LA MAYOR CRISIS DESDE SU LLEGADA AL PODER

Ortega deroga la reforma de la Seguridad Social tras protestas que dejan 30 muertos

La crisis estalló el pasado miércoles, cuando la Gaceta Oficial del país registraba una reforma del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), que reducía las pensiones un 5%

Foto: Un grupo de manifestantes destruye un 'árbol de la vida', símbolo del Frente Sandinista liderado por Daniel Ortega, en Managua, el 21 de abril de 2018. (Reuters)
Un grupo de manifestantes destruye un 'árbol de la vida', símbolo del Frente Sandinista liderado por Daniel Ortega, en Managua, el 21 de abril de 2018. (Reuters)

El Gobierno de Nicaragua ha decidido derogar las reformas de la Seguridad Social asediado por las protestas callejeras que desde el pasado miércoles han causado al menos 27 muertos y más de un centenar de heridos. El Consejo Directivo del Instituto Nicaragüense de la Seguridad Social ha acordado revocar las dos resoluciones que han sido "el detonante para que se iniciara esta situación", según explicó el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, en un mensaje a la nación.

El antes guerrillero y ahora presidente de Nicaragua se enfrenta a la más grave crisis social y política desde su vuelta al poder hace 11 años. Una revuelta a nivel nacional que no esperaba, tras ganar las elecciones de 2016 con el 72,44% de los votos, en un proceso electoral que la oposición considera fraudulento tras la inhabilitación de sus principales líderes.

La crisis estalló el pasado miércoles, cuando la Gaceta Oficial del país registraba una reforma del Instituto Nacional de Seguridad Social (INSS), que reducía las pensiones un 5% y aumentaba las contribuciones tanto a empresas como trabajadores. Eran unos cambios difíciles de explicar bajo el eslogan de una Nicaragua “cristiana, socialista y solidaria” enarbolado por su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Ortega, que había tenido el control casi absoluto de la calle por más de una década, lo perdió de un plumazo. Al nicaragüense le habían tocado el bolsillo, un paso muy delicado para cualquier Gobierno pero que el excomandante sandinista esperaba superar con éxito dada su popularidad.

Se equivocó. La respuesta fue casi instantánea. Centenares de personas salieron a la calle a protestar, lanzados por jóvenes universitarios y que rechazan tanto, o más, a la oposición que al Gobierno. Llevaban ya días protestando por la, en su opinión, inacción de las autoridades ante el incendio de la reserva tropical Indio Maíz, una de las masas forestales más importantes del país. El presidente completaba así sus tres meses más difíciles desde que volvió al poder, tras un lapso de 17 años en los que lideró la oposición.

Las dificultades para él comenzaron en enero, con el estallido de un escándalo de corrupción a cuenta del elevado tren de vida —viajes en 'jets' privados y palacete en Madrid incluido— de Roberto Rivas, presidente del poder electoral, acusado por la oposición de orquestar varios pucherazos. Ortega respondió dándole todo su poder al vicepresidente de la institución, pero no le destituyó. El incendio en Indio Maíz hizo salir a los jóvenes a la calle, y la reforma de la Seguridad Social radicalizó las protestas.

Una manifestante agita una bandera nicaragüense delante de una barricada en llamas. (Reuters)
Una manifestante agita una bandera nicaragüense delante de una barricada en llamas. (Reuters)

Unas protestas inéditas

Son unas manifestaciones totalmente inéditas en los últimos años del país, que dejan unas imágenes que algunos comparan ya con las de la Revolución Sandinista de 1979. Ortega había tenido que hacer frente a otras protestas, como las de 2011 contra su reelección, prohibida por la Constitución, las de 2013 contra la anterior reforma del INSS, o las de los últimos años contra el proyecto de canal interoceánico —parece que no se completará—, pero no alcanzaron, por una u otra razón, la relevancia de estas.

Se siguió, eso sí, el guion establecido en las protestas de los últimos años: un grupo de personas sale a la calle a marchar y el Gobierno convoca una contramanifestación en la que, denuncia la oposición, se cuelan “turbas violentas” sandinistas.

Las concentraciones están cargadas de simbolismo. Quienes protestan han derribado varios 'árboles de la vida', gigantes de hojalata conocidos también como los ‘chayo palos’, en referencia al apodo de Rosario Murillo, esposa de Ortega y vicepresidenta, que mandó construir 150 de ellos en Managua a un precio de 30.000 euros por unidad. Se convirtieron en el símbolo del Gobierno y están siendo ahora objetivo de los manifestantes.

Son unas manifestaciones inéditas en los últimos años, que dejan unas imágenes que algunos comparan ya con las de la Revolución Sandinista

Dos de los lugares foco de las protestas son además de especial relevancia para el colectivo sandinista. Estelí, capital del norte del país, era considerado un bastión del FSLN y es ahora donde se concentra un gran foco de manifestantes. La respuesta del Gobierno ha sido enviar un fuerte contingente de policías y militares.

También el barrio indígena de Monimbó, en Masaya, una ciudad cercana a Managua, ha sido epicentro de las protestas. Allí se han levantado barricadas y se han producido grandes enfrentamientos entre policías y manifestantes. Monimbó es un lugar histórico para el sandinismo, ya que en 1978 se produjo allí uno de los primeros levantamientos populares contra el dictador Anastasio Somoza. Allí cayó Camilo Ortega Saavedra, el hermano del actual presidente. “Ortega, Somoza, son la misma cosa”, le gritan ahora quienes protestan al líder del país, denunciando graves violaciones de los derechos humanos en los últimos días.

Un grupo de personas saquea un comercio durante los disturbios en Managua, el 22 de abril de 2018. (Reuters)
Un grupo de personas saquea un comercio durante los disturbios en Managua, el 22 de abril de 2018. (Reuters)

Los pilares de Ortega se derrumban

El presidente ha basado su popularidad en los últimos años en tres pilares. Por un lado, un espectacular crecimiento económico —siempre ha superado el 4,4% desde 2010— valiéndose de una alianza con la patronal, otro de sus sustentos. Por otro lado, el país es considerado el más seguro de la que probablemente es la región más peligrosa del mundo. El nicaragüense de a pie ve con espanto los miles de asesinatos que se producen todos los años en El Salvador y Honduras, y valora mucho la situación de su país.

Dos de esos pilares se han derrumbado ahora. Las buenas noticias económicas se han ido al traste cuando de repente los ciudadanos del país centroamericano se han dado cuenta de que iban a tener que renunciar a parte de sus pensiones.

También ha caído, por ahora, la alianza con la patronal. El Consejo Superior de Empresa Privada (Cosep) rechazó la reforma de la Seguridad Social. Ortega llamó al diálogo, pero la mesa directiva de la institución ha rechazado sentarse hasta que no se garantice el derecho a la protesta. Desde varios frentes les reclaman el llamado a una huelga general. Las críticas a la policía, además, han ido en aumento en los últimos meses, en los que han proliferado a través de internet vídeos de ciudadanos denunciando un creciente autoritarismo de los agentes.

Las buenas noticias económicas se han ido al traste cuando los ciudadanos se han dado cuenta de que iban a tener que renunciar a parte de sus pensiones

Quienes iniciaron las protestas y son mayoría en las calles son jóvenes universitarios, a los que el Ortega considera “delincuentes” y, dice, están fichados desde hace tiempo. No tienen, por ahora, líderes visibles.

Han dejado a la oposición en fuera de juego. Cuando salieron por primera vez a la calle, en las protestas por el incendio de la reserva Indio Maíz, hace dos semanas, algunos líderes opositores intentaron unirse a las protestas y fueron rechazados por los manifestantes. Parte de quienes protestan consideran que los jefes de la oposición han pactado cuotas de poder con el Gobierno.

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