está en juego un cambio de sistema en turquía

Acercamiento a Europa, expulsión de refugiados... ¿qué pasará si pierde Erdogan?

Turquía vive desde hace dos años en un semipermanente estado de excepción; un régimen que ha erosionado derechos y ha permitido el arresto de 160.000 personas. Hoy se juega su futuro

Foto: Simpatizantes del presidente Erdogan durante un mitin electoral en Estambul, el 22 de junio de 2018. (Reuters)
Simpatizantes del presidente Erdogan durante un mitin electoral en Estambul, el 22 de junio de 2018. (Reuters)

Turquía vive, desde hace dos años, en un semipermanente estado de excepción; un tipo de régimen que ha erosionado derechos y libertades y que ha permitido el arresto de más de 160.000 personas, el despido de más 150.000, el cierre de más de 1.000 centros educativos, 15 universidades, 174 medios y casi 1.500 asociaciones; un mecanismo que ha dotado al presidente Recep Tayyip Erdogan de poderes legislativos que se han traducido en 31 decretos de ley; un tipo de sistema de emergencia bajo el que se ha reformado, por referéndum, la Constitución y se ha dirigido al país hacia una nuevo destino.

Este domingo, 56 millones de votantes acuden a las urnas para elegir a su presidente y la composición de su parlamento. El candidato favorito es Erdogan y su coalición —La Alianza de la República— en las legislativas. Le sigue el líder socialdemócrata Muharrem Ince, cuyo partido CHP concurre en alianza con otras formaciones opositoras en La alianza de la Nación. Pero la victoria de quien ha gobernado el país durante casi 16 años no está asegurada. Si no supera el 50% de los votos, tendrá lugar una segunda vuelta. Otra cita electoral que sí podría poner a Erdogan contra las cuerdas ya que su rival reuniría todo el apoyo opositor.

Pero la cita de este domingo no solo decide sobre el gobierno —esta vez escogido por el presidente y no por la asamblea— o sobre el parlamento. También está en juego un cambio de sistema, del clásico parlamentarismo a una presidencia ejecutiva propuesta por Erdogan. Un nuevo tipo de administración que concentra el poder en una sola persona, quien escoge los miembros de su gobierno, más de la mitad de la entidad suprema de la justicia, que elimina la figura del primer ministro, que puede gobernar por decreto y no ser sometido a una moción de censura. Si Erdogan sale victorioso en estas elecciones, Turquía instaurará una nueva gestión del Estado que será muy difícil revertir.

Imagen de un seguidor de Erdogan durante la campaña electoral. (EFE)
Imagen de un seguidor de Erdogan durante la campaña electoral. (EFE)

¿Desactivar el presidencialismo de Erdogan?

Todos los candidatos políticos, incluido el actual presidente, se han comprometido a abolir el estado de emergencia inmediatamente después de las elecciones. "No tiene ninguna consecuencia en la campaña electoral", ha insistido Erdogan, pero el estado de excepción sí restringe la capacidad de reunión o las manifestaciones. Los dos principales adversarios, Muharrem Ince y Meral Aksener, también han sido contundentes al respecto. "Lo derogaremos en 48 horas", revela a El Confidencial Ozturk Yilmaz, el vicepresidente de la principal formación opositora, el CHP. "Esta herramienta ha sido utilizada por el gobierno para crear un sistema dictatorial", apunta Osman Erturk Ozel, del comité fundador del Iyi Parti, segundo en las encuestas.

En estos días de intensa campaña, el CHP y el Iyi Parti han preparado una hoja de ruta para "devolver al país a un sistema parlamentario democrático", señala Erturk. "Para volver a la separación de poderes sin perder tiempo en el período legislativo", reza el manifiesto. Un programa "que durará dos años" en el que "se celebrará un referéndum para volver a preguntar a los ciudadanos si quieren regresar al sistema parlamentario", revela uno de los fundadores de Iyi Parti. En abril del año pasado, Turquía celebró una consulta popular para reformar 18 artículos constitucionales y así introducir el sistema presidencialista de Erdogan.

"En cuanto eliminemos el estado de emergencia los procesos judiciales se revisarán. Ahora es imposible apelar o readmitir a los trabajadores despedidos", recuerda Yilmaz, para referirse a la obstrucción de los tribunales sobre los despidos y arrestos posteriores al alzamiento militar. "La justicia está bajo una enorme presión", asegura Erturk, abogado de profesión, "hay una presión directa de los miembros del Gobierno, sobretodo en los casos de FETO (la organización de Fethullah Gülen). Por ello los jueces y fiscales no se atreven a abandonar los casos y sienten cierta coacción". La justicia es un asunto que preocupa al 11,98% de los encuestados por la firma Gezici y fue el catalizador de la primera protesta organizada tras el golpe fallido en 'La marcha por la Justicia', un acto de protesta por el entonces líder de la oposición Kemal Kiliçdaroglu.

Votantes de Erdogan durante un acto de campaña en Estambul, el 22 de junio de 2018. (Reuters)
Votantes de Erdogan durante un acto de campaña en Estambul, el 22 de junio de 2018. (Reuters)

La gran preocupación: la Economía

La nueva constitución (2,47%), la libertad de expresión (9,03%) o la falta de justicia no son los asuntos que más inquietan a la sociedad de Turquía, cuya preocupación prevalece en la dura situación actual de la economía. Así lo expresaron el 53,20% de los encuestados por Gezici; o el desempleo, con el 31,76% de las respuestas. La mala gestión del ejecutivo de Erdogan también se percibe como uno de los principales problemas del país con el 34,47% del total (corrupción, educación y política exterior).

"Voy a prepararos una receta", entonó Ince en un acto de campaña en la ciudad de Trabzon, "tomad 2 tazas de judías chinas, 2 cucharadas de aceite tunecino, 1 cebolla iraní, crustáceos ucranianos, 3 tazas de peras americanas y lo cocináis con gas ruso". Este fue el caso práctico expuesto por el candidato para destacar el abandono que ha sufrido el sector agrícola en Turquía que goza de un mercado dominado por la importación. Una industria que representa el 8% de su economía y el 25% de la contratación. "El precio del diésel para los vehículos agrícolas es demasiado alto, vamos a bajarlo a 3 liras turcas", afirma a El Confidencial Selina Dogan, parlamentaria del CHP, "y también potenciaremos los créditos para los agricultores".

Además del desarrollo en el sector agrícola, sobre el que Ince ha incidido en sus jornadas de campaña, este también se ha expresado sobre uno de los asuntos que más afecta al bolsillo de los turcos: la imparable inflación. Un valor que ha alcanzado el 12,15% en mayo y que está afectado por las políticas populistas del gobierno, que persiguen bajar las tasas de interés. El CHP asegura que mantendrá la independencia del Banco Central, algo que ha sido puesto en duda durante el mandato de Erdogan, y logrará reducir la inflación al 5%. Este candidato apoya una economía basada en la industria y para ello apoyan el plan de Industria 4.0, basado en sistemas ciber físicos inteligentes, y que es promovida por la asociación de industria y negocio del país —TUSIAD—. En contraste con la filosofía productiva de permanente obra de construcción del actual gabinete (el tercer aeropuerto de Estambul, el Canal de Estambul, el tercer puente del Bósforo).

"Echaremos a todos los refugiados"

El AKP ha anunciado la eliminación de varios Ministerios si resulta reelegido, uno de ellos será el Ministerio para los Asuntos de la Unión Europea, una cartera que se creó en el año 2011. En la siguiente legislatura sería el Ministerio de Asuntos Exteriores el que adoptaría la tarea del proceso de adhesión, un proceso que se encuentra en su peor momento. La amplia definición de terrorismo en la legislación turca, así como la crisis de Chipre son los principales escollos. Algo que podría mejorar si el CHP se hace con el poder, "ajustaremos el termino de terrorismo de acuerdo con los estándares de los tribunales europeos", mantiene Selina Dogan, miembro del comité parlamentario de armonización con la UE. Además, "Ince iniciará un tour a Europa inmediatamente después de ser elegido", asegura.

La intervención del ejército turco en el norte de Siria desde el verano de 2016, y que ha establecido posiciones militares en el área entre Jarábulus y al Bab -donde también hay en marcha un proyecto turco para la educación y la sanidad-, en Idlib, Afrin y Manbij, no tiene visos de cambiar. “Mientras sigamos preocupados por nuestra seguridad -por la presencia de la milicia kurdosiria YPG-, nuestras tropas permanecerán”, asegura Yilmaz. Sin embargo, Muharrem Ince podría adoptar una nueva estrategia en las relaciones con Bashar al Asad. “Para Erdogan es un obstáculo, para nosotros no. Él es un socio con el que podríamos trabajar y resolver definitivamente la crisis de Siria”, asegura Yilmaz.

Un proceso de pacificación urgente para ambos partidos -CHP e Iyi Parti- en aras a resolver otro de los grandes ejes del malestar nacional: los refugiados sirios. Más de 3 millones viven en Turquía sin el estatus de refugiado -el país sólo reconoce la Convención de Ginebra para los ciudadanos europeos- pero cuentan con una serie de servicios en educación y sanidad financiados por el estado. El plan nacional de apoyo a los sirios ha costado al país cerca de 30.200 millones de dólares desde el año 2011. “Nuestro objetivo es que en el Ramadán del año que viene todos los sirios estén de vuelta en su país después de un tratado de paz”, mantiene Erturk de Iyi Parti, la formación nacionalista consevadora, “si no han obtenido la nacionalidad -cerca de unos 30.000 en la actualidad- y en Siria ha terminado la guerra, todos deberán volver a su país”, sentencia Erturk.

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