CONFLICTO ÁRABE-ISRAELÍ

Israel y su 'muro de hierro': piedra angular de su existencia y supervivencia

Desde su fundación en 1948, el Estado de Israel confía su destino al pragmatismo en un entorno hostil. Sus fuerzas armadas, un 'muro de hierro', son su baluarte medular para subsistir

Foto: Las murallas de la vieja Jerusalén, iluminadas con las banderas de Estados Unidos e Israel. (EFE)
Las murallas de la vieja Jerusalén, iluminadas con las banderas de Estados Unidos e Israel. (EFE)

Los análisis académicos y periodísticos y las negociaciones diplomáticas se pueden prolongar hasta el infinito, pero en los conflictos del Próximo Oriente y en tantos otros, siempre reinará ese viejo axioma de la historia que dice que la tierra es propiedad de quien la posee. Los grandes pensadores del Estado de Israel son conocedores de esa lógica histórica que no pierde vigencia. Para ello, hace falta conquistar territorio (asentamientos) y proteger esa expansión con un ejército contundente.

Desde incluso antes de su fundación en 1948, el Estado judío hace descansar su permanencia en el tiempo en sus fuerzas armadas (IDF, Israel Defense Forces). Sus ideólogos sionistas de la primera mitad del siglo XX ya dejaron por escrito que solo la creación y el mantenimiento de un ejército poderoso, disuasorio y siempre operativo sería el garante de su supervivencia. Es el triunfo del máximo pragmatismo en medio de un entorno sumamente hostil para sus intereses.

Un viejo axioma de la historia dice que la tierra es propiedad de quien la posee

Con motivo de la inauguración de la nueva embajada de Estados Unidos en Jerusalén el pasado 14 de mayo, los soldados israelíes no dudaron en disparar sobre una manifestación de palestinos que se oponían a ese hecho histórico auspiciado por la Administración Trump. Las consecuencias de esa respuesta armada desembocaron en 60 palestinos muertos y más de 2.000 heridos.

La fecha no fue escogida al azar. Entonces se cumplían 70 años de la independencia del Estado de Israel, lo que en el imaginario palestino viene a ser el ‘día de la Nakba’, que en árabe significa ‘el día de la catástrofe’.

Donald Trump ha venido para dejar huella en la historia. Sin embargo, hoy casi nadie recuerda que el presidente Franklin Delano Roosevelt y el Congreso rechazaron abrir las fronteras a los judíos que en 1940 y 1941 huían de Hitler y llegaban en barco a las costas estadounidenses, muertos de hambre y con el miedo dibujado en sus rostros. La historia y sus paradojas.

El muro de hierro

A pocos les debería sorprender la contundente respuesta de las IDF a las protestas palestinas de ese día. A nadie, a pesar de que una nueva masacre en Próximo Oriente vuelva a copar las portadas de los diarios de todo el mundo.

Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel desde 2009, es uno de los grandes valedores del uso de la fuerza para garantizar la paz en la región y en el mundo. Así lo defendió en Washington el pasado mes de marzo. “Israel no ha tenido jamás un ejército tan poderoso, tan tremendamente fuerte”, subrayó Netanyahu en su alocución en la capital estadounidense. En esa ocasión, habló mucho de seguridad y de la enorme capacidad militar y de inteligencia de su país para garantizar la paz regional y del mundo: “Lo positivo y todas las buenas cosas que estamos haciendo en Israel están ayudando a hacer que el mundo sea un mejor lugar donde vivir”.

Al Gobierno de Netanyahu le conviene mantener unas buenas relaciones con la Casa Blanca. El Estado judío es el primer receptor de ayuda militar de Estados Unidos. En 2019, recibirá más de 3.800 millones de dólares de la Administración Trump, un aliado incondicional de Israel y su primer ministro.

Netanyahu, durante la ceremonia de apertura de la embajada de EEUU en Jerusalén, el 14 de mayo de 2018. (EFE)
Netanyahu, durante la ceremonia de apertura de la embajada de EEUU en Jerusalén, el 14 de mayo de 2018. (EFE)

¿De qué fuentes ideológicas ha bebido Netanyahu para llevar a cabo una política basada en la disuasión militar para prolongar la existencia de su país en la historia? Sus libros y sus artículos de prensa reflejan que se empapó de la literatura de uno de los grandes próceres del sionismo, Zeeb Jabotinsky, nacido en 1880 en Odesa, hoy ciudad ucraniana a orillas del Mar Negro. Fue miembro de la Ejecutiva Sionista desde 1921.

La colonización debe hacerse bajo la protección de una fuerza independiente de la población nativa tras un muro de hierro [ejército] que no puedan derruir

Este ardiente nacionalista judío escribió una serie de artículos que se han conformado como una de las claves de bóveda de la política israelí a través de los decenios. Uno de sus escritos más venerados es 'El muro de hierro', publicado originalmente en ruso en 1923. Ha influido de forma decisiva en dirigentes israelíes como el actual primer ministro. En ese artículo, Jabotinsky defiende que la única forma de fundar y sostener en el tiempo un Estado judío en Oriente Próximo es la creación y desarrollo de un “muro de hierro”, metáfora del ejército.

“No podemos ofrecer una recompensa adecuada a los árabes palestinos por conquistar Palestina. Así, un acuerdo voluntario es inalcanzable. Quienes consideran un acuerdo con los árabes como condición ‘sine qua non’ para la realización del sionismo deben enfrentarse al hecho de que hoy esa condición no se puede lograr y que, si eso ocurriera, deberíamos abandonar las aspiraciones del sionismo”, escribía Jabotinsky.

Concluía su escrito el ideólogo sionista: “Debemos o bien suspender nuestros esfuerzos para establecernos o bien continuarlos sin prestar atención a los sentimientos de la población nativa. La colonización debe hacerse y desarrollarse bajo la protección de una fuerza que no dependa de la influencia de la población nativa tras un muro de hierro [ejército] que no puedan derruir”.

Avi Shlaim, profesor emérito de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford y miembro de la Academia Británica, estudió el pensamiento de Jabotinsky y su desarrollo en el conflicto árabe-israelí. Su libro: 'El muro de hierro. Israel y el mundo árabe', de 2001 (trad. en España por la editorial Almed). No es exagerado señalar que es posiblemente el mejor ensayo sobre la historia del conflicto, el más riguroso y documentado.

Portada del libro 'The Iron Wall', de Avi Shlaim.
Portada del libro 'The Iron Wall', de Avi Shlaim.

Shlaim, historiador judío nacido en Bagdad en 1945, explica en el libro que para Jabotinsky “el muro de hierro no era un fin en sí mismo, sino el medio para vencer la resistencia árabe al avance del sionismo”. Al mismo tiempo que apunta el autor que Netanyahu ha girado un poco más la tuerca hasta hacer que el muro de hierro, la actuación drástica de las IDF, sea un fin en sí mismo más que un medio para la supervivencia de Israel.

No es casual que la mayoría de los primeros ministros de Israel desde 1948 hayan ocupado los más altos cargos en las Fuerzas Armadas y hayan tenido, por tanto, una gran pericia no solo política sino también militar para afrontar las sucesivas guerras con sus vecinos árabes. Ariel Sharon es considerado el mejor comandante de campo de la historia de Israel; el asesinado Isaac Rabin ocupó la jefatura del Estado Mayor de las IDF, y Ehud Barak alcanzó el rango de teniente general, el más alto del Ejército israelí.

La carrera militar de Benjamin Netanyahu no fue tan brillante, solo llegó a ser capitán, pero participó en varias misiones en los años sesenta y setenta. Eso no es obstáculo para que la doctrina del 'muro de hierro' la tenga marcada a sangre y fuego en su piel.

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