acaba con insultos de trump a trudeau

Occidente se fractura: un tenso G7 sin frente común ante Trump

La reunión del G7 ha dejado claro que, pese a que se traten de guardar las formas, las fracturas en el bloque “occidental” son alarmantes

Foto: Todos ante uno, y uno para ninguno en el G7 (REUTERS)
"Todos ante uno, y uno para ninguno" en el G7 (REUTERS)

“Blando y sumiso”. Con estas palabras Donald Trump se ha despedido de Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá y anfitrión del G7 más tenso que se recuerda hasta el momento. La dura arremetida de Trump contra su vecino del norte cuando acababa de abandonar la cumbre que reúne a los países ricos muestra que, pese a que se traten de guardar las formas, las fracturas en el bloque “occidental” son alarmantes.

Trump, airado con Trudeau después de que éste afirmara en la rueda final del G7 que Canadá no dudaría en responder a EEUU por los aranceles impuestos a sus exportaciones de acero y aluminio, acusó a su homólogo de mentir y poco menos que de cobarde. Un movimiento inaudito que augura que la tensión irá a más en la región, donde México también se ha puesto en pie de guerra contra su vecino del norte por los aranceles.

Trudeau, en la rueda de prensa final del G7 (REUTERS)
Trudeau, en la rueda de prensa final del G7 (REUTERS)

Según ha dicho Trump en Twitter, Trudeau -que se había mostrado conciliador en el arranque de la cumbre para tratar de lograr algún entendimiento- “actuó de una manera blanda y sumisa durante nuestro encuentro del G7 y después, cuando ya me había ido, dio una rueda de prensa para decir que ‘los aranceles de Estados Unidos son un tanto insultantes’ y que ‘no dejará que le mangoneen’. ¡Qué deshonesto y débil!”.

El presidente estadounidense decidió también dar orden de retirar el apoyo de EEUU al comunicado conjunto con un consenso de mínimos que, tras duras negociaciones, se logró pactar. Finalmente, como anticipó el presidente francés, Emmanuel Macron, sí ha sido un G6+1, aunque el nuevo primer ministro italiano, Guiseppe Conte, mostrara en público la sintonía del nuevo Gobierno de Roma con Trump.

Nadie para los pies a Trump

No, no es un “todos contra Trump”, sino más bien Trump contra todos. Y, en su particular manera de hacer política, va cosechando ciertos éxitos. Sembrar el caos y la cizaña es siempre más sencillo que ser constructivo y encontrar compromisos que permitan superar, poco a poco, las diferencias.

Alemania, con Angela Merkel a la cabeza y la Francia de Macron tienen claro que la actual Casa Blanca no es amiga ni del orden democrático y liberal que, precisamente, EEUU impulsó a escala mundial tras la II Guerra Mundial. Tras una primera fase de seducción que no funcionó, París se muestra especialmente combativo con Washington. "La cooperación internacional no puede depender de rabietas y de frasecitas”, ha dicho una fuente gubernamental gala a Efe.

Macron dialoga con Merkel durante el G7 (REUTERS)
Macron dialoga con Merkel durante el G7 (REUTERS)

Pero no hay un frente común contra los devaneos de Trump. Alemania, que se encuentra en la mirilla del presidente estadounidense, es especialmente vulnerable a una guerra comercial, con lo que extrema la prudencia, pese a ser consciente de que éste no es de fiar. Además, Merkel ha pasado de ser coronada la nueva líder del mundo libre a una posición de creciente debilidad en casa, que la aproximan cada vez más a una figura saliente que a una canciller contundente y dispuesta a tomar riesgos.

Occidente se fractura: un tenso G7 sin frente común ante Trump

Italia, con la llegada de la Lega de Matteo Salvini y el Movimiento Cinco Estrellas de Luigi di Maio al poder, ha dado un viraje hacia una confrontación abierta con sus socios de la Unión Europea, mientras coquetea con Trump y otros líderes, como Viktor Orbán o la francesa Marine Le Pen, que al fin y al cabo logró canalizar la frustración de millones de sus compatriotas, partidarios de una renacionalización muy en línea con el “America First” de Trump.

Reino Unido, mientras tanto, se encuentra perdido en su propia deriva interna, a menos de un año de que el Brexit se haga efectivo y sin grandes avances en las negociaciones con sus socios de la Unión Europea para pactar una salida lo menos traumática posible. Por ello, aunque en Londres han dolido mucho los aranceles de EEUU, no está en posición de mostrar dureza hacia ningún potencial socio futuro, ante la gran incertidumbre que rodea su salida de la Unión.

Pese a que Trump mostró indiferencia hacia ella en el G7, May se mostró cordial, a la espera de su visita en un mes (REUTERS)
Pese a que Trump mostró indiferencia hacia ella en el G7, May se mostró cordial, a la espera de su visita en un mes (REUTERS)

May, que en su día se inclinaba por permanecer en la UE, tiene que encontrar también un equilibrio imposible, bajo el empuje de su miembros de su propio gabinete. Esta semana salía a la luz unas declaraciones de Boris Johnson en las que mostraba su creciente admiración hacia Trump y le ponía como un modelo a seguir para las negociaciones del Brexit, a la vez que recetaba a su propia primera ministra que tenga más “agallas”.

En Japón, donde el propio Shinzo Abe se puede considerar un rompedor nacionalista para los estándares patrios por su programa de impulsar la defensa nipona rompiendo la tradición impuesta tras la II Guerra Mundial, el empuje de Trump se siente sobre todo en la política exterior.

Tokio teme el acercamiento de EEUU y Corea del Norte, cuyos líderes mantendrán una cumbre histórica en dos días en Singapur. Cómo mostrarse firme con quien te impone aranceles si, al mismo tiempo, le tienes que rogar que no te deje al margen de tu preocupación de seguridad número uno.

Sin oposición más allá del G7

Si el G7, que reúne a las economías más potentes a escala mundial, con permiso de Rusia y China, no son capaces de parar los pies a Trump, ¿puede hacerlo alguien? En la Unión Europea, la influencia de Trump es palpable no solo en la Hungría de Orban, también en Polonia, ahora Italia y, aún más recientemente, Eslovenia. Y desde Moscú, además de la ayuda que le impulsó a llegar a la Casa Blanca, llegan constantes muestras de simpatía del propio Vladimir Putin. No coinciden en todo, pero se entienden, como "hombres fuertes" acostumbrados a hacer política a base de puñetazos en la mesa.

Putin saluda a Xi durante el encuentro euroasiático celebrado estos días en China (REUTERS)
Putin saluda a Xi durante el encuentro euroasiático celebrado estos días en China (REUTERS)

Otro hombre fuerte, el chino Xi Jinping, quien dirige con mano de hierro segunda potencia mundial, mantiene una relación ambivalente con Trump. La presión del norteamericano -que mantiene una guerra abierta comercial contra China, a la que acusa, esta vez con bastante tino, de fomentar el dumping y otras prácticas desleales- se combinan con piropos destinados a Xi.

La posición de Xi, sin presiones electorales, muy amplios poderes y una economía menos dependiente que en años anteriores de las exportaciones, le convierten probablemente en el oponente más duro para Trump. Pero China no tiene tampoco ningún interés en entrar en ninguna confrontación directa con EEUU, salvo que Trump pise alguna de sus líneas rojas y en favor de su propio interés nacional, no de un orden democrático y liberal del que no participa, y que hoy anda corto de defensores.

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