El partido, en una encrucijada vital

El SPD dice sí a Merkel para resolver una encrucijada sin salidas favorables

Casi con toda probabilidad se reeditará en Berlín una nueva gran coalición. La decisión tendrá secuelas para los socialdemócratas y para toda Alemania

Foto: Martin Shulz, en el centro. (Reuters)
Martin Shulz, en el centro. (Reuters)

El Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) dijo este domingo sí a Angela Merkel. Un congreso ha dado luz verde a la dirección para negociar una alianza con los conservadores. Con casi total seguridad se reeditará la coalición de la legislatura pasada. La niebla de la incertidumbre se disipará en gran medida en las próximas semanas. Pero la decisión tendrá secuelas. Es probable que los dos grandes partidos sigan con su sangría de votos y lo más seguro es que los ultraderechistas de Alternativa para Alemania (AfD) se beneficien del acuerdo.

La decisión ha estado reñida hasta el último momento. Los votos se han tenido que contar uno a uno en el congreso extraordinario celebrado en Bonn. Finalmente, 362 de los 642 delegados del SPD, apenas un 56,4% han votado a favor de buscar una nueva gran coalición. Eso a pesar de los esfuerzos de persuasión y presión llevados a cabo por la dirección del partido en la última semana a la caza de cualquier indeciso. Martin Schulz, el presidente de los socialdemócratas, ha instado a los delegados a respaldarle en un discurso que se ha prolongado una hora.

(Reuters)
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La decisión era de todo menos sencilla. El partido se encuentra en una encrucijada vital -de una forma similar a otras formaciones socialdemócratas en Europa- y no había una alternativa buena. Decir sí a Merkel es prolongar el 'status quo' de los últimos cuatro años: la capacidad de implementar algunas políticas sociales, pero a costa de perder respaldo público y erosionar su imagen de marca. El SPD ya cosechó en las últimas elecciones sus peores resultados en unas generales ​(20,5%) y entre los votantes se entiende mal su repetido papel de socio minoritario de los conservadores. Merkel ha gobernado con los socialdemócratas en ocho de sus doce años al frente de Alemania.

Decir no a una nueva gran coalición, como pedían las Juventudes Socialdemócratas (Jusos) y algunas federaciones regionales, no hubiese salido gratis tampoco. En un momento de gran debilidad para el partido, Schulz y otros miembros de la dirección habrían tenido que dimitir por su claro posicionamiento a favor de la gran coalición. Además había grandes posibilidades de que se convocasen nuevas elecciones, que habrían pillado al SPD hundido, desorientado y sin líderes. Además, el votante alemán medio percibiría en ese contexto al partido como el responsable de la inestabilidad y le habría castigado en las urnas.

Pese a que este domingo se ha superado el punto crítico para la formación de una nueva gran coalición, tampoco se puede afirmar que la crisis institucional se haya resuelto completamente. Quedan una serie de etapas aún que hay que quemar con éxito. Ahora el bloque conservador que lidera Merkel, la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la bávara Unión Socialcristiana (CSU), entrarán en una negociación con los socialdemócratas en base a lo pactado a principios de enero. Entonces ambas partes consensuaron un preacuerdo de 28 páginas que debía servir de base para la segunda fase de las negociaciones. A continuación, cuando se cierre el acuerdo de gobierno definitivo, la militancia del SPD deberá ratificar en referendo el texto. Se espera que, como sucedió en 2013, los más de 400.000 miembros del partido no se atrevan a tumbar el acuerdo. Aunque no les termine de convencer ni las medidas consensuadas ni los compañeros de viaje.

La ultraderecha se convertirá en el partido que lidere la oposición. La alianza de las dos grandes fuerzas le lleva a una situación privilegiada

Hay otro gran 'pero' a una nueva gran coalición. AfD se convertirá en el partido que lidere la oposición. Como tercera fuerza en el Bundestag con el 12,6% de los votos, la alianza de las dos primeras le lleva a una situación privilegiada. Obtendrá más visibilidad, mayor financiación y una serie de privilegios protocolarios. Serán ellos quienes den la réplica en el parlamento a la canciller después de una declaración de gobierno. Además, podrán seguir con su discurso de que los grandes partidos tradicionales son todos iguales y están minando Alemania en favor de las élites. Un gobierno débil y dividido, como podría tener el país en los próximos años, también beneficiaría a su discurso xenófobo, populista y nacionalista.

La decisión tiene además todos los ingredientes para seguir lastrando los resultados de los dos grandes partidos de Alemania desde la II Guerra Mundial. En las elecciones del año pasado sumaron apenas un 53% de los votos, cuando cuatro años de gran coalición antes habían cosechado un 67% de los escrutinios. De prolongarse esta tendencia, en la siguiente cita con las urnas podría ser que ya no se pudiese seguir hablando de gran coalición (en parte por la 'pasokización' del SPD). Más aún teniendo en cuenta que sus líderes, Merkel y Schulz, están quemados y -prácticamente- en la rampa de salida. La legislatura puede ser tormentosa si de uno y otro lado empiezan los embates de los potenciales sucesores.

Pese a todos los nubarrones que supone esta nueva gran coalición, la decisión del SPD es la mejor para la Unión Europea. Mejor un gobierno mediocre en Berlín que más meses de parálisis hasta que se celebren de nuevo elecciones. El preacuerdo de conservadores y socialdemócratas apuesta por avanzar en la integración de la eurozona, aunque tiene más retórica que medidas concretas. La formación de gobierno en Alemania servirá no obstante para que Berlín y París se pongan de nuevo a una a tirar del carro para reformar la Unión Económica y Monetaria. Cualquier avance, pese a las persistentes reticencias germanas, servirá para afianzar la estructura del bloque. Las carencias que evidenció la crisis de la deuda aún no han sido subsanadas.

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