CUMBRE UE-Balcanes occidentales EN SOFÍA

Los Balcanes llaman a la puerta (que la Unión Europea no piensa abrir)

Los líderes europeos aseguran que no hay una alternativa real a la UE para los países balcánicos, pero al mismo tiempo el apetito por la integración se ha disipado. La solución: más dinero

Foto: Jean-Claude Juncker, Donald Tusk y el primer ministro búlgaro Boiko Borísov, en la Cumbre de los Balcanes de Sofía, el 17 de mayo de 2018. (Reuters)
Jean-Claude Juncker, Donald Tusk y el primer ministro búlgaro Boiko Borísov, en la Cumbre de los Balcanes de Sofía, el 17 de mayo de 2018. (Reuters)

"Si no somos capaces de entendernos entre nosotros, a veintiocho, cómo vamos a hacerlo con seis más". Y qué seis. Nada menos que Serbia, Kosovo, Montenegro, Albania, Bosnia-Herzegovina y Macedonia, los conocidos como el grupo de los Balcanes Occidentales (WB6). Una tierra compleja, cuna de los grandes conflictos europeos, donde las fronteras son aún heridas y la última generación que sufrió una guerra no tiene todavía edad de jubilarse.

La frase con la que arranca este artículo fue verbalizada por un alto cargo en los pasillos del Palacio Nacional de Cultura de Sofía, donde este jueves los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron con los líderes de los WB6. La prudencia y el realismo ha marcado la Cumbre UE-Balcanes: en un momento en el que la UE sigue perdida, sin saber hacia dónde quiere encaminarse, nadie quiere generar expectativas que no puedan cumplirse. Y, sin embargo, las expectativas, ahí están. Si Croacia y Eslovenia pudieron entrar en la UE, ¿por qué el resto no?

Los seis países aspiran a entrar en la UE. Pero, a día de hoy, solo Serbia y Montenegro tienen perspectivas razonables de hacerlo a medio (tirando a largo) plazo. En la cumbre, Albania y Macedonia —aún peleada con Grecia a cuenta de su nombre, pero en vías de reconciliación— han visto lo complicado que es que se cumplan sus aspiraciones de que en junio los países acepten empezar las negociaciones de adhesión. Bosnia y Herzegovina, un país que genera recelos por su cercanía con Turquía y Arabia Saudí, lo tiene complicadísimo. Y Kosovo, que no es reconocido como Estado por España y otros cinco países, es capítulo aparte.

La primera cumbre entre la UE y los Balcanes en quince años han dejado patente que el tono ha cambiado, y no para ir a más, sino a menos. Donde antes se decía "ampliación", ahora se dice "perspectivas europeas". La UE es consciente de que no debe dejar morir las aspiraciones europeístas de los Balcanes, pero también de que el momento no acompaña para embarcarse en nuevas aventuras.

La UE arrastra los problemas de las ampliaciones al este de las últimas dos décadas. Polonia y Hungría están en una clara senda autoritaria. De las fracturas norte/sur y este/oeste que dejó la crisis rezuma la desconfianza. Grecia aún no ha salido del agujero negro que ha sido sus rescates financieros. El doloroso divorcio del Brexit sigue en marcha y con malas expectativas. Y en la arena internacional, China sigue su avance, mientras las relaciones de la UE con Rusia no han mejorado y tensiones con los EEUU de Donald Trump ha abierto un nuevo frente de preocupación.

Los líderes europeos reunidos en Sofía. (Reuters)
Los líderes europeos reunidos en Sofía. (Reuters)

La disputa por la fecha

La Cumbre de Sofía ha servido para tratar de reforzar la amistad entre la UE y los Balcanes. "Déjenme ser claro: no hay ninguna alternativa, ni ningún sustituto, para la ampliación (…) No hay otro futuro para los seis países de los seis de los Balcanes Occidentales que la Unión Europea", dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

Pero las capitales han dejado claro que no es una prioridad. Incluso la propuesta de la Comisión Europea de plantear una fecha tentativa, 2025, para nuevas adhesiones ha caído en saco roto. Buena parte de los Estados miembros —con Francia a la cabeza, pero también España— consideran un "error" hacer promesas que no saben si se podrán, ni si se querrán, cumplir.

Aunque los Balcanes Occidentales aún aspiran a entrar en un club que sigue siendo para ellos una promesa de paz y prosperidad, el tiempo pasa y las palabras no bastan. Sobre todo frente al avance de Rusia, Turquía e incluso los países del Golfo en una zona que es estratégica para la seguridad de la UE. Por ello, los Estados miembros muestran su interés como mejor sabe hacerlo la Unión: con dinero.

Los europeos han querido mostrar su buena voluntad poniendo sobre la mesa varias zanahorias. Además de los incentivos con los que cuentan los países que ya son candidatos oficiales a entrar en la UE, la Estrategia para los Balcanes Occidentales puesta hace unos meses sobre la mesa por Bruselas incluye programas de financiación para desarrollar infraestructuras, carreteras, trenes y conexiones digitales que caen como agua de mayo en una región aún fuertemente fragmentada.

A cambio, la UE les exige reformas que les acerquen a los estándares europeos. Los frentes son amplios: desde reducir la extendida corrupción que sufren los países balcánicos a reforzar las instituciones de gobernanza, pasando por la lucha contra el crimen organizado, la violencia extremista y el terrorismo. La UE promete, pero de momento, los Balcanes siguen en el banquillo. El peligro es que Moscú —o Ankara, u otra capital más oriental— los acabe fichando.

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