Turquía: El paraíso vacacional de los musulmanes europeos: resorts halal de lujo en Turquía
"estábamos hartos de que nos mirasen"

El paraíso vacacional de los musulmanes europeos: resorts halal de lujo en Turquía

Más de la mitad de los huéspedes del lujoso Wome Deluxe son europeos. Las agencias de viajes intentan explotar este nicho de mercado en plena aparición de una nueva clase social musulmana

Un imponente lobby con escaleras de caracol, ascensores de cristal y fuente lumínica precede al enorme complejo hotelero. La exorbitante recepción es un patio central con asientos, tiendas, servicio de infusiones y acceso a zonas ajardinadas. Por él pasean mujeres con largas túnicas, velos al estilo 'hiyab' o vestidas con 'niqab' -traje negro que cubre todo el cuerpo-. Algunos de los hombres lucen largas barbas, trajes tradicionales islámicos, o el gorro 'taqiyah'.

Es la nueva versión de las vacaciones de playa en los destinos "muslim-friendly" del turismo halal: la reciente apuesta del sector en países como Turquía, que reciben una importante afluencia de viajeros musulmanes. El restaurante ofrece la mejor selección de la gastronomía lícita, con una mesa exclusiva para quesos, postres o ensaladas. El recinto incluye piscinas segregadas, equipadas con mezquita, y una playa cubierta para las mujeres. Las actividades de ocio están exentas de bebidas alcohólicas y dirigidas a la multitud de niños que se hospedan en el hotel.

Más de la mitad de los huéspedes del lujoso Wome Deluxe, un recinto de 120.000 m² en la costa turca de Alanya, son musulmanes europeos: franceses, ingleses, belgas, alemanes, holandeses, algunos de primera generación. “De los 800 clientes que tenemos ahora, unos 550 vienen de Europa”, asegura Yusuf Gerceker, el manager del deslumbrante alojamiento. “El año pasado representaron el 30% de todas las reservas; este año, el 60%”. Una demanda en un incuestionable aumento que promete revolucionar los destinos vacacionales.

Turistas en el Wome Deluxe, un recinto de 120.000 m² en la costa turca de Alanya. (P. Cebrián)
Turistas en el Wome Deluxe, un recinto de 120.000 m² en la costa turca de Alanya. (P. Cebrián)

“Estamos hartos de que nos miren”

“Queríamos viajar a un país musulmán, porque es importante para nosotros, sabíamos que este tipo de hotel iba a respetar nuestra cultura, que podríamos bañarnos, que podríamos disfrutar con nuestros hijos sin prejuicios, sin las miradas de los demás”. Farida es una ciudadana francesa que por primera vez pasa sus vacaciones en un entorno halal. Un experiencia “muy satisfactoria”, también por el precio -750 euros por 9 días de pensión completa con su marido y sus dos hijos, algo excepcional debido a una promoción-. Cansados de ser minoría, los musulmanes de Europa eligen ahora un entorno islámico para pasar sus vacaciones. “El año pasado nos prohibieron vestir el burkini en Francia, no podemos ir a la playa con él, tenemos que ponernos un traje de baño”, se queja Farida, “en Francia tienen un problema con nuestra religión”.

En Reino Unido me siento incómoda porque todo el mundo me mira, sólo porque voy cubierta la gente me mira”, explica Tayyibah, una inglesa que descansa sobre una tumbona de la playa vestida con el niqab, “y sin embargo siento que aquí (un país con mayoría de población musulmana) todo el mundo es mucho más comprensivo”. La imagen de la playa privada es la misma que la de cualquier club cinco estrellas, pero tras haber sido sometida a un filtro de modestia: las mujeres llevan un traje de baño íntegro, nadie fuma o toma bebidas, y el ambiente es tranquilo y familiar. Su marido Saad, fiel a la corriente más conservadora del islam, dice que en el término halal “no hay escalas de grises” y se queja de la música que suena por la tarde en los altavoces del jardín.

Las playas privadas de mujeres se cubren con paneles de tela para aislarlas de las vistas desde el hotel. (Hotel Adenya)
Las playas privadas de mujeres se cubren con paneles de tela para aislarlas de las vistas desde el hotel. (Hotel Adenya)

Mohamed Hayat Rayaskan ha venido desde Crosby, Reino Unido, con quince miembros de su familia. Dice que decidieron apostar por este destino porque “en los hoteles convencionales mi mujer y mis hijas, como musulmanas practicantes, estaban muy limitadas, no podían bañarse. Aquí no tienen que preocuparse por nada”, sigue, “ni por el intrusismo de los hombres, por ejemplo, pueden disfrutar entre ellas”. Las mujeres musulmanas que practican su religión no deben exponer su cuerpo o su cabello ante otros hombres. Es por ello que las áreas segregadas que ofrecen los destinos halal son un desahogo para ellas, quienes dicen que, “por fin, podemos tomar el sol y relajarnos de verdad”.

Durante el transcurso del día, ellas se divierten en la piscina, la playa o el spa femenino, unos establecimientos que están acondicionados con mezquita para poder cumplir con los cinco rezos del día. Ellos pasan el tiempo en las zonas de ocio de los hombres. Pese a ser un servicio que responde a una estricta demanda, los miembros de la familia pasan buena parte de su veraneo en áreas separadas. Aunque también hay áreas mixtas, donde ellas están más limitadas, y son generalmente los espacios para la cena, la terraza para fumar shisha -pipa de agua- o para pasear. Los huéspedes no salen del recinto en todas las vacaciones y la fórmula que se estila es el 'todo incluído'.

El boom del turismo halal

La comunidad musulmana en el mundo, 1.800 millones de personas en la actualidad, es el segmento poblacional religioso que crece a mayor velocidad. Se estima que en el año 2060 habrá aumentado un 70% y pasarán a ser un cuarto de la población mundial -el total incrementará un 32%-. Es por esto que las agencias de viajes europeas han visto un nicho de mercado en este 'target' y han decidido sumarse a la promoción del turismo halal. “También porque hay demanda”, asegura Mohamed, propietario de una agencia de viajes en París, “en 2017 los destinos halal fueron un 10% de todas mis reservas; en este año están suponiendo entre el 30 y el 40%”.

Un grupo de musulmanas en el lujoso Wome Deluxe, en la costa turca de Alanya. (P. Cebrián)
Un grupo de musulmanas en el lujoso Wome Deluxe, en la costa turca de Alanya. (P. Cebrián)

La opción halal responde a la aparición de una nueva clase social musulmana, “una nueva generación, con conciencia halal, pero que es moderna, que reserva online y que hace búsquedas en internet para sus vacaciones”, recuerda Ufuk Seçgin, el director de Marketing de la plataforma número uno en el sector, HalalBooking.com. “Hasta ahora (los musulmanes) realizaban la peregrinación religiosa (a la Meca) o viajaban a su país de origen (a ver a su familia)”, explica Asia Jebari, la gerente de la agencia de viajes Atlas Menara en Madrid, “pero ahora he venido a Turquía porque quiero ver un nuevo producto que está muy de moda, que es muy demandado, el turismo halal… porque la gente necesita más opciones para salir, más opciones para ver mundo, para relajarse pero bajo los preceptos de su religión”.

Estos días de primavera, en los que todavía no ha comenzado la temporada alta, una comitiva de agentes turísticos europeos visita las distintas instalaciones de los cerca de 20 resorts halal de la costa de Antalya. Son pequeños empresarios de Alemania, Bélgica, Reino Unido, Francia, y España que quieren conocer las cualidades de estas instalaciones y tipo de servicio. “En HalalBooking el año pasado tuvimos 35.000 clientes y este año tenemos proyectados más de 70.000. Por lo que el negocio se ha duplicado cada año en los últimos 5 años”, afirma Seçgin. Una población global en aumento y dispuesta a aumentar el presupuesto de sus vacaciones con tal de no sentirse observado y mantener las costumbres de su religión. El viajero musulmán gastó 151.000 millones de dólares en 2015, según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, de los que 24.000 millones fueron a parar a estos destino. Un negocio de jugosas ganancias que Turquía está sabiendo explotar.

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