"EUROPA PASA POR ALTO LA INFLUENCIA DE PEKÍN"

Así es cómo China busca dividir (a medias) la Unión Europea

Presiones económicas, propaganda en medios, centros para influir en la ciudadanía... son los mecanismos de Pekín para influir en la UE. "El PCC entiende que debe influir en el discuro global"

Foto: El presidente chino Xi Jinping a su llegada al aeropuerto Vnukovo de Moscú para una visita de Estado. (Reuters)
El presidente chino Xi Jinping a su llegada al aeropuerto Vnukovo de Moscú para una visita de Estado. (Reuters)

Presiones económicas para dividir la Unión Europea y acallar voces críticas; inclusión de propaganda en prestigiosos periódicos europeos; creación de nuevos centros de investigación para influir en la opinión pública o posibles injerencias en la vida de la diáspora local.

Estos son algunos de los métodos con los que el Gobierno chino busca influir la opinión pública y las decisiones políticas de la Unión Europea, e incluso fomentar divergencias entre líderes europeos. Así lo afirma un estudio publicado la semana pasada por el Instituto de Políticas Públicas Globales (GPPI, en inglés) y el Instituto Mercator para Estudios Chinos (MERICS, en inglés), ambos con sede en Alemania.

Pese a la creciente ansiedad acerca de las injerencias del Kremlin en las democracias occidentales, el documento pretende lanzar un aviso acerca de la influencia del Estado chino sobre la Unión Europea, que puede acabar teniendo mayor relevancia a largo plazo. “Europa pasa por alto la creciente influencia de China bajo su cuenta y riesgo”, advierte el informe.

Oportunidad financiera

Sin duda, el arma más prominente del Partido Comunista de China (PCC) para alcanzar sus fines es su músculo financiero. Aprovechando la crisis financiera global y las duras recetas de austeridad de Bruselas, Pekín ha aumentado su inversión en Europa a través de proyectos como ‘una franja y una ruta’, que promueve la creación de infraestructuras a lo largo de la antigua Ruta de la Seda y el Océano Índico, o la iniciativa 16+1, que busca impulsar la cooperación entre China y 16 países de Europa Central y Oriental, incluidos once estados miembros de la Unión Europea, como Polonia, Rumanía o Hungría.

La inversión total de China a través del 16+1 superó en 2017 los 7.300 millones de euros, según recogía la agencia estatal Xinhua.

Aquellos estados miembros de la UE que quieren atraer inversiones y, al mismo tiempo, dar su opinión sobre algunas de las prácticas chinas más problemáticas, se encuentran en una situación delicada”, explica Jan Gaspers, director de la unidad de análisis de política europea sobre China en MERICS, y uno de los autores del informe.

El documento recuerda distintos casos recientes en que la UE ha sido incapaz de actuar de forma coordinada ante China en cuestiones como la defensa de los derechos humanos o la protección del derecho internacional, debido a la oposición interna de países como Hungría o Grecia, beneficiarios de la inversión del gigante asiático.

“El PCC ha entendido que no sólo puede actuar en China, sino que tiene que influir en el discurso público global, neutralizando a las voces críticas”

Los expertos afirman que, aunque a China no le interesa destruir el mercado único, sí que busca explotar fallas políticas entre los estados. “Una Unión Europea más dividida es menos capaz de desafiar a China en cuestiones como los derechos humanos”, explica Steve Tsang, director del Instituto de China de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de la Universidad de Londres.

En ese sentido, Tsang cree que es importante que la UE “conserve sus propios valores” a la vez que mantienen intercambios comerciales “con el Gobierno de China y otros países autoritarios”.

“Para mantenerse en el poder, el PCC ha entendido que no sólo puede actuar dentro de China, sino que tiene que influir también en el discurso público global, neutralizando a las voces críticas”, subraya Andreas Fulda, experto en relaciones entre la UE y China de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido.

El 'premier' chino Li Keqiang a su llegada a una cumbre China-UE en Bruselas, en junio de 2017. (Reuters)
El 'premier' chino Li Keqiang a su llegada a una cumbre China-UE en Bruselas, en junio de 2017. (Reuters)

Modelo político a exportar

Pero, según el estudio, el ascenso chino no sólo dificulta la integración europea, sino que también promueve un modelo político alternativo al de las democracias occidentales, guiado por un mayor autoritarismo.

Se trata una propuesta que puede resultar atractiva en países en vías de desarrollo, pero también entre gobiernos populistas y de tendencias autoritarias, como en el caso de Polonia o Hungría.

“Estamos viendo a China pasando a la ofensiva. China está propagando su propio modelo político y económico, especialmente en países en vía de desarrollo. Observamos una competición sistémica, donde un modelo liderado por el Estado compite con el orden liberal democrático y, por supuesto, esto resulta mucho más fácil para China si el modelo occidental parece menos convincente, y Occidente menos unido”, explica Gaspers, de MERICS.

Sin embargo, otros investigadores no comparten esta visión. Mario Esteban, experto en RRII de Asia Orietal del Real Instituto Elcano, rechaza una visión “maniquea” y “de Guerra Fría” de las relaciones entre ambas regiones, y recuerda que “todos los países que pueden” buscan influir en otras regiones a través de “la diplomacia pública”.

China es un elemento menor dentro de los distintos intereses que dividen los estados miembros”, dice Esteban.

Amenaza para el mundo académico

Además de su influencia en círculos políticos, durante los últimos meses ha aumentado el temor en relación a la presión que puede ejercer el Gobierno chino sobre la sociedad civil y el mundo académico. En Australia, el Ejecutivo presentó el pasado diciembre nuevas medidas para frenar interferencias políticas extranjeras, después que distintos escándalos expusieran la relación entre un empresario próximos al PCC y políticos australianos. El país también analiza la posible influencia de Pekín sobre grupos de universitarios chinos que residen en Australia, recogía la BBC.

Del mismo modo, el director del FBI, Christopher Wray, advirtió la semana pasada de la presencia de operativos al servicio del Gobierno chino en Estados Unidos, especialmente en “el mundo académico”, según informaba ‘Business Insider’. “Están explotando el marco de investigación y desarrollo abierto que tenemos”, aseguró Wray. El ‘Global Times’, uno de los periódicos estatales de China, tildaba la creciente suspicacia hacia China de “McCartismo” y de “absurda a nivel lógico”.

Un hombre posa con una bandera estadounidense y otra china en Queens, Nueva York. (Reuters)
Un hombre posa con una bandera estadounidense y otra china en Queens, Nueva York. (Reuters)

Las advertencias de Wray también fueron criticadas por asociaciones de ciudadanos chino-americanos. El destacado ‘Comité de los 100’, que cuenta con miembros como el arquitecto I.M. Pei o Steve Chen, cofundador de Youtube, resaltaba que sospechar de un grupo de personas “puramente basándose en su etnia o origen nacional”, y sin “pruebas o datos” ataca la “presunción de inocencia” y “aviva las llamas de la histeria”.

“En la Unión Europea no actuamos en base a sospechas, debemos contar con pruebas sólidas primero”, recalca Steve Tsang, preguntado sobre posibles casos similares en universidades de la UE.

Por otra parte, Andreas Fulda, de la Universidad de Nottingham, asegura que la adscripción de Institutos Confucio, centros de promoción cultural china financiados por Pekín, a distintas universidades europeas pueden acabar sofocando voces críticas en el debate académico. Del mismo modo, el experto alerta sobre la presencia de grupos de estudiantes y académicos afiliados a la Asociación de Estudiantes y Académicos Chinos, que en algunos casos “han sido instrumentales en promover los objetivos del PCC”. Fulda advierte que no se debe generalizar sobre estas organizaciones, pero pide “una mayor transparencia”, y advierte del peligro que los estudiantes chinos “sientan que no pueden hablar libremente” en el aula.

Según recoge el informe de MERICS Y GPPI, en España existen 21 grupos de este tipo, mientras que Francia cuenta con 50, y Reino Unido con 91.

Ideas restringidas

Para hacer frente a posibles injerencias chinas, MERICS y GPPI proponen que la Unión Europea utilice su peso colectivo para negociar bajo una posición de ventaja con Pekín, e implemente un nuevo mecanismo para frenar las adquisiciones chinas de compañías “de interés público”, similar al propuesto por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, el septiembre pasado. “Para sociedades abiertas, es difícil lidiar con estos problemas [la influencia de China sobre la Unión Europea]. China, por otra parte, restringe el acceso a ideas, capital y actores extranjeros”, comenta Gaspers, de MERICS.

“Al mismo tiempo, la apertura política, económica y social de Europa brindan ciertas ventajas, como el periodismo crítico, o los ‘think tanks’ centrados en investigar las influencias políticas. Cuanto más se debatan estos temas, más serán disuadidos los actores estatales chinos”, asegura el experto.

A su vez, Andreas Fulda percibe un momento de cambio en las relaciones entre China y la Unión Europea, marcado por un giro hacia “un mayor realismo” después de numerosas “malas experiencias” en los intercambios empresariales, políticos, humanitarios o académicos. El analista espera ahora que la UE muestre una postura “más asertiva” ante las presiones del Gobierno chino, siempre evitando una campaña de discriminación contra personas de origen chino.

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