un largo historial votando contra la mayoría

¿Es Jens Weidmann "el hombre más peligroso de Europa"?

Es el candidato más firme a presidir el Banco Central Europeo, pero su controvertida figura goza por igual de partidarios y detractores. Muchos le consideran al servicio de Berlín, no de la UE

Foto: El presidente del Bundesbank y favorito a la presidencia del BCE, Jens Weidmann, en una rueda de prensa en Frankfurt el 27 de febrero de 2018. (Reuters)
El presidente del Bundesbank y favorito a la presidencia del BCE, Jens Weidmann, en una rueda de prensa en Frankfurt el 27 de febrero de 2018. (Reuters)

Al día siguiente de que el Eurogrupo apostase unánimemente por Luis de Guindos para la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE), el diario alemán Süddeutsche Zeitung titulaba ya pensando en pasado mañana. "Suben las perspectivas de [Jens] Weidmann para el sillón de jefe del BCE". El presidente del Bundesbank desde 2011 es efectivamente el máximo favorito para sustituir a Mario Draghi cuando se agote su mandato el año que viene. Y sin embargo su figura polariza como la de pocos gobernadores de bancos centrales. Cuenta con defensores acérrimos y enemigos declarados. Pero, ¿quién es realmente Weidmann? ¿Es el respetado, competente y coherente presidente del Bundesbank en el que confía Angela Merkel y al que algunos aplauden? ¿O es el excéntrico y ortodoxo radical que no puede asumir las riendas del euro sin ponerlo en peligro por falta de pragmatismo y flexibilidad, como advierten otros?

Weidmann, de 49 años, ha tenido una meteórica carrera. Por una combinación de méritos propios y ambición. Entre 2006 y 2011 ejerció como asesor económico de Merkel en la Cancillería alemana. Durante esos años actuó como "sherpa" (fontanero) en varias cumbres del G7, trabajó con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y colaboró con los prestigiosos "cinco sabios", el grupo de economistas que aconsejan al Gobierno alemán. Pero en 2011, en el apogeo de la crisis del euro, el entonces presidente del Bundesbank, Alex Weber, dimitió por sorpresa, indignado ante la posibilidad de que el BCE imprimiese dinero para atajar los problemas de la eurozona (como acabaría pasando con los programas de expansión monetaria).

Merkel recurrió entonces a Weidmann. Su asesor había estudiado Económicas y se había doctorado en Política Monetaria. No tenía mucha experiencia en bancos centrales, más allá de unas prácticas en el Banco de Francia y en el Banco Central de Ruanda. Pero la canciller se fió de su instinto y convirtió a Weidmann en el presidente del Bundesbank más joven de la historia.

En el trato cercano, Weidmann destaca por su educación y cultura, por su tono suave, algo distante, y por algunos brotes inesperados de humor. Pero en el BCE pocos le calificarían así. El presidente del Bundesbank ha sido el único miembro del consejo de gobierno de la autoridad monetaria que ha votado sistemáticamente en contra de las políticas no convencionales que ha puesto en marcha Draghi, y en las que muchos ven la causa de que la Eurozona haya resistido el embate de la crisis financiera. Weidman votó en contra el plan de compra de bonos de 2012 y lideró la oposición al programa de compra de activos a gran escala que inició el BCE en 2015. En la actualidad reconoce que se puede mantener una postura "acomodaticia" ya que la inflación sigue sin apretar en el bloque, pero alerta de los riesgos de no acabar a tiempo con las políticas de expansión monetaria.

Además, Weidmann se ha posicionado en contra de la expansión del fondo de rescate de la UE, que algunos líderes europeos desean convertir en un instrumento regional con atribuciones similares al FMI, lo que supondría un salto cualitativo para el fondo y para la federalización del bloque. También ha atacado los intentos de completar la unión bancaria con el fondo de garantía de depósitos, alegando que muchas entidades tienen importantes cantidades de deuda soberana e sus activos. En general, recela de toda iniciativa política que pueda suponer una mancomunización de los riesgos dentro de la zona del euro o la creación de activos comunes.

Subyace en el fondo de su narrativa la posición clásica de la mayoría de grandes economistas alemanes, una filosofía denominada ordoliberalismo, en la que se establece una estricta serie de normas para que pueda funcionar un liberalismo domesticado. Estas tesis incluyen la aversión a la inflación y a las deudas (no en vano, el término en alemán para "deuda", "Schuld", significa también "culpa") , la apuesta por la austeridad y las nociones de responsabilidad y asunción de consecuencias. Supone reconocer implícitamente que no se fía de sus socios.

Luis de Guindos se prepara para responder a las preguntas de los miembros de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo, en Bruselas, el 26 de febrero del 2018. (EFE)
Luis de Guindos se prepara para responder a las preguntas de los miembros de la Comisión de Asuntos Económicos del Parlamento Europeo, en Bruselas, el 26 de febrero del 2018. (EFE)

Apoyo en Alemania y el norte de Europa

No es de extrañar que sea una figura respetada en Alemania. Merkel defiende ya su candidatura a la presidencia del BCE en determinados círculos y parece que ha conseguido también el apoyo del Partido Socialdemócrata (SPD), su socio minoritario otra vez en la nueva gran coalición. Aunque oficialmente la canciller tardará tiempo en señalarle con el dedo porque cuida mucho los tiempos.

Además de este fenomenal respaldo, Weidmann tiene otras bazas que juegan claramente a su favor. El nombramiento de De Guindos, un representante de la Europa del sur, para la vicepresidencia, apunta a que el primer puesto irá para un candidato del norte del bloque. El típico equilibro geográfico de la UE. Y, tras las presidencias de un holandés, un francés y un italiano, Alemania puede reclamar con derecho que es su momento para ocupar uno de los puestos más codiciados en la Unión. Berlín tendría ya el apoyo de holandeses, eslovacos y de los países bálticos.

Algunos expertos añaden además que Italia y Francia podrían ceder a los deseos de Merkel sobre este puesto (recelan de Weidmann, pero no lo han dicho) para poder obtener, en contrapartida, concesiones en la serie de reformas institucionales que quieren poner en marcha en la UE, a las que la canciller no ha dicho que no abiertamente, pese a su evidente escepticismo. Entre ellas se encuentran la creación de un ministro de Finanzas para la Eurozona y de un presupuesto común para los países que comparten el euro.

No obstante, no hay nada decidido. Y las resistencias van a ser grandes. Algunos expertos denuncian que no se puede poner al frente del BCE a quien desde dentro ha tratado sistemáticamente de boicotear todas las medidas que ha tomado la autoridad monetaria para apuntalar un euro a punto del colapso. "El BCE estaría entonces liderado por alguien que no sólo se ha opuesto a muchas de las medidas extraordinarias para salvar la eurozona, sino que también parece que rechaza los fundamentos de la macroeconomía moderna", critica Simon Tilford, economista jefe del Instituto Tony Blair para el Cambio Global en una tribuna en Foreign Policy titulada "El hombre más peligroso en Europa es Weidmann".

En un tono más moderado pero también crítico Wolfgang Münchau, director de Eurointelligence y columnista en The Financial Times y el Corriere della Sera, argumentaba recientemente que "no es evidente cómo él [Weidmann] podría forjar un consenso en el Consejo de Gobierno" del BCE tras su historial de votos en contra de la mayoría. "Los líderes de la eurozona deberían encontrar a un sucesor con alta sensibilidad y disposición a virar el rumbo cuando los hechos cambian", subrayó además.

Münchau hacía así referencia a lo que se prevé como un mandato minado, ya que en los próximos años el BCE deberá, con quienquiera que esté al mando, desmantelar la política monetaria expansiva puesta en marcha a raíz de la crisis. Un proceso delicado e inflamable para el que no hay precedentes. La entidad tiene en cartera más de dos billones de euros en bonos soberanos tras las compras de activos. Además, es preciso reforzar la estructura institucional del BCE. Las decisiones y posicionamientos del próximo presidente reverberarán a lo largo y ancho de la Eurozona. Especialmente en la periferia en la que España está instalada.

Algunos observadores barajan la posibilidad de que, dadas las dudas que Weidmann despierta entre algunos socios y expertos, Merkel pudiese finalmente sacrificarle y proponer a otro candidato alemán, que por comparación superaría la prueba sin grandes trabas. O que la canciller renunciase a la presidencia del BCE para su país a cambio de moldear a su gusto las reformas de la eurozona (aguando y matizando las propuestas del presidente francés, Emmanuel Macron). Entonces entrarían en juego otros candidatos norteños también alineados con Berlín, como el gobernador del banco central de Finlandia, Erkki Liikanen, de perfil moderado, o su homólogo Klaas Knot, el halcón holandés.

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