duque lidera las encuestas seguido por petro

Elecciones en Colombia: elegir entre "la marioneta de Uribe" o un 'castrochavista'

Colombia elige presidente en unas elecciones absolutamente polarizadas. Duque pretende expulsar a las exguerrilleros de las FARC del Congreso. Petro, dejar de depender del petróleo

Foto: Una imagen editada digitalmente, de los candidatos presidenciales Gustavo Petro e Iván Duque, en la Besatón en contra de la Polarización, en Bogotá. (EFE)
Una imagen editada digitalmente, de los candidatos presidenciales Gustavo Petro e Iván Duque, en la "Besatón en contra de la Polarización", en Bogotá. (EFE)

Colombia celebra este domingo unas elecciones presidenciales históricas. Es la primera vez en más de medio siglo que los ciudadanos del país sudamericano podrán elegir a quien liderará el país sin la amenaza de la guerra entre el Estado y las FARC en las selvas del país. Pero no es el único motivo por el que los comicios son especiales. Por primera vez en la historia, dos candidatos de izquierda, Gustavo Petro y Sergio Fajardo —más moderado— tienen opciones de pasar a segunda vuelta y convertirse en presidente.

Para ello tendrán que vencer a Iván Duque, candidato del centro derecha —extrema derecha, para algunos— 'uribista', quien lidera las encuestas con alrededor del 38% de intención de voto y es el favorito para ganar los comicios. Su candidatura parece imparable desde que el pasado 11 de marzo se impuso en una suerte de 'primarias' de candidatos de derecha, consiguiendo más de cuatro millones de votos a su favor, una cifra que podría bastarle para llegar a la segunda vuelta de las presidenciales.

Buena parte de la campaña de Duque ha girado en torno al pacto de paz con las FARC, rechazado por la mínima en un plebiscito en octubre de 2016 y que un mes más tarde fue refrendado por el Parlamento tras haber sido objeto de, según los 'uribistas', escasas modificaciones. El joven candidato —tiene 41 años— quiere modificar el acuerdo de La Habana para impedir que los exguerrilleros condenados por delitos graves puedan sentarse en el Congreso.

"El presidente Juan Manuel Santos proporcionó elegibilidad a los exguerrilleros. Eso quiere decir que ni siquiera han pasado por la Justicia Especial para la Paz, que es el órgano competente para juzgarlos. En estos momentos ellos ya tienen cinco cupos en el Senado y otros cinco en la Cámara de Representantes. A dedo, no fueron elegidos democráticamente. Eso molesta mucho al pueblo colombiano", explica el analista político y abogado José Navarro Polo.

Duque parece estar capitalizando ese descontento. Quiere también cambiar los acuerdos con las FARC para impedir que el narcotráfico sea amnistiado 'de facto', al ser considerado por el Pacto de La Habana como un delito conexo al delito político. Retiraría todos los beneficios a los excombatientes en el caso de que se encontrasen dinero o armas no declarados y convertiría la erradicación de cultivos ilícitos en obligatoria.

El candidato a la presidencia de Colombia por el partido Centro Democrático, Iván Duque, saluda simpatizantes en Cali. (EFE)
El candidato a la presidencia de Colombia por el partido Centro Democrático, Iván Duque, saluda simpatizantes en Cali. (EFE)

Las plantaciones de coca y otros cultivos ilícitos crecieron un 52% en 2016, desde las 96.000 hectáreas hasta las 146.000, según Naciones Unidas, provocando incluso una queja de Washington. Muchos creen en Colombia que la causa es la prohibición de la fumigación aérea y los beneficios económicos ofrecidos a los campesinos por la sustitución voluntaria de cultivos, prevista en el proceso de paz.

El pacto entre el Gobierno del todavía presidente, Juan Manuel Santos, y las FARC, no pasa por su mejor momento. Apenas han sido implementadas un 20% de las leyes y tareas previstas en el acuerdo, según un informe reciente de la Comisión Internacional de Verificación de los Derechos Humanos. El candidato presidencial liberal, Humberto de La Calle, que no tiene apenas posibilidades de pasar a segunda vuelta —es quinto en las encuestas— y que fue negociador jefe del Gobierno en La Habana, acusó el pasado abril al 'uribismo' de estar entorpeciendo el procesamiento de las leyes en el Congreso.

La detención de alias 'Jesús Santrich', comandante de las FARC, el 8 de abril, por un presunto delito de narcotráfico, cometido aparentemente después de la firma del pacto de paz, supuso el golpe más duro hasta ahora para el proceso, pero no el único. El retraso en la aprobación de los proyectos productivos que iban a garantizar la supervivencia económica de los excombatientes es otro problema. Las zonas de desmovilización se han vaciado. Algunos guerrilleros han vuelto a las armas, engrosando las filas de una disidencia que contaría ya con unos 1.200 hombres y controla varias zonas del país, donde protagoniza violentos combates con otros grupos.

"Estamos en los estándares normales de reincidencia que se han visto en otros procesos de paz. Un poco por debajo del 10%, que es lo usual. Los paramilitares, por ejemplo, reincidieron en un 22%. Era de esperarse que esto pasara. El gran problema es que la reinserción económica no mejore. Pero estas disidencias no son las FARC. Las FARC ya desaparecieron", matiza Ariel Ávila, director de la fundación Paz y Reconciliación.

Destaca también que los índices de secuestro, desplazamiento y desapariciones forzadas han caído abruptamente. 2017 fue el año con menos homicidios en Colombia desde hace más de cuatro décadas.

El pacto con las FARC es un tema clave en la campaña. El resto de candidatos con posibilidades de pasar a segunda vuelta abogan por respetar el acuerdo aunque, eso sí, con distintos niveles de exigencia. No es, sin embargo, el único tema relevante de la campaña. También la economía ha tomado importancia. Santos deja una Colombia que este viernes fue aceptada en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), con mayores niveles de empleo formal, un incremento de la inversión y una reducción del índice de pobreza por ingreso en 12 puntos.

El crecimiento del país, sin embargo, se ha ralentizado. Colombia creció un 4,5% en promedio durante los primeros cinco años del Gobierno de Santos, pero en 2016 registró un aumento del 2% y en 2017 del 1,8%. Las finanzas se vieron afectadas por los bajos precios del petróleo. Duque propone bajar impuestos para poder subir el salario mínimo. Su máximo contrincante en las urnas, el izquierdista Gustavo Petro, quiere cambiar el modelo económico y generar riqueza a través de energías limpias y agricultura para dejar de depender del petróleo.

Una propuesta polémica por la que le han llovido las críticas, en un país que ha basado su crecimiento en los últimos 20 años en la riqueza generada por los hidrocarburos. Petro es segundo en las encuestas, con alrededor del 29% de intención de voto. Quiere ser el primer presidente de izquierda de la historia de Colombia. Tiene muchas posibilidades de pasar a segunda vuelta.

Propone sanidad y educación gratuita y universal, el respeto al acuerdo de paz, una reforma agraria, subir los impuestos a los colombianos más pudientes y avanzar a la sociedad del conocimiento, entre otros puntos de su programa, que ha sido tachado de populista por sus detractores. "La campaña está polarizada. En estos momentos el país se encuentra entre una extrema izquierda y una extrema derecha que quieren llegar al poder", comenta el analista Navarro Polo.

Petro, exguerrillero del M19 —grupo subversivo que dejó las armas en 1990— y polémico exalcalde de Bogotá, es criticado por no aceptar consejos a la hora de gobernar y por su equidistancia con los gobiernos de Cuba y Venezuela, un tema polémico en un país donde el 59% de los ciudadanos teme convertirse en el país vecino. El excombatiente ha criticado profundamente al Gobierno de Nicolás Maduro —legando a decir que es un dictador— sabedor de que la situación venezolana juega en su contra.

Duque y Petro son los dos candidatos que lideran la intención de voto, pero también las encuestas que preguntan a los ciudadanos por quién nunca votarían, dando cuenta de la polarización del país. Si a Petro se le critica por ‘castrochavista’, al líder en los sondeos, Duque, se le acusa de ser una "marioneta" del expresidente Álvaro Uribe, que sigue siendo el político más popular de Colombia —fue líder en votos en las legislativas de marzo— pero a la vez el más denostado.

Gustavo Petro durante un debate en Bogotá, Colombia, el 24 de mayo de 2018. (Reuters)
Gustavo Petro durante un debate en Bogotá, Colombia, el 24 de mayo de 2018. (Reuters)

El tercer candidato en las encuestas es Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín. Cuenta con alrededor del 15% de intención de voto. Es considerado como un candidato de centro izquierda. Consiguió el apoyo oficial del Polo Democrático, que es el mayor partido progresista del país, aunque algunos de sus congresistas más importantes, y parte de sus bases, apoyen a Petro.

Fajardo basa su campaña en una reforma educativa —repite constantemente que es profesor de Matemáticas— y, sobre todo, en una ley anticorrupción que acabe con la "mermelada", como se conoce en Colombia al intercambio de contratos públicos a cambio de que los congresistas apoyen leyes en el Congreso.

Varios casos importantes de corrupción, sobre todo en la adjudicación de obra pública, han surgido en Colombia durante el Gobierno de Santos, y es un tema muy importante para el electorado. Fajardo apoya el proceso de paz. Cree que la seriedad en política debe ser norma y que, por ende, hay que cumplir lo que se ha pactado. Es visto como más moderado que Petro, pero sus detractores en la izquierda creen que pactará con el poder económico.

Tiene como bagaje positivo su periodo como alcalde de Medellín. Logró conectar las comunas con el resto de la ciudad gracias a una política de inclusión social loada internacionalmente. Hoy en día Medellín es considerada como una de las ciudades con mejor calidad de vida en Colombia, algo asociado, en parte, al trabajo de Fajardo.

No es mal visto por el centro derecha, pero no es su candidato predilecto. Esa persona es el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, que cuenta con entre un 6% y un 8% de intención de voto en la mayoría de encuestas, pero controla como nadie la "maquinaria" electoral colombiana. Una encuesta, de las pocas que se elaboran con 'cocina' en Colombia, le sitúa en segunda vuelta gracias a ese control de los entresijos electorales, muy criticado por candidatos como Petro o Fajardo, que denuncian presiones para votar en las regiones.

Vargas es la opción más continuista con respecto al Gobierno de Santos para el electorado. No en vano, ha sido su vicepresidente durante tres años. Es muy recordado por haber entregado los apartamentos del programa de vivienda pública del líder saliente. A su favor cuenta con su experiencia como gobernante. Los lugares donde ha trabajado han funcionado. Su partido es, además, una fuerza importantísima en el Congreso colombiano. Está a favor del acuerdo de paz a pesar de que fue objeto de varios atentados. Un libro bomba le arrancó varios dedos de su mano izquierda. Ganó el apoyo del 'santista' partido de la U precisamente con la condición de apoyar el acuerdo de La Habana con las FARC.

En su contra, aunque para algunos sea virtud, juega que es parte de la oligarquía colombiana. Su familia tiene una larga trayectoria en la política colombiana. Es nieto del expresidente Carlos Lleras Restrepo (1966-1970). Duque y Petro son los favoritos para pasar a segunda ronda pero, en unas elecciones tan especiales, y teniendo en cuenta que se espera una participación más elevada que en anteriores ocasiones —en muchos comicios recientes ha sido inferior al 50%— no se puede descartar nada.

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