la derecha gana seguida de ms5, según sondeos

El populismo avanza en otra Italia potencialmente ingobernable

Las encuestas auguran un escenario sin mayorías absolutas y en el que los grandes vencedores de la noche serían el M5S de Luigi di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini

Foto: El exprimer ministro Italiano y líder de la coalición 'Forza Italia', Silvio Berlusconi, sale da la cabina de voto. (EFE)
El exprimer ministro Italiano y líder de la coalición 'Forza Italia', Silvio Berlusconi, sale da la cabina de voto. (EFE)

La coalición de centroderecha que une al ex primer ministro Silvio Berlusconi con otros partidos de ultraderecha se perfila como la vencedora de las elecciones generales en Italia, seguida de cerca por el Movimiento 5 Estrellas (M5S), con más del 87% de los votos escrutados. Las mismas encuestas auguran un escenario sin mayorías absolutas y en el que los grandes vencedores de la noche serían el M5S de Luigi di Maio y la Liga Norte de Matteo Salvini, esta última socia de Berlusconi y que pasaría en algunos casos del 4% de 2013 al 18% en estos comicios.

Italia se jugaba mucho ayer, pero para los habitantes de Roma las elecciones no supusieron una gran distracción. Por la mañana siguieron haciendo su vida de siempre, sacándose fotos mientras hacían cola en los (más de lo habitual) caóticos colegios electorales. Por la noche, después de que la lluvia se apoderara de la ciudad por unas horas, el silencio de la espera se transformó primero en calma tensa y luego en incertidumbre; la provocada por las elecciones generales del domingo y cuyos resultados definitivos se conocerán este lunes o martes. Aunque la tormenta ya está anunciada.

Hemos perdido. Eso es seguro”, comentaba un militante del progresista Partido Democrático (PD) sobre las once de la noche, sin estar todavía convencido del porcentaje por el que su partido había sido derrotado y con su líder, Matteo Renzi, todavía reunido con los suyos, lejos de los periodistas, en una sala de la sede del partido en el centro de Roma.

La instantánea chocaba con la situación del hotel Parco dei Principi de Roma, donde el Movimiento Cinco Estrellas había organizado su cuartel general y donde, sobre la medianoche, se empezaron a escuchar gritos de alegría. Unos 400 periodistas asistían, incrédulos, a las primeras proyecciones del voto que colocaban al M5S como el partido más votado de Italia. Ni las declaraciones xenófobas, ni los escándalos de masones o las investigaciones contra las alcaldesas de Roma y Turín -ambas del M5S-, parecían haberle pasado factura a la formación, según los primeros datos. Clave había sido, decían los sondeos, el voto de protesta del sur de Italia.

Alessandro Di Battista, uno de los más extrovertidos diputados de la formación, habló de un triunfo “apoteósico”. Alfonso Bonafede, otro líder, lo consideró “extraordinario e histórico”, dijo, omitiendo que los primeros datos no le daban a ningún partido el porcentaje de votos necesarios para formar un gobierno en solitario. Algo que implicará emprender difíciles negociaciones entre los partidos para encontrar una salida a la situación, que deberá gestionar el septuagenario presidente Sergio Mattarella.

La novedad es que ahora todos deberán hablar con nosotros. Todos. Esa es la garantía para nuestros ciudadanos”, consideró Di Battista, el de M5S.

El nuevo sistema electoral ha provocado que algunas papeletas hayan tenido que ser retiradas por fallos en los nombres

Igualmente ruidosa era la celebración en la sede de la xenófoba Liga de Matteo Salvini, el otro gran vencedor de la noche. “Mi primera palabra: ¡Gracias!”, tuiteó poco después de la medianoche. “Si Salvini supera a Berlusconi, para la Liga, se tratará de la mayor victoria lograda desde que integran la coalición del centroderecha”, explicaba el politólogo Aldo Paparo, en declaraciones a esta periodista.

Más silencioso, en cambio, resultó en un primer momento Silvio Berlusconi, el líder de Forza Italia, quizá desolado por el ‘sorpasso' de Salvini. En Milán ambos esperaron que transcurriera el voto y, después, el escrutinio. Todo ello, sin que faltaran las notas de color, como cuando, estando Berlusconi en su colegio electoral para votar (la escuela Dante Alighieri de Milán), una activista del colectivo femenino Femen se subió a un mesa con un mensaje escrito en sus pechos. “Has caducado”, se leía, en referencia a los 81 años de edad del ex primer ministro y en protesta por las discriminaciones contra mujeres y los feminicidios, un tema que estuvo prácticamente ausente durante la campaña electoral. “No la he oído bien. Pero era una chica guapa”, respondió él, un poco más tarde.

Culminó así una jornada que también estuvo marcada por varios percances en los colegios. En Santa Marinella, un pueblo en la región del Lacio, el cierre de un colegio electoral colapsó las otras sedes electorales. En el barrio romano de Parioli, algunas papeletas electorales mal escritas ocasionaron que 36 ciudadanos fueran llamados nuevamente a ejercer su voto. En Palermo, Sicilia, las urnas abrieron con retrasos en 200 colegios electorales, como también ocurrió en la provincia de Alessandria, en la norteña región de Piamonte, donde se suspendió la votación durante dos horas.

Los retrasos se debieron al nuevo sistema electoral, un dispositivo antifraude que los responsables de las mesas tenían que controlar antes de meter las papeletas en las urnas. Tanto así que Matteo Salvini, el de la Liga, no desperdició la oportunidad para criticar al saliente Gobierno del progresista Paolo Gentiloni. "¡No es posible que uno tarde una hora para votar. Alguien hizo mal su trabajo en el ministerio de Interior”, zanjó, para después despedirse de los escrutadores con un “nos vemos”.

Uno de ellos le respondió: “quizá dentro de tres meses”. Se refería a la posibilidad de que ningún partido logre formar gobierno y el presidente decida convocar nuevas elecciones. Pase lo que pase, “Italia probablemente se quedará sin gobierno por semanas, incluso meses”, comentaba un analista.

Pocos saben cómo salir del atolladero en el que se ha metido Italia. Las opciones son un ejecutivo integrado por partidos de bandos distintos, uno técnico u otro que sea temporal y sirva para convocar nuevos comicios. “He sentido el mismo clima que hubo antes (de la victoria) de Trump. Italia es crucial para que ganen los populismos”, había comentado, hace pocos días, Steve Bannon, el antiguo jefe estratega del presidente de EEUU y quien desde hace casi una semana se encuentra en Italia.

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