nuevo sistema electoral y baja participación

Elecciones en Italia: el fin del bipartidismo anuncia el inicio de la incertidumbre

Italia vota con una previsión de participación inusualmente baja y con el riesgo de que ningún partido logre una mayoría suficiente. El nuevo sistema electoral favorece a las pequeñas formaciones

Foto: La alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, y el cómico y político Beppe Grillo participan en el acto de clausura de la campaña electoral del partido M5S en Roma. (EFE)
La alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, y el cómico y político Beppe Grillo participan en el acto de clausura de la campaña electoral del partido M5S en Roma. (EFE)

Italia afrontará este domingo sus elecciones generales más inciertas, con un alto porcentaje de indecisos, una previsión de participación inusualmente baja y el riesgo de que ningún partido logre una mayoría suficiente para formar gobierno. Un panorama que inquieta a los principales países de la Unión Europea (UE), puesto que del resultado final depende el empuje que necesita el proyecto de la Europa a dos velocidades que promueven Angela Merkel y Emmanuel Macron.

Un camino que, hasta ahora, ha garantizado el Partido Democrático (PD), la formación que ha gobernado Italia desde las elecciones de 2013. Testigo han sido los encuentros del primer ministro italiano, el progresista Paolo Gentiloni, con Merkel y Macron, así como la cumbre del pasado 10 de enero en Roma entre los países Eumed (Italia, Francia, España, Chipre, Malta, Grecia y Portugal), que sirvió para consensuar posiciones frente al Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), más reacios a aceptar lo decidido en los despachos de la UE.

Un partido, el PD, que deja un país con una economía que ha empezado a crecer de nuevo (un 1,6 % en 2017, según la OCDE), con un millón de nuevos puestos de trabajo y 25.000 millones de euros de recuperados de evasión fiscal. Eso, además de la aprobación de la ley que endurece las normas contra los feminicidios, el testamento biológico y la introducción en el Código Penal del delito de tortura, entre otras medidas.

Unos logros que, según los sondeos, no han servido para conquistar a un electorado que durante la campaña ha mirado con creciente interés al Movimiento Cinco Estrellas (M5S), que nunca ha gobernado a nivel nacional y de posturas ambiguas sobre el euro y la UE. Y a Silvio Berlusconi que, en 2011, abandonó anticipadamente el poder después de que la UE solicitase su salida, por la incapacidad de su Ejecutivo de afrontar la crisis y controlar la prima de riesgo.

En todo caso, la decisión está en manos de los indecisos que alcanzan un promedio de un 30 %, lo que representa a unos 10 millones de personas. A ellas se suman los que no irán a votar, un colectivo que podría sumar el 34 % de los votantes en estos comicios, según los sondeos.

"En los últimos años, han aparecido dos fenómenos. Uno es que los electores han empezado a pensar que lo que ellos votarán no tiene ningún peso en las decisiones poselectorales. El segundo es la creencia de que los partidos son todos iguales, 'una casta'. Esto es lo que ha generado un sentimiento de rechazo ante las citas electorales", ha opinado el analista Antonio Pilati, autor de una investigación sobre el asunto. "Las encuestas nos dicen que el abstencionismo alcanzaría un tercio del electorado, bastante más que el 23 % de los que no fueron a votar en las últimas generales", ha añadido.

En este clima de incertidumbre, este domingo alrededor de 46,6 millones de electores residentes en Italia acudirán a las urnas, que permanecerán abiertas desde las siete de la mañana hasta las once de la noche, cuando empezará el escrutinio (y se abrirán también los votos de 4,1 millones de italianos residentes en el extranjero, que ya han votado). Y lo harán con un sistema electoral nuevo, bastante complicado, que mezcla una elección proporcional con el mayoritario, premia las coaliciones y fija el 3 % como el techo mínimo para ingresar en ambas cámaras del Parlamento, algo que favorece a las pequeñas formaciones.

Se cierra así una campaña que se ha centrado en la seguridad pública y en la ficticia "invasión" de inmigrantes, argumento promovido en particular por la xenófoba Liga de Matteo Salvini y el M5S. Una situación que ha empeorado tras que a comienzos de febrero un simpatizante de la Liga disparase contra seis inmigrantes africanos. Todo ello, sumado a una serie de enfrentamientos y actos de violencia entre colectivos de la extrema derecha y de la izquierda radical que se han desarrollado en los pasados días, y al escándalo de los parlamentarios del M5S que no devolvieron el dinero que habían prometido.

Un sistema electoral nuevo mezcla una elección proporcional con el mayoritario, premia las coaliciones y fija el 3 % como el techo mínimo para ingresar en ambas cámaras

En todo caso, el porcentaje mínimo para lograr una mayoría estable en el Parlamento será el 40 % de los votos del sistema proporcional y el 70 % del sistema mayoritario, unas cifras que, según la gran mayoría de los sondeos y observadores, ningún partido obtendrá. Algo que implicará que las principales formaciones emprendan una difícil negociación poselectoral, con el objetivo de formar un gobierno de coalición, uno técnico o un gobierno interino para celebrar nuevas elecciones.

"Por el sistema electoral, la coalición con más probabilidades de ganar es el centro-derecha, pero es difícil que lleguen al porcentaje necesario para gobernar en solitario", opina el politólogo Roberto D'Alimonte, en referencia a esta coalición integrada por Forza Italia, la Liga y la derechista Hermanos de Italia. Un grupo opuesto a la coalición de centro-izquierda, formada por el PD y los centristas Insieme y Civica Popolare (creada por la hasta ahora ministra de Salud, Beatrice Lorenzin), junto con el movimiento +Europa de la radical Emma Bonino.

Una mujer sujeta un cartel de apoyo al candidato para primer ministro Matteo Salvini durante un mitin electoral en Roma. (EFE)
Una mujer sujeta un cartel de apoyo al candidato para primer ministro Matteo Salvini durante un mitin electoral en Roma. (EFE)

Italia para los Italianos vs. Poder al Pueblo

Además de los grandes partidos y coaliciones, se presentan también una decena de partidos de lo más variopinto. En el frente de la extrema derecha, están la mediática CasaPound e Italia para los Italianos, integrado por los ultraderechistas Forza Nuova y Fiamma Tricolore. De una escisión de la Liga ha nacido además Gran Norte, que agrupa a los que no querían que Salvini promoviese una visión del partido más nacional y menos norteña. Y otro es el caso —que ha provocado indignación en las circunscripciones de los italianos en el exterior— de Free Flights to Italia (Vuelos Gratis a Italia), cuyo líder es un oscuro empresario italiano, Giuseppe Maccario.

En el bando de izquierda, en cambio, están Libres e Iguales, nacido de un grupo de izquierdistas que abandonaron el PD, Poder al Pueblo, un colectivo mayoritariamente femenino y anticapitalista que fue creado hace tres meses y ha cobrado cierta visibilidad, así como Izquierda Revolucionaria y el Partido Comunista, cuyo objetivo es poner fin al capitalismo. También integran un grupo de partidos 'étnicos': Sudtiroler Volkspartei, la formación creada en 1945 por la minoría alemana de Tirol del Sur/Alto Adigio y el Front Furlan (Frente Friuliano), un colectivo de autonomistas de la región de Friuli-Venecia Julia, en el extremo noreste de Italia. Y el partido Siamo, fundado por Dario Miedico, un médico inhabilitado por sus ideas antivacunas.

La lista la integran 10 Volte Meglio (10 Veces Mejor), integrado por un grupo de empresarios y profesionales que quieren que los italianos sean felices, y el Partido del Valor Humano, que clama por una moneda paralela al euro, así como varias formaciones ligadas a los italianos en América Latina y en Europa. También tienen presencia la antigua Democracia Cristiana, el Pueblo de la Familia, un grupo católico contrario al aborto, y el Bloque Nacional para las Libertades, que pide el regreso de la monarquía, así como otra decena de partidos que no tienen pocas o ninguna posibilidad de ganar escaños.

Mattarella, el árbitro

En todo caso, el árbitro de esta segunda fase será Sergio Mattarella, el presidente de la República. A él le tocará mediar entre los partidos ganadores tras el voto, de manera que se proceda a la formación de un gobierno. Una tarea que se anuncia titánica. Por una parte, el Movimiento Cinco Estrellas se ha mostrado mayoritariamente hostil a la idea de asociarse con otros partidos. Por otra, Silvio Berlusconi y Matteo Renzi han declarado que prefieren volver a votar si ninguna coalición obtiene un resultado suficiente para gobernar en solitario.

En este enredado escenario, "la solución preferida por la Unión Europea —según el analista Pilati— es la de un gobierno técnico". Aunque tampoco se descarta completamente la hipótesis de un gobierno integrado por el PD, Forza Italia y quizá alguna otra formación centrista, solución que no desdeñan por completo los electores de ambas formaciones.

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