Con las iraníes (y su particular #metoo) en rusia

Esta no es una información de fútbol y tías buenas

Acompañamos a aficionadas iraníes en los estadios de Rusia. Allí despliegan su particular #MeToo. Las iraníes tienen vetado el acceso a los estadios, uno de los símbolos de la falta de libertades

Foto: Una aficionada iraní, en el estadio San Petersburgo antes del partido entre Marruecos e Irán, el 15 de junio de 2018. (Reuters)
Una aficionada iraní, en el estadio San Petersburgo antes del partido entre Marruecos e Irán, el 15 de junio de 2018. (Reuters)

Sadiya es una mujer iraní que todavía no ha cumplido los 30 años. Es una ferviente aficionada al fútbol y estará el próximo miércoles en Kazan animando a Irán en el partido que el ‘Team Melli’ disputa frente a España. Pese a conocerse de arriba abajo la alineación española, valorar con exactitud los desajustes defensivos que cometió su selección frente a Marruecos y pasear ataviada con todo el kit oficial del hincha (bandera, pulseras con los colores nacionales y una pequeña pandereta), se podría decir que Sadiya hizo su debut oficial en San Petersburgo como fan en el interior de un estadio de fútbol. “Espero que en Irán pronto las mujeres podamos asistir a los estadios”, dice con cierta reserva, incómoda por la pregunta, “pero al menos ya sé lo que se siente al celebrar un gol de tu selección en un Mundial. Eso no lo voy a olvidar nunca”.

Una historia paralela es la de Amina. “Le dije a mi marido que me imaginaba el ruido del interior de un estadio como una tormenta —el hombre asiente hierático—, y la verdad es que fue casi mucho más que eso. Pocas veces he sentido una explosión semejante de alegría”. Sin embargo, las mujeres que se han quedado en Irán no han podido experimentar lo mismo. Mientras Sadiya, Amina y otras muchas disfrutaban en directo del partido en el estadio Krestovski de San Petersburgo, las autoridades iraníes declinaban nuevamente la petición de las asociaciones proderechos de la mujer, que reclamaban que el público femenino pudiera estar en el estadio nacional, donde se instalaron pantallas gigantes para que los espectadores (solo hombres) pudieran disfrutar de la victoria de Irán frente a Marruecos.

Esta no es una información de fútbol y tías buenas

Es una vieja historia ya. Desde la Revolución Islámica de 1979, las mujeres tienen vetado el acceso a los estadios, y esta situación se está convirtiendo en uno de los grandes símbolos de la falta de libertades en Irán. Las autoridades aseguran que es una medida dirigida a proteger a las propias mujeres y las normas musulmanas. “El ambiente no es el más apropiado para las mujeres, por los uniformes sugerentes, el sudor de los aficionados y el lenguaje inapropiado que se usa en los estadios”, asegura el discurso oficial del país.

Sin embargo, la historia tiene un enorme calado en la sociedad iraní. Las asociaciones activistas y enormes secciones de la sociedad consideran que el vacío de presencia femenina en los estadios es la metáfora que muestra el vacío de su presencia en muchos sectores de la vida pública. La controversia se hizo todavía más potente en abril, cuando un grupo de activistas se atrevieron a pintarse mostachos para poder ver el gran derbi del país, que enfrentaba al Persépolis y al Sepidrood en el Estadio Azadi —que, curiosamente, significa 'libertad'— de Teherán. La realidad emulando a la ficción en este caso, ya que en 2006 el director iraní Jafar Panahi produjo 'Offside', una aclamada película prohibida en Irán, que narra precisamente la épica odisea de una chica que quiere ver a su equipo y tiene que disfrazarse de hombre.

Una pancarta en el Estadio San Petersburgo durante el partido entre Irán y Marruecos. (Reuters)
Una pancarta en el Estadio San Petersburgo durante el partido entre Irán y Marruecos. (Reuters)

La historia de las aficionadas del Azadi tuvo un enorme impacto internacional y las redes sociales prendieron la mecha de un debate que “avergüenza” a muchos sectores de la sociedad iraní, como reconoce Ahmed, un joven aficionado que también está en Rusia siguiendo los avatares del ‘Team Melli’. “Me siento muy orgulloso de que nuestra nación pueda estar representada en un evento como este, pero no puedo decir que me sienta tan orgulloso de algunas de las medidas que están impuestas en mi país”.

En este sentido, el capítulo más humillante para las iraníes se produjo el pasado mes de septiembre, cuando la selección nacional se jugaba la clasificación frente a Siria. Un grupo de mujeres protestó con fiereza para entrar en el estadio, agitando sus tiques delante de los cuerpos de seguridad. No hubo manera de que pudieran acceder al recinto. Paradójicamente, las aficionadas sirias que acompañaban a la selección rival sí pudieron presenciar el encuentro desde las gradas.

Aficionadas iraníes, durante el partido entre Irán y Marruecos en el estadio San Petersburgo. (Reuters)
Aficionadas iraníes, durante el partido entre Irán y Marruecos en el estadio San Petersburgo. (Reuters)

La metáfora de traspasar un torno

En San Petersburgo, a ninguna mujer iraní le hizo falta disfrazarse de hombre para poder entrar en el estadio Krestovski y animar a su selección en el partido que enfrentó a Irán y Marruecos. Ya fuesen ataviadas con banderas de la República Islámica o pintadas con los colores nacionales (blanco, verde y rojo), las iraníes no solo se unieron a la fiesta global de la Copa del Mundo, sino que celebraron su propia revolución simbólica en la época del #MeToo con el simple gesto de pasar un torno de un estadio para entrar a presenciar un partido de fútbol.

Momentos antes del partido, se filtró que la asociación Open Stadiums, que recibió el pasado mes de marzo uno de los Freedom of Expression Awards y está luchando por abolir esta medida en Irán, estaba intentando desplegar una gran pancarta en el interior del estadio para reivindicar la presencia femenina en los estadios iraníes. Finalmente, esta manifestación no se produjo, aunque sí que se pudieron leer pancartas de pequeño tamaño en favor de la causa. “Hay todavía mucho miedo a las represalias”, aseguraba Mohamed, un iraní que vive en Francia, “estoy seguro de que gran parte de las manifestaciones políticas que ha habido provienen sobre todo de iraníes que no viven en Irán, porque las mujeres que viven allí están muy inquietas ante este asunto, porque saben que pueden tener problemas cuando regresen”.

Necesitamos un impulso que provenga del interior del país. Te guste o no el fútbol, lo importante es poder ser parte de una representación mucho más importante

La polémica se ha enfervorecido más si cabe después de que Arabia Saudí levantara la misma restricción y permitiera a las mujeres del país acceder a los estadios. El pasado otoño, el príncipe saudí Mohammed bin Salman abrió también para el público femenino los tres estadios más importantes del país. En este sentido, el periodista iraní de la BBC Kaveh Meshkat considera que la 'apertura' en Arabia Saudí ha generado en la sociedad iraní —más progresista— una mayor indignación. “Hay una enorme perplejidad en muchas mujeres, se atrevan a expresarlo o no, que se sienten abatidas al darse cuenta de que en este aspecto están incluso por detrás de Arabia Saudí, país que muchas asocian como el más regresivo respecto a los derechos de la mujer”, explica.

Las críticas también han alcanzado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, especialmente por parte de la directora de iniciativas globales de Human Rights Watch, Minky Worden, que lo criticó duramente por no haber condenado con firmeza al presidente iraní, Hassan Rohani, y no hacer más fuerza para levantar el veto: “Me pregunto si al no ser más tajante la posición de la FIFA, el propio Infantino no está reduciendo a las mujeres iranís al estatus de ciudadanas de segunda”.

Necesitamos un impulso que provenga del interior del país”, asegura a El Confidencial una mujer ataviada con velo, gafas de sol y con su hijo de la mano, “te guste o no te guste el fútbol, lo importante es poder ser parte de una representación mucho más importante, y está claro que el fútbol tiene un poder de reunión como no lo tiene nada en la sociedad”.

Aficionados iraníes, durante el partido contra Marruecos, en el estadio San Petersburgo. (Reuters)
Aficionados iraníes, durante el partido contra Marruecos, en el estadio San Petersburgo. (Reuters)

Retirada de un cartel

Sin embargo, hay gestos que invitan a muchas mujeres a la esperanza. Recientemente, ya comenzado el Mundial, las autoridades iraníes retiraron un panel de apoyo a la selección donde un fotomontaje construía la imagen de hombres de diferentes etnias del país dando ánimos a los jugadores nacionales. Las críticas y las protestas florecieron y, finalmente, el póster ha sido sustituido por otro donde jugadores y ciudadanos de ambos sexos forman en fila india, acompañado a los futbolistas del equipo, representando el momento del inicio del partido, cuando todos ellos son traspasados por la emoción del himno.

Es difícil saber si pronto se levantará el veto. Hay miedo por parte de las facciones más integristas a que abra una vía de nuevas reformas

Además, la figura más reconocida de la historia del fútbol iraní, Ali Karimi, ha asegurado que “las situaciones están dadas con la ayuda del presidente Rohaní y la Federación Iraní de Fútbol para que las mujeres puedan ingresar a los estadios”. Kaveh Meshkat considera que manifestaciones como las de Karimi son un catalizador de primer orden para que los hombres también se sientan concernidos por esta problemática y generen más elementos de presión. “Es difícil saber si pronto se levantará el veto”, asegura el periodista, “hay miedo por parte de las facciones más integristas a que una apertura en este sentido abra una vía de nuevas reformas”.

Pese a que todos los aficionados iraníes en Rusia, tanto hombres como mujeres, aseguran, como para quitarse rápidamente la pregunta de encima, que el veto se levantará pronto, la verdad es que la solución no será tan rápida ni tan limpia. Meshkat opina que la solución a medio plazo será permitir la entrada a las mujeres a los estadios de fútbol, pero hacerlo en gradas segregadas, es decir, habilitar asientos únicamente para mujeres. En esa línea trabajó el expresidente Mahmud Ahmadineyad, quien en 2006 levantó el veto alegando que “las mejores tribunas deberían adjudicarse a mujeres y familia en estadios donde se jueguen partidos nacionales importantes”. Sin embargo, clérigos en la cima del poder evitaron que la medida progresara y en un mes fue revocada de nuevo.

En el encuentro entre España e Irán de este miércoles, las aficionadas iraníes volverán a colorear las gradas del estadio de Kazan. Volverán a disfrutar de la tormenta sonora que genera un partido en el Mundial. La verdadera tormenta es la que ellas mismas están generando para poder terminar con un veto que dura ya 39 años.

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