LA UE GENERA 26.000 TONELADAS

¿Un impuesto europeo a los plásticos? Es un globo sonda… de momento

En los últimos 50 años, los plásticos se han convertido en una piedra angular. Son baratos, versátiles y resistentes. Tanto, que no se sabe cómo hacerlos desaparecer

Foto: Montañas de plástico junto a una planta de reciclaje en Berlín, Alemania. (EFE)
Montañas de plástico junto a una planta de reciclaje en Berlín, Alemania. (EFE)

La puesta en escena no podría haber sido mejor. Günther Oettinger, voz de Alemania en la Comisión Europea desde hace ocho años, dejó caer en una conferencia una idea: crear un impuesto a los plásticos en la Unión Europea. Muchos pares de cejas se alzaron. ¿Un impuesto europeo? ¿Con fines medioambientales?

Suena a quimera. Y, en parte, lo es. Pero también tiene sentido. La primera estrategia de la Comisión Europea sobre los plásticos, desvelada a principios de semana, no incluye la creación de ningún impuesto a este material. Para ser honestos, tampoco contiene ninguna otra medida tangible, sino más bien un objetivo aún siquiera asumido: que todos los envases plásticos sean reciclables o reutilizables en 2030.

Incluso el vicepresidente de la Comisión Europea, Jirky Katainen, ha expresado en público sus dudas sobre que un proyecto de este tipo sea viable. Pero Oettinger insiste en "su" proyecto. Afirma que ha tenido buena acogida entre sus colegas y que lo "analizarán en mayor profundidad".

"No podemos vivir sin ellos, pero pueden matarnos". Así lo plantea el vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans

Oettinger es conocido por sus salidas de tono, desde el "Apocalipsis" nuclear de Fukushima a sus comentarios racistas. Pero es consciente de que, en este asunto, tiene buenas cartas que jugar: es alemán, la UE necesita dinero y el plástico, sobre todo tras el reciente portazo de China a la basura extranjera, es un serio problema. Algo hay que hacer y aún no se sabe qué.

Amor-odio al plástico

"No podemos vivir sin ellos, pero pueden matarnos". Así de sencillo lo plantea el vicepresidente primero de la Comisión, Frans Timmermans. En los últimos cincuenta años, los plásticos se han convertido en una piedra angular de nuestras vidas. Son baratos, versátiles y resistentes. Tanto, que no se sabe cómo hacerlos desaparecer. Se reciclan poco. Y se reutilizan aún menos.

Varios operadores separan plásticos en una cinta transportadora de una planta de reciclaje en Berlín, Alemania. (EFE)
Varios operadores separan plásticos en una cinta transportadora de una planta de reciclaje en Berlín, Alemania. (EFE)

Una simple pajita olvidada en un césped tras un cumpleaños infantil puede seguir ahí cuando la niña homenajeada sea tatarabuela. Y lo peor de todo es que los plásticos no se "pudren", sino que se fragmentan en trozos microscópicos que al final acaban en todas partes. "Estamos respirando, bebiendo, microplásticos. Ya se encuentran en cada criatura, incluso en los icebergs del Ártico", avisa Timmermans.

En la UE, generamos cerca de 26.000 toneladas de basura plástica cada año. Menos de un tercio se recoge para reciclarla. Del 70% restante, buena parte se exporta a vertederos como los de China, que acaba de decidir que ya no va a ocuparse de más basura extranjera. La UE va a tener que gestionar sus propios desechos. Pero ¿qué hacer con ellos?

Bruselas cree que hay que apostar por fomentar el reciclaje y la reutilización, sobre todo de los envases, que conforman un 60% de los residuos plásticos. Ya se han dado algunos pasos tímidos, como prohibir un tipo de bolsas extremadamente finas que se rompían tras un solo uso. Pero una moratoria sobre todo el plástico es inviable.

Una simple pajita olvidada en un césped tras un cumpleaños infantil puede seguir ahí cuando la niña homenajeada sea tatarabuela

Se abre ahora un periodo en el que Bruselas tanteará el terreno. Primero entre las capitales. Algunas ya han exigido más ambición, como Estocolmo o Copenhague, líderes en reciclaje en la UE. Pero entre los colistas —Rumanía, los Bálticos o Malta— se observa con recelo los intentos europeos de "imponerles" lo que consideran costosas políticas verdes.

Aunque a la hora de hablar de dinero, la Comisión estima que con el modelo actual, la UE está tirando por la borda el 90% del valor del plástico. Un despilfarro que ha llegado a cuantificar: entre 70.000 y 105.000 millones de euros al año. La otra cara de la moneda es que fomentar las alternativas, el reciclado y la investigación es costoso. Bruselas prevé destinar 100 millones a investigar, una cantidad insuficiente por sí sola.

El multimillonario agujero británico

Algo que no le sobra a Bruselas en este momento es, precisamente, dinero. El Brexit va a dejar un agujero de 13.000 millones de euros anuales en el presupuesto comunitario. Una pérdida que se espera que cree tensiones entre los Estados miembros, a la hora de pactar las contribuciones y las partidas del próximo presupuesto comunitario.

(Reuters)
(Reuters)

Oettinger, encargado de las cuentas a nivel europeo, ya ha advertido de que los países tendrán que poner más dinero, pero que además será necesario apretarse el cinturón. La incertidumbre se ciñe sobre los proyectos de investigación cofinanciados desde Bruselas, pero también sobre las infraestructuras y proyectos de todo tipo alimentados con fondos europeos.

El comisario alemán apunta a otro modelo, hasta ahora tabú: encontrar nuevos modos por los que la UE pueda financiar directamente su presupuesto, sin depender por completo de los Estados miembros. Por ejemplo, con un impuesto a los plásticos. Problemas presupuestarios —derroche de plásticos—, impuesto sobre este material que alimenta el presupuesto. Todo un modelo alemán de "economía circular".

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