entrevista a francisco uzcanga

El mundo de hoy, ¿como el de entreguerras? "Los que mandan no leen historia"

Francisco Uzcanga, experto en la Alemania del período entre las dos guerras mundiales, ve más diferencias que semejanzas entre aquel período y la actualidad, pero aboga por "estar precavido"

Foto: Miembros del movimiento ultraderechista CasaPound se manifiestan en el centro de Roma, en junio de 2017. (EFE)
Miembros del movimiento ultraderechista CasaPound se manifiestan en el centro de Roma, en junio de 2017. (EFE)

Crisis financiera, depresión económica, erosión de la democracia y auge de populismos y nacionalismos. ¿Suena familiar? Pues Esta sucesión que vive Occidente desde 2008 ya se produjo con anterioridad. Fue la desastrosa concatenación que precedió a la II Guerra Mundial. Pero pese a los paralelismos, también hay diferencias. Al menos en opinión de Francisco Uzcanga Meinecke, germanista, doctor en Filosofía y experto en el período de entreguerras (1918-1939) en Alemania. Tras publicar 'El café sobre el volcán' (Libros del K.O.), un detallado retrato de la escena cultural berlinesa de los años 20 y 30 en su contexto político, económico y social, considera sin embargo que las distancias entre uno y otro escenario no deben llevar a la complacencia, sino a la precaución.

"Sí, es preocupante la situación actual de Europa y del mundo, con el ascenso al poder de líderes demagógicos y de precario talante democrático, con el resurgir de la extrema derecha y de movimientos populistas masivos", asegura en una entrevista con El Confidencial este profesor, que dirige los departamentos de Español y Estudios Culturales en el Centro de Idiomas y Filología de la Universidad de Ulm. No obstante, ve "más diferencias que similitudes": "La historia no se repite, pero hay fenómenos recurrentes a los que habría que prestar atención".

"El problema es que los que llevan la batuta y aprietan los botones no suelen leer historia, y si lo hacen es más bien para manipularla. Sin embargo, en el caso concreto de Alemania, yo soy reacio a comparar la época actual con la República de Weimar", explica para desgranar a continuación semejanzas y diferencias de ambos períodos. "Es cierto que [en la actualidad] se palpa cierto descontento, cierta inseguridad e incertidumbre ante el futuro, que se percibe una desconfianza hacia las instituciones y la clase dirigente, y hemos visto también nacer en los últimos años un partido de la extrema derecha que ahora tiene más de noventa diputados en el parlamento", comenta en relación al islamófobo y nacionalista Alternativa para Alemania (AfD), surgido en 2013 y en la actualidad tercera fuerza en el Bundestag.

La vacuna frente a la extrema derecha

"Pero, a diferencia de la República de Weimar, una democracia primeriza y frágil, amenazada por la derecha y la izquierda radicales, hoy día Alemania es desde hace más de 70 años una democracia estable, con un estado de derecho sólido, unas instituciones que funcionan y una constitución aceptada por una gran mayoría. Y, a diferencia también de entonces, la generalidad de la población es plural, tolerante y, digamos, sensata. Además, sigue teniendo efecto la vacuna que inmuniza a muchos alemanes contra los partidos de extrema derecha", argumenta Uzcanga.

Su visión de aquella y ésta época le llevan a un cauto pragmatismo. "No hay que caer en alarmismos, pero sí estar precavido. Porque [en Alemania] puede romperse la coalición de gobierno entre la SPD y la CDU, con la consiguiente crisis política, y puede llegar una recesión económica", dice sobre dos pilares claves de la actual resistencia del sistema alemán al populismo: la alianza de los dos grandes partidos tradicionales, los socialdemócratas y los conservadores, que han pactado en tres de los últimos cuatro gobiernos; y la pujanza de la mayor economía europea, que ha crecido en trece de los últimos catorce ejercicios. Hay una tercer elemento que podría desequilibrar la balanza, a su juicio: que "surgiera de entre las filas de la ultraderecha un líder carismático", aunque "por suerte, los actuales son o grises o siniestros".

En el actual declive de la democracia a nivel mundial ve dos claros responsables. "Del deterioro son en parte responsables la propia clase política y los medios de comunicación. Pero el deterioro está también magnificado por los populistas, son ellos los que hablan incluso del 'hundimiento de Occidente'. Lo peligroso es que hay gente que escucha embobada los mensajes simplistas de estos nuevos aspirantes a líderes y consume sin criterio las 'fake news' que expanden fuentes turbias por internet. Pero, ¿qué alternativa nos ofrecen aquellos que claman contra el 'establishment' político y contra los medios de comunicación tradicionales, del 'mainstream', como dicen ellos? Aquí en Alemania, el partido ultraderechista —que se llama precisamente Alternativa para Alemania— está compuesto por una serie de politicastros que utilizan el micrófono y los tuits para manipular y provocar. No hay que caer en su juego", advierte.

El remedio contra la propaganda populista, en opinión de Uzcanga es claro: "Mejor sería tratar de desenmascararlos y hacer campañas de concienciación, fomentar el sentido cívico y el compromiso social. Este debería ser quizá el papel de la prensa y del mundo de la cultura. Y la clase política podría hacer autocrítica e intentar pulir y mejorar un sistema que ha sido exitoso durante muchos años y que, a mi modo de ver, sigue siendo el menos malo", analiza el profesor universitario. "Los políticos democráticos deberían mostrar siempre coraje cívico y valentía; ése es su trabajo", agrega Uzcanga, que no ve en el mundo de la cultura a intelectuales "que se puedan comparar a un Stefan Zweig o a un Thomas Mann". "Pero en realidad, en tiempos en los que nuestro sistema y nuestros valores democráticos están amenazados, mostrar coraje cívico y valentía es el deber de todos los ciudadanos de bien", asegura este profesor.

En los años 20 y 30 del siglo pasado, cuando despertó el monstruo del nacionalsocialismo, algunos políticos e intelectuales trataron de hacerle frente. Pero pese a sus esfuerzos, el resultado está en los libros de historia. "La labor de todos ellos fue encomiable, pero no sirvió de mucho. En situaciones así, cuando el populismo ha calado con tanta fuerza, es muy difícil luchar con argumentos racionales", razona el autor. "Fueron políticos, en la mayoría de los casos socialdemócratas y comunistas. Y fueron gente del mundo de la cultura, sobre todo escritores y periodistas, lúcidos y comprometidos que, desde las páginas de sus diarios o en sus libros trataron de avisar del peligro y evitar el ascenso del nazismo, lo que Kurt Tucholsky llamó 'el viaje al III Reich'. La mayoría abandonó el país cuando Hitler subió al poder, los menos afortunados acabaron en campos de concentración, otros se suicidaron, y unos pocos sobrevivieron en el exilio interior", indica.

Jörg Meuthen, líder de Alternativa para Alemania, durante un acto de campaña en Pforzheim, el 6 de septiembre de 2017. (Reuters)
Jörg Meuthen, líder de Alternativa para Alemania, durante un acto de campaña en Pforzheim, el 6 de septiembre de 2017. (Reuters)

El Romanisches Café

Muchos de estos políticos y personajes del mundo de la cultura se reunían en el Romanisches Café, el principal escenario del libro y excusa literaria para abordar desde un nuevo punto de vista uno de las épocas más estudiadas de la historia. Por el libro de Uzcanga -tan documentado que parece la crónica de un testigo directo- desfilan decenas de nombres propios del panorama cultural, periodístico, político, intelectual y artístico de la época. Como los pintores Otto Dix y Käthe Kollwitz, la poetisa Else Lasker-Schüler, el físico e intelectual Albert Einstein, el dibujante John Höxter, las actrices Marlene Dietrich y Carola Neher, los periodistas Egon Erwin Kisch, Sylvia von Harden y Kurt Tucholsky, el director de cine Billy Wilder y los escritores Josep Pla, Stefan Zweig y Bertolt Brecht.

"Al toparme luego con el Romanisches Café, mi interés se extendió a la totalidad del mundo cultural y artístico. Y me di cuenta de que el Romanisches Café no era solo un lugar de encuentro de intelectuales y artistas, sino que podía servir como símbolo de todo lo que los nazis odiaban —vanguardia, cosmopolitismo, liberalidad…—; en este sentido, se puede contraponer el café berlinés a la cervecería bávara, que es donde germinó el nazismo", explica Uzcanga.

También aparecen por las páginas del libro una suerte de Némesis de todos estos personajes, el dirigente nazi Joseph Goebbels, responsable del aparato propagandístico del III Reich y uno de los más estrechos colaboradores de Adolf Hitler. "Otro de los objetivos del libro, aunque más secundario, era ejemplificar en el caso del joven Goebbels —el Goebbels escritor y periodista frustrado— algo que podríamos llamar la 'ridiculez del mal' —me apoyo aquí en lo que Hannah Ahrendt llamó la 'banalidad del mal'—. Al fin y al cabo, Goebbels era, más allá o más acá de su faceta perversa y manipuladora, un personaje histriónico, petulante y absolutamente ridículo", dispara el autor.

'El café bajo el volcán', como tantos otros libros antes, aborda asimismo la cuestión de cómo pudo Alemania, uno de los países más desarrollados de la época, lanzarse de cabeza al abismo del nacionalsocialismo. "Es una pregunta que fascina y que sigue produciendo perplejidad. Hitler fue el primer caso y el de consecuencias más funestas. Pero, salvando las distancias, desde entonces hemos visto otros casos de sociedades evolucionadas que han encumbrado, esto es, elegido democráticamente, a personas de dudosa calaña. Es un tema muy complejo. En el libro dedico casi diez páginas a enumerar las causas del ascenso de los nazis, y me quedo corto. Pero lo que es indudable es que, entonces y ahora, en épocas de crisis siempre hay una parte de la población proclive a caer en la irracionalidad y dispuesta a creerse las promesas de los mesías políticos. Independientemente del grado de evolución de la sociedad", asegura.

La idea de este libro empezó por un bono. Un bono de 100.000 marcos alemanes expedido por la república de Weimar en 1923, durante los años de la hiperinflación. Lo guardó y enmarcó -consciente de su simbolismo- el bisabuelo de Uzcanga, que se lo regaló a su hijo. Ahora cuelga encima del escritorio de este profesor univesitario. El bono, que apenas hubiese servido en su momento para comprar dos barras de pan o medio kilo de azúcar, es testigo mudo de una época en la que, como él mismo dice, "los billonarios pasaban hambre". Y anticipo, también, de lo que vendría.

"El bono enmarcado y las demás 'reliquias berlinesas' de mi bisabuelo despertaron mi interés por el Berlín de los años veinte y, en especial, por una generación de escritores y periodistas que, además de tener un talento inmenso, vivieron unas vidas apasionantes, trágicamente apasionantes", explica Uzcanga. "Me sedujo la idea de reunirlos en un libro; también como una suerte de homenaje, porque muchos de ellos mostraron gran coraje cívico y valentía política en unos años en los que cada día resultaba más peligroso ponerse delante de la máquina de escribir", comenta.

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