la guerra contra "la locura de los alquileres"

Okupas contra la especulación: la batalla de Berlín para no acabar como Barcelona

La capital alemana es el escenario de una desigual batalla entre inversores inmobiliarios y vecinos, indignados porque las fuertes subidas de la vivienda amenazan con expulsarlos de sus hogares

Foto: Manifestantes durante una protesta contra los precios de los alquileres y la gentrificación en Berlín, Alemania, el 14 de abril de 2018. (Reuters)
Manifestantes durante una protesta contra los precios de los alquileres y la gentrificación en Berlín, Alemania, el 14 de abril de 2018. (Reuters)

En la noche del pasado domingo al lunes, decenas de policías pertrechados como antidisturbios irrumpieron casi simultáneamente en el 114 de la calle Reichenberger y en el 37 de la Borndsorfer de Berlín. Los agentes echaron en cuestión de minutos a los grupos de activistas que apenas 24 horas antes habían ocupado ambos inmuebles. Protestaban contra la especulación inmobiliaria y la acelerada gentrificación que experimenta la capital alemana y que está expulsando a las personas con rentas más bajas del centro. Se trata de una batalla más en la desigual contienda que libran en la actualidad Berlín inversores y vecinos con un Gobierno regional de izquierdas como árbitro.

El fin de semana había sido el culmen de una serie de protestas de los colectivos de vecinos contra la especulación inmobiliaria. El sábado, en cuestión de horas, tomaron de forma coordinada nueve inmuebles, según fuentes de estos colectivos. Algunos de forma ostensible y con ansias de permanencia, como el de la Reichenberger y el de la Borndsorfer. Otros tan sólo en una acción relámpago, para colgar pancartas y carteles denunciando la incoherencia de que haya casas vacías y alquileres desorbitados. "Casas para quienes las necesitan", "Viviendas para todos" y "El robo de la vivienda social", fueron algunos de los lemas que se podían leer en las fachadas de los edificios ocupados. Las casas afectadas se encontraban en Friedrichshain, Kreuzberg y Neukölln. Y no por casualidad. Éstos son los distritos que está barriendo en la actualidad el tsunami de la gentrificación.

Los alquileres en Berlín se han incrementado en un 33% en los últimos cinco años

Este proceso, que se inició en los barrios más céntricos del antiguo Este de la capital, está llegando en la actualidad a zonas hasta ahora populares. En esencia, consiste en la sistemática compra de edificios enteros por parte de grandes promotores, su reforma en profundidad (tras la expulsión incentivada de sus inquilinos) y su puesta en el mercado, para venta o alquiler, a precios muy superiores a los que hasta entonces tenían. Por el camino quedan la mayoría de antiguos vecinos, que no pueden costearse los nuevos precios y deben marcharse al extrarradio.

La denuncia no es nueva. Pero las ocupaciones sí que suponen un salto cualitativo en la protesta. La demostración de fuerza más grande hasta la fecha había sido la manifestación bajo el lema "La locura de los alquileres" que recorrió Berlín -y otras ciudades alemanas de forma coordinada- a mediados del pasado abril. En la capital alemana fueron entre 15.000 y 25.000 personas -según cálculos de la policía y de los organizadores, respectivamente- los que protestaron contra los fuertes repuntes que están sufriendo los alquileres en Berlín, muy por encima de lo que están incrementándose los salarios o el coste de la vida.

El mayor repunte global

Según el "Índice Global de Ciudades Residenciales" de la consultora inmobiliaria Knight Frank, publicado en abril, Berlín fue la gran ciudad a nivel mundial que más vio elevarse los precios de sus viviendas en 2017. El repunte medio de los precios fue del 20,5% con respecto al año anterior. La inmobiliaria TAG estima que en los últimos cinco años los alquileres en la capital se han incrementado en un 33%. Y la Comisión alemana de Peritos apuntaba en su último informe anual que los precios de la vivienda en todo el país han repuntado un 25 por ciento en los últimos tres años, con especial incidencia en las grandes ciudades.

Por un lado, Berlín está empezando a despertar a su capitalidad. Apenas 25 años después de recuperar su puesto a raíz de la reunificación alemana, la ciudad es un polo de atracción para innovadoras start-ups y lobbies de grandes compañías internacionales. A ella llegan todos los años -además de millones de turistas de visita- miles de nuevos estudiantes y artistas, de funcionarios federales, políticos, informáticos, comerciales y empresarios. Y para lo que ofrece la capital de facto de Europa, sigue siendo muy barata. Mucho más que Hamburgo, Fráncfort o Múnich, las otras grandes ciudades alemanas. Pero a años luz de los precios -tanto de una comida en un restaurante como de un alquiler- que se estilan en otras capitales europeas como París, Ámsterdam, Madrid o Londres.

Manifestantes durante una protesta contra las subidas en los precios del alquiler, en Berlín, el 14 de abril de 2018. (Reuters)
Manifestantes durante una protesta contra las subidas en los precios del alquiler, en Berlín, el 14 de abril de 2018. (Reuters)

Berlín, no obstante, no es una capital más. Su situación socio-económica es muy distinta. Alrededor de la capital alemana no hay un gran cinturón industrial, como sucede en otras grandes ciudades europeas, que genera empleos bien pagados y una sólida base tributaria. Sus finanzas públicas no son especialmente boyantes. Lleva años ahorrando hasta el límite para cumplir con los exigentes límites de déficit que deben cumplir legalmente los Länder y ha descuidado varios servicios por ajustarse el cinturón. El año pasado obtuvo un superávit récord de 2.160 millones, pero todo lo posible se va a destinar a saldar deudas pendientes, ya que la ciudad-estado acumula un agujero financiero de 59.000 millones de euros y el Estado federal lo tiene en observación.

La tasa de desempleo en el Land se encontraba en abril en el 11,7% tras tres años de caídas ininterrumpidas. La media nacional, por su parte, se situaba ese mismo mes en el 5,3%. Y muchos de estos trabajos no son de calidad, como sucede en los sectores industriales químico o automovilístico en los que los sindicatos negocian duramente los convenios colectivos. Muchos son en el sector servicios, en restaurantes, hoteles y tiendas. Muchos son temporales y precarios. Por no hablar de los denominados "minijobs", empleos de hasta 40 horas mensuales por un máximo de 450 euros al mes (sin cotización de la empresa y con pensión de miseria asegurada).

¿Una burbuja inmobiliaria?

La escalada de los precios ha hecho correr el rumor de que el mercado inmobiliario alemán en su conjunto -y en particular el de las grandes ciudades, con Berlín a la cabeza- está incubando una gran burbuja especulativa. La buena situación de la economía alemana, con una década de crecimiento sostenido de la creación de empleo y caída de la tasa de paro no contribuyen a enfriar los precios de la vivienda en Alemania. Las subidas de los salarios y las pensiones por encima de la inflación, tampoco ayudan. Como tampoco lo hacen las políticas expansivas del Banco Central Europeo (BCE), con los tipos al 0% desde hace años y las inyecciones mensuales de efectivo.

El siempre cauto Bundesbank ponía números en un informe de este año a este fuerte encarecimiento de la vivienda. A su juicio, "hasta un 30%" de los precios de la vivienda era efecto de la especulación, con importantes diferencias regionales. No obstante, consideraba que los riesgos macroeconómicos de esta situación eran "limitados", ya que no percibía que se estuviese gestando una "burbuja crediticia".

El Gobierno alemán, por su parte, ha intentado tomar cartas en el asunto. Pero con suerte desigual. En la pasada legislatura (2013-2017) puso en marcha el llamado freno de los alquileres, un sistema que limita las subidas de los nuevos contratos al 10% del alquiler medio de la zona en la que se encuentra la vivienda. Pero la normativa, que entró en vigor en junio de 2015, prevé ciertas excepciones, lo que está generando abusos. La medida no ha tenido el efecto esperado. El nuevo Ejecutivo -de nuevo una gran coalición de conservadores y socialdemócratas- ha acordado apostar por la vivienda social y entregar 500 millones de euros al año a los Länder para la construcción de casas con alquileres tasados para las familias con menos recursos. Pero este tipo de medidas no ofrecen resultados inmediatos y la entidad del problema sigue creciendo. Los activistas, mientras tanto, no piensan quedarse parados.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios