la ultraderecha saca tajada del bloqueo

Agonía para una gran coalición: Merkel y Schulz prolongan un día las negociaciones

Conservadores y socialdemócratas apuran las horas para lograr un acuerdo que saque a Alemania del bloque político y que no los deje a los pies de los caballos

Foto: La canciller alemana Angela Merkel durante una comparecencia antes de la última ronda de negociaciones. (Reuters)
La canciller alemana Angela Merkel durante una comparecencia antes de la última ronda de negociaciones. (Reuters)

Van a la prórroga. Los conservadores de la canciller alemana Angela Merkel y los socialdemócratas de Martin Schulz decidieron este domingo, tras una semana de intensas negociaciones, darse un día más de plazo para cerrar un acuerdo de gran coalición que no acaban de cuadrar. En principio estaba previsto que se cerrasen las conversaciones, pero los socialdemócratas pelean porque se reconozcan dos reivindicaciones suyas en los ámbitos de la seguridad social y los contratos temporales.

Estaba previsto, pero no por eso deja de dar la impresión de proceso agónico. Conservadores y socialdemócratas habían contemplado desde el día en que trazaron la hoja de ruta de esta fase de negociaciones que, en caso de disensos, se podrían alargar los contactos hasta dos días. No obstante, se contaba con no tener que recurrir a esta prórroga en un proceso que arrancó hace ya cuatro meses y cuya culminación, en el mejor de los casos, no llegará hasta marzo.

La canciller destacó al llegar a la última sesión de contactos que, pese a la "buena voluntad" de las partes, estaban frente a unas "difíciles negociaciones". "Hemos trabajado bien hasta ahora, pero todavía quedan puntos importantes que tienen que ser aclarados", reconoció. Martin Schulz, presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), aseguró por su parte que su partido no ponía "líneas rojas" pero sí que quería "políticas rojas" en el contrato de gobierno de esta nueva gran coalición. Y ahí es donde se han atascado. Los disensos persisten tan sólo en dos ámbitos. Dos propuestas socialdemócratas con las que los conservadores no parecen dispuestos a tragar. La primera es la de endurecer las condiciones de los contratos temporales. La segunda es una reforma legal para igualar ciertas condiciones de la seguridad social y la sanidad privada.

Pese a las diferencias, se da por hecho que las partes se pondrán de acuerdo. El coste de no hacerlo sería demasiado alto. Tanto Merkel como Schulz se han visto muy perjudicados por la incertidumbre de los últimos meses y una salida en falso no beneficia a ninguno de los dos. El fracaso forzaría a Merkel a formar un gobierno en minoría que desde el primer momento ha rechazado. Y probablemente la canciller optaría por convocar elecciones anticipadas en pocos meses. En este contexto, tanto Merkel como Schulz tendrían serios problemas para volver a postularse como candidatos.

El acuerdo, pese a ser un elemento clave para salir del atolladero, no es el paso final. Queda el referéndum vinculante al que el SPD va a someter el texto del contrato de gobierno. Sus 440.000 militantes deberán votar si están de acuerdo con las condiciones. En un principio la dirección del SPD pensó que, como sucedió en 2013, los afiliados darían luz verde al acuerdo sin dificultades, aunque no estuviesen totalmente de acuerdo con los detalles, por las repercusiones para el partido de un 'no'. Pero ahora no las tienen todas consigo. En las últimas semanas se ha gestado lo que algunos conservadores han dado en llamar la "revolución de los enanos". La abierta oposición a la gran coalición de los sectores del partido más a la izquierda, encabezados por las Juventudes Socialdemócratas (Jusos). El resultado de la consulta es ahora incierto.

El viaje hasta este acuerdo ha sido tortuoso. Las elecciones generales se celebraron hace ya más de cuatro meses y desde entonces Alemania ha atravesado una fase de bloqueo político e incertidumbre como nunca se había vivido en el país desde que se conformó el actual sistema tras la II Guerra Mundial. Primero Merkel trató de formar gobierno con los liberales y los verdes. Pero tras cinco semanas de contactos en los que las cesiones estaban desangrando a todas las partes, los liberales abandonaron el barco.

La canciller se volvió entonces hacia los socialdemócratas, que tras el batacazo en las urnas habían anunciado que marchaban a la oposición a renovarse. La presión hizo que la dirección del SPD diese un giro de 180 grados que ha quebrado su credibilidad (y quizá sus opciones de supervivencia a largo plazo). El partido respaldó el bandazo en un congreso extraordinario, pero sólo con un 56% de los votos. Así de partida está la formación más veterana de Alemania.

Los únicos ganadores de estos cuatro caóticos meses en Alemania son los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) y Los Verdes. Y por razones bien distintas. Los segundos, porque mostraron responsabilidad de Estado y capacidad para alcanzar compromisos. AfD, con su populismo xenófobo y nacionalista, está pescando en río revuelto. Los sondeos le otorgan ahora casi dos puntos porcentuales más que en las elecciones se septiembre, en torno al 14%. Además, el acuerdo entre las dos primeras formaciones en el Bundestag les coloca como líderes de la oposición. Esto significa más visibilidad, mayor financiación y una serie de privilegios protocolarios. Serán ellos quienes den la réplica en el parlamento a la canciller después de una declaración de gobierno. Tendrán derecho a presidir la Comisión de Presupuestos del parlamento.

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