Narcotráfico: Venganzas criminales con granadas: qué hay detrás de la ola de atentados en Suecia. Noticias de Mundo
el arsenal procede de la antigua yugoslavia

Venganzas criminales con granadas: qué hay detrás de la ola de atentados en Suecia

Bandas organizadas a menudo compuestas por jóvenes de origen migrante utilizan armamento de guerra para saldar sus cuentas y amedrentar a sus rivales. Cada vez más, los policías son su objetivo

Foto: Agentes de policía montan guardia fuera de un edificio afectado por un ataque con granada en Malmö, el 21 de enero de 2018. (Reuters)
Agentes de policía montan guardia fuera de un edificio afectado por un ataque con granada en Malmö, el 21 de enero de 2018. (Reuters)

Hace unos 200 años que Suecia no sufre ningún conflicto armado en su territorio. Sin embargo, el creciente uso de granadas de mano entre las bandas criminales ha puesto en alerta a la población. El pasado 7 de enero, un hombre fallecía en un suburbio de Estocolmo tras recoger uno de estos artefactos del suelo; diez días más tarde, otro explosivo detonaba junto a una comisaría de policía. Y este fin de semana, un grupo de desconocidos lanzó otro contra un apartamento en Gotemburgo, en la costa oeste del país.

Son solo los últimos episodios de un fenómeno que viene repitiéndose desde hace algunos años. Según las estadísticas, entre 2010 y 2016 hubo 77 ataques con granadas, de los que 55 terminaron en explosión. Un arma normalmente relacionada con países en guerra que se ha puesto de moda entre los grupos de delincuentes suecos, muchos de ellos integrados por jóvenes migrantes que se dedican al narcotráfico o al proxenetismo en los barrios más pobres de las principales ciudades.

Los ajustes de cuentas y las recientes luchas por el control del territorio se han traducido en un creciente número de tiroteos y lanzamientos de granadas. Aunque la intensificación de la acción policial también ha conllevado un significativo aumento de los ataques contra los agentes del orden en estos últimos meses.

Según los investigadores, gran parte de este insólito arsenal procede de la antigua Yugoslavia. Es barato y fácil de conseguir y las bandas lo utilizan principalmente como amenaza, aunque, en varios episodios, parece probado que su objetivo era matar. Estas granadas, además, suponen un riesgo añadido para la población por las dudosas condiciones en que han sido almacenadas.

Vista de los daños en una comisaría de policía en Helsingborg atacada con una bomba, el 17 de octubre de 2017. (Reuters)
Vista de los daños en una comisaría de policía en Helsingborg atacada con una bomba, el 17 de octubre de 2017. (Reuters)

Ley y orden en año electoral

El Gobierno ha propuesto varias medidas para tratar de acabar con esta situación. Por un lado, se quiere cuadruplicar la pena mínima para todos aquellos que sean detenidos con una granada en su poder. Y, al mismo tiempo, se ha propuesto una especie de amnistía para todas aquellas personas que decidan entregar voluntariamente estas pequeñas bombas a la policía. Los criminales que den el paso deberían verse libres de cualquier tipo de cargo. Una medida que ya se ha llevado a cabo con éxito en el pasado con otro tipo de armas, pero que nunca se había probado en el caso de las granadas.

Suecia afronta en 2018 un año electoral. Y, con los comicios generales previstos para septiembre, está claro que la ley y el orden serán uno de los temas centrales durante la carrera electoral.

En esta clave se lee la reciente propuesta del primer ministro socialdemócrata, Stefan Lofven, que hace unos días no descartaba sacar a la calle a los militares para intentar atajar el problema de las bandas. "No sería mi primera opción sacar al ejército, pero estoy preparado para hacer lo que sea necesario para garantizar la eliminación del crimen organizado", declaró a la agencia TT. Y, en respuesta a la insistente petición de las fuerzas del orden, que llevan años pidiendo más recursos, el Gobierno también inyectará unos 7.100 millones de coronas (más de 720 millones de euros) hasta el año 2020, además de acceder a endurecer los castigos para delitos cometidos con armas y darles mayor libertad para vigilar llamadas y correos electrónicos.

Lo cierto es que los suecos están cada vez más preocupados por la creciente inseguridad. Según los últimos datos hechos públicos por el Consejo Estatal sobre la Prevención del Crimen (Brå), el incremento de la delincuencia inquieta a casi un tercio del país (29%), cuatro puntos más que el año pasado. Y el hecho de que muchos de estos crímenes, sobre todo los relacionados con las bandas, los cometan inmigrantes o hijos de inmigrantes, alimenta el discurso de los Demócratas de Suecia, un partido contrario a los extranjeros. "Hay personas asesinadas a tiros en pizzerías, otros mueren tras coger una granadas de mano que encuentran por la calle. Esta es la nueva Suecia; el nuevo y emocionante paraíso dinámico y multicultural", proclamaba con sarcasmo hace unos días Jimmie Akesson, líder de esta formación.

Perímetro policial en la estación de metro de Varby Gard donde un hombre murió tras la explosión de una granada que había recogido creyendo que era un juguete. Estocolmo, 7 de enero de 2018. (Reuters)
Perímetro policial en la estación de metro de Varby Gard donde un hombre murió tras la explosión de una granada que había recogido creyendo que era un juguete. Estocolmo, 7 de enero de 2018. (Reuters)

Un problema de integración

Con un total de 43 fallecidos por armas de fuego y más de 300 tiroteos registrados en 2017, todo el mundo en Suecia reconoce que hay un problema. "El potencial de violencia que hemos visto en los suburbios de Estocolmo, en concreto Rinkeby, Tensta y Husby, y también en la ciudad de Malmö, es significativo. Las cosas evolucionan rápido cuando las redes criminales empiezan a dispararse entre ellas", admitía este fin de semana Dan Eliasson, el jefe de la policía nacional sueca, según recoge el diario digital 'The Local'. "Es difícil eliminar de golpe los homicidios, pero tenemos que hacer que el nivel caiga considerablemente", añadió.

Si bien la alarma social es elevada, lo cierto es que la tasa de criminalidad en el país escandinavo no es de las más altas a nivel internacional. Como el resto de Europa, Suecia se sitúa a años luz de los varios miles de muertos anuales por armas de fuego de Estados Unidos y también registra menos que países vecinos, como Portugal, Italia o Irlanda. Las muertes por causas violentas en Suecia, de hecho, han disminuido desde los años noventa. Sin embargo, nadie puede negar que el fenómeno de los tiroteos y ataques con granadas está en auge. Y el hecho de que el problema se circunscriba a los barrios más excluidos socialmente y ataña, principalmente, a jóvenes inmigrantes añade fuego al debate.

Aunque no falta quien lo vincula a la llegada masiva de refugiados de estos últimos años, el problema es más lejano y se remonta a los que llegaron al país a lo largo de las últimas décadas y que no han conseguido integrarse. En los barrios más conflictivos, por ejemplo, la tasa de paro alcanza el 30 o incluso el 40%, frente al escaso 5 o 6% nacional. Esto lleva a algunos a caer en la criminalidad. Les da dinero, un modo de vida y también un estatus.

Quienes más sufren la violencia que se deriva de ello, de hecho, son los vecinos de estos barrios. Uno de los episodios más tristes fue la muerte en agosto de 2016 de un niño de ocho años de origen africano, que falleció después de que alguien lanzara una granada contra el apartamento en el que estaba.

Más reciente es la trágica muerte de un hombre de 63 años, que el pasado 7 de enero había salido a pasear en bicicleta y cogió una granada del suelo pensando que era un juguete. Poco después, el artefacto explotaba acabando con su vida e hiriendo a una mujer. Ocurrió junto a la estación de metro de Vårby gård, en uno de los llamados guetos de Estocolmo. Una historia que ha causado impresión en una población que quiere seguir saliendo a la calle sin poner en riesgo su vida.

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