua. Aunque no será fácil. Merkel no va a ceder en su apuesta por una "solución europea". ¿Qué va a hacer entonces Seehofer, quien ha dicho que "no puede trabajar más" con la canciller? Si no cede, podría hacer caer al Gobierno (algo que pasaría factura en las urnas a su partido). En todo caso, haría que su partido perdiese todo poder de decisión en Berlín. Y si cede, su carrera política estará acabada. Porque esto ya ha entrado en el terreno personal. Merkel no llorará su pérdida. Tampoco muchos dentro de la propia CSU, como el presidente de Baviera y principal rival de Seehofer dentro del partido, Markus Söder, que entre bambalinas está tratando en esta crisis de matar dos pájaros de un tiro. Es probable que se acabe cobrando a Seehofer. Pero Merkel se lo pondrá más difícil.

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