pacto migratorio con su ministro del interior

Merkel desactiva la mayor crisis en sus 12 años en la Cancillería

Creará un "nuevo régimen fronterizo" entre Alemania y Austria con "centros de tránsito" desde donde será posible rechazar el ingreso de solicitantes de asilo cuya petición "sean otros países de la UE"

Foto: La canciller Angela Merkel y el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer. (Reuters)
La canciller Angela Merkel y el ministro de Interior alemán, Horst Seehofer. (Reuters)

Angela Merkel acaba de lograr superar otra crisis. La canciller ha llegado 'in extremis' a un acuerdo con su ministro de Interior, Horst Seehofer, presidente de los conservadores bávaros, para desactivar el conflicto que mantenían por la gestión de la migración y que amenazaba con tumbar al Gobierno en la peor tormenta política de los 12 años de Merkel al frente de Alemania. Queda por ver ahora cuánto dura la tregua entre estos dos enemigos íntimos.

"Hemos alcanzado un acuerdo", aseguró Seehofer sobre las 22:30 de la noche de este lunes, tras una maratoniana jornada de reuniones para tratar que la alianza entre su Unión Socialcristiana (CSU) y la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel no saltase por los aires poniendo fin a siete décadas de una alianza similar a la que el PP y la navarra UPN mantuvieron en España, aunque el peso de los bávaros es muchísimo mayor. En un momento dado, ha tenido que mediar entre ambos líderes el presidente del Bundestag, Wolfgang Schäuble, miembro de la CDU pero muy respetado entre los círculos conservadores de la CSU.

Merkel, por su parte, ha hablado de un "compromiso realmente bueno" tras una "dura lucha". Por este acuerdo, argumentó, "se garantiza exactamente el espíritu de cooperación europeo y, a la vez, se da un paso decidido para ordenar y guiar la migración secundaria". "Esto era exactamente lo que era y es importante para mí", apostilló la canciller, que ha dedicado todas las horas de los últimos tres días a apagar este fuego que podría haber acabado dejando su Gobierno en minoría.

El acuerdo alcanzado por Merkel y Seehofer incluye la creación de un "nuevo régimen fronterizo" en la divisoria entre Alemania y Austria, esto es, en lo concerniente a Baviera, ha informado la CSU. Este sistema deberá asegurar "que no entren [en el país] los peticionarios de asilo de cuya demanda sea responsable otro país de la UE". Aquí se ha impuesto Seehofer, que había centrado últimamente su batalla en la denominada "migración secundaria", esto es, en los flujos de inmigrantes dentro del bloque comunitario.

Además, se instalarán "centros de tránsito" junto a la frontera. Desde allí, los peticionarios de asilo que hayan sido previamente registrados en otro país europeo serán devueltos a ese país, en cumplimiento del Acuerdo de Dublín. No obstante, y como quería Merkel, estas devoluciones se harán siempre de manera acordada, en base a acuerdos bilaterales con los socios europeos. En caso de que no se pueda devolver a algún inmigrante al país europeo competente (por falta de acuerdo bilateral), añade el acuerdo, se le devolverá a Austria "en base a un acuerdo" con el Gobierno de Viena.

Este sistema deberá asegurar "que no entren [en el país] los peticionarios de asilo de cuya demanda sea responsable otro país de la UE"

Parece que finalmente han conseguido cuadrar las posiciones básicas de uno y otro. La "solución europea" que defendía Merkel y la dureza contra la migración secundaria que exigía Seehofer. En consecuencia, no caerá el Gobierno de la canciller y el bávaro podrá permanecer como ministro, pese a que amenazó ayer con dimitir de todos sus cargos.

Pero es pronto todavía para cantar victoria. Porque en esta componenda el Partido Socialdemócrata (SPD), el tercer partido en la coalición de gobierno, se ha llevado un golpe difícil de asimilar. Ellos ya se opusieron en 2015 a la puesta en marcha de esos "centros de tránsito", por considerarlos una especie de campos de concentración de extranjeros. Heiko Maas, entonces ministro de Justicia y ahora titular de Exteriores, dijo que serían "zonas de detención", "campos de detención masivos en tierra de nadie", una propuesta, en definitiva, "inaplicable". Pero ahora van a tener complicado oponerse. Porque sería reabrir la crisis cuando entra en vías de solución. Y porque la consecuencia sería, tras la caída del Gobierno, la convocatoria de unas elecciones generales anticipadas que no les convienen en absoluto en su actual estado de postración demoscópica. Aunque quizá se planten, para evitar más clareos en su ya ralo electorado.

Además, queda por ver cuánto aguanta esta tregua recién firmada entre Merkel y Seehofer. Dos líderes que se necesitan, pero que no se entienden ni en lo ideológico ni en lo personal. Los expertos cuentan con que, por cualquier otro tema, las fricciones vuelvan a surgir más pronto que tarde. El momento clave en todo esto es el de las elecciones del 14 de octubre en Baviera.

La CSU está aterrada con estos comicios, ante la perspectiva de perder la mayoría absoluta que actualmente ostenta (y que es casi la norma en este Land desde los años cincuenta del siglo pasado). Para ellos, quedar por debajo del 40% en las urnas es una catástrofe, y las últimas encuestas apuntan en esa dirección. Según un estudio de Insa publicado este domingo, la CSU obtendría el 37% de los votos (cuando en las elecciones de 2013 rozó el 48%).

La última pieza en este rompecabezas es la aparición de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), sin la que no se entendería todo este embrollo. Las encuestas la sitúan como segunda fuerza política en este Land tradicionalmente conservador y católico, con un 16% de los sufragios. En sus primeras elecciones en Baviera, quedarían por delante de los socialdemócratas (14%), los verdes (13%), los liberales (7%) y La Izquierda (5%). De cumplirse estos pronósticos, la CSU tendría que pactar para llegar al Gobierno y rodarían cabezas por los malos datos (y Seehofer es uno de los primeros candidatos a perderla). La CSU, que siempre había apostado por ser el partido legal más a la derecha del espectro ideológico, se ha visto desbordada ante esta competencia en su caladero ideológico.

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