SU ÚNICO DESEO ERA MORIR ALLÍ

El anciano japonés expulsado de la isla desierta donde vivía desde hace 30 años

Llevaba 30 viviendo en una isla desierta, pero ya no podrá cumplir su deseo de morir allí. Las autoridades le obligaron a marcharse y ahora no le permiten regresar. Esta es su historia

Foto: Masafumi Nagasaki, quien ha vivido durante 29 años en la isla desierta de Sotobanari. (Docastaway)
Masafumi Nagasaki, quien ha vivido durante 29 años en la isla desierta de Sotobanari. (Docastaway)

Llevaba casi 30 de sus 82 años viviendo completamente solo en una isla desierta, pero Masafumi Nagasaki ya no podrá cumplir su deseo de morir en Sotobanari, en el archipiélago de Yaeyama, al sur de Japón. Las autoridades le obligaron a abandonar la isla en abril y ahora no le permiten regresar.

Nagasaki dejó atrás la civilización en 1989 para alejarse todo lo posible “del dinero y la religión” - causas, según él, de los males del mundo- y vivir como un náufrago en esa isla japonesa de un kilómetro de ancho a la que ni siquiera acuden los pescadores de la zona. Terminaría convirtiéndose en el robinsón que ha pasado más tiempo aislado por voluntad propia.

Después de que una persona alertase a las autoridades de que había encontrado en Sotobanari a un hombre de apariencia “débil”, la policía obligó a Nagasaki a abandonar la isla y le trasladó a un hospital. Ahora vive en una casa en la ciudad de Ishigaki, a 60 kilómetros del archipiélago que ha sido su hogar durante tres décadas y al que las autoridades le impiden regresar.

Fue un español quien descubrió hace años a Nagasaki viviendo desnudo y en absoluta soledad en Sotobanari: Álvaro Cerezo, un malagueño que dirige Docastaway, una especie de agencia de viajes para personas que quieren experimentar el aislamiento más extremo, los últimos náufragos del mundo. Su pasión es dar a conocer al mundo a personas que decidieron abandonar la civilización para siempre para vivir solos en una isla desierta.

La historia de Nagasaki salió a la luz por primera vez en 2012. El anciano, que había trabajado en la industria del entretenimiento antes de huir de la civilización, se asentó a principios de los 90 en la pequeña isla de la prefectura de Okinawa, rodeada de corrientes tan peligrosas que los pescadores locales raramente se acercan a ella. El anciano viajaba de vez en cuando a una isla cercana para conseguir agua potable y los pasteles de arroz que usaba como base de su alimentación.

“No hago lo que me dice la sociedad, pero sí sigo las reglas de la naturaleza. No puedes derrotarla así que debes obedecerla en todo. Eso es lo que aprendí cuando llegué a este lugar, y probablemente por eso me ha ido tan bien”, explicaba Nagasaki en el vídeo que grabó Álvaro Cerezo. “Encontrar un lugar en el que morir es algo importante, y yo he decidido que este es mi lugar. Morir aquí, rodeado de naturaleza, ¿puede haber algo mejor”, añadía. El Gobierno japonés ha decidido negarle su último deseo.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios