cortaron relaciones diplomáticas en 1951

El Vaticano de Francisco y la China de Xi se exploran tras 67 años de desencuentro

Mediante una serie de gestos conciliadores, ambos estados trabajan para restablecer relaciones diplomáticas. Pero en ambos bandos hay poderosos detractores del acercamiento

Foto: Católicos chinos toman parte en una misa clandestina en una iglesia de Tianjin, en marzo de 2014. (Reuters)
Católicos chinos toman parte en una misa clandestina en una iglesia de Tianjin, en marzo de 2014. (Reuters)

Primero fue el envío de artistas chinos al Vaticano; después la (primera) autorización a pasar por el espacio aéreo chino durante un viaje del Papa Francisco a Corea del Sur en 2014 y, en respuesta, un telegrama del Papa. Este mayo, el regalo “en nombre del pueblo chino” a Francisco de dos obras del pintor Zhang Yang. Y, ahora, el anunciado intercambio de 40 obras de arte (de cada lado) para exposiciones en sus respectivos museos a partir del próximo marzo.

Enfrentados por un conflicto que se gestó en el amanecer de la guerra fría y sin relaciones diplomáticas oficiales desde 1951, el Vaticano y China han abandonado la frialdad diplomática de antaño. Y, acto seguido, han generado un baile de gestos públicos de apertura y señales encontradas cuyo resultado es una distensión patente en la relación, que recuerda a la “diplomacia del ping-pong”, cuando el deporte preparó el terreno para que el entonces presidente Richard Nixon viajara a China en 1972. Aunque el clima, en este caso, sea todavía inestable.

“El principal obstáculo para que ambos países normalicen al fin su relación son los nombramientos de los obispos católicos en China, que Pekín se niega a que la Iglesia haga autónomamente. Pero una solución ya se ha estudiado y es que se pacte que el Vaticano presente una terna con los candidatos y luego el Gobierno chino decida sobre esos nombres”, ha explicado a El Confidencial una fuente conocedora del contencioso. “La Iglesia católica ya ha aceptado soluciones de este tipo, por ejemplo, durante el régimen de [Francisco] Franco en España. Falta que se llegue a un compromiso [con los chinos]”, ha añadido.

De hecho, en la actualidad, en China existen dos Iglesias. Una es la de la Asociación Católica Patriótica (nueve millones de fieles estimados), que creó y es la única que reconoce el Partido Comunista, mientras que la otra es la llamada clandestina (tres millones estimados), pues obedece al Papa y, por ello, no tiene autorización formal para ejercer en ese país. “No obstante, en la práctica, y a pesar de que en algunos lugares hay situaciones muy tensas y la clandestina sufre persecución, en otros lugares del país asiático ambas comparten iglesias, a la par que muchos grupos religiosos católicos fieles a Roma imparten cada vez más talleres y clases en varios centros del país”, añadió la fuente.

El Papa Francisco bendice a los fieles en la Catedral de Santa María en Yangon, Myanmar, el 30 de noviembre de 2017. (Reuters)
El Papa Francisco bendice a los fieles en la Catedral de Santa María en Yangon, Myanmar, el 30 de noviembre de 2017. (Reuters)

Una negociación no muy secreta

Los meses de noviembre y diciembre pusieron en evidencia la intensificación pública de la negociación. El 2 de diciembre, de regreso de un viaje por Myanmar y Bangladesh —dos países del primer círculo de intereses de China— el propio Francisco dijo que “las negociaciones con China son del más alto nivel, también a nivel cultural, como muestra la actual exposición de los Museos Vaticanos en ese país, así como científicas, con sacerdotes que enseñan en universidades estatales”. A ello, el Papa añadió que es consciente de “la gran influencia de la potencia asiática en la región, como es natural”, en un evidente guiño para halagar las sensibilidades de las autoridades chinas.

Por eso, “las puertas del corazón están abiertas y creo que haría bien a todos un viaje a China. Me gustaría hacerlo”, añadió el Papa, quien, desde que asumió el cargo de jefe de la Iglesia católica, ha dicho reiteradamente que quiere visitar el país. El Pontífice abordó así una cuestión sobre la que luego profundizó uno de sus más cercanos colaboradores, el director de La Civiltá Cattolica y jesuita Antonio Spadaro.

“Después del encuentro entre el Papa y Aung San Suu Kyi, ella voló a Pekín”, reveló Spadaro, al avanzar que en diciembre se llevó a cabo una de las reuniones de la comisión mixta —cuyas actividades son mantenidas en extremo secretismo— que está estudiando la relación entre China y Vaticano. Es la “diplomacia del arte”, redobló Barbara Jatta, directora de los Museos Vaticanos, en referencia a las obras de arte que China y el Vaticano anunciaron intercambiarse. “Se fortalecerá la amistad entre China y el Vaticano y la normalización de las relaciones diplomáticas”, coincidió Zhu Jiancheng, jefe de China Culture Investment Fund, apoyado por el Gobierno chino.

En paralelo, también desde la prensa de Pekín han llegado algunas señales. El 27 de noviembre, el Global Times —un diario vinculado al Partido Comunista Chino— publicó una imagen del Papa abrazando a una joven vestida con prendas típicas chinas. Y el 25 de ese mes, el China Daily, uno de los diarios más leídos del país, difundió otro artículo sobre “los jesuitas que han dejado una marca indeleble” en China.

Federico Lombardi, el antiguo portavoz vaticano, ha aportado algunas claves. A su favor este Papa tiene que no nació en Europa, “por lo tanto no pertenece a aquel continente de pueblos colonizadores que, sobre todo en los siglos XIX y XX, han hecho sentir en China su potencia militar y el peso de sus intereses económicos y no ha estado directamente relacionado en la confrontación histórica con la ideología comunista”, dijo recientemente Lombardi, hoy presidente de la Fundación Joseph Ratzinger. Precisamente otro Papa, Benedicto XVI, que en 2007 escribió una carta a los católicos chinos que muchos consideran una hoja de ruta para restablecer la relación chino-vaticana. “Existe un camino que recorrer para que la Iglesia católica en China sea “plenamente china y plenamente católica”, escribió allí el Papa alemán.

El Cardenal Joseph Zen, antiguo líder de la Iglesia Católica en Hong Kong, durante un acto público en septiembre de 2014. (Reuters)
El Cardenal Joseph Zen, antiguo líder de la Iglesia Católica en Hong Kong, durante un acto público en septiembre de 2014. (Reuters)

Gestos opuestos

No obstante, esta exhibición en paralelo no ha sido completamente de color rosa. Tanto que en el mismo mes de noviembre, desde Pekín también llegó una señal en sentido opuesto. El gobierno chino hizo saber de la multa a dos empresas turísticas chinas, Tuniu y Tongcheng, de 300.000 yuanes (alrededor de 38.000 euros), por haber organizado visitas al Vaticano. A renglón seguido, el resto de compañías suspendieron los viajes con visitas previstas en el pequeño Estado. Y el 5 de enero, el Papa pidió que en los países asiáticos los cristianos, como todas las otras minorías religiosas, puedan "vivir su fe con toda libertad”.

Estos gestos han dado alas a los menos optimistas, como el sacerdote Bernardo Cervellera, director de la red de noticias católica Asia News y cercano a la Iglesia subterránea, la fiel al Papa y más perpleja ante cualquier acuerdo. “La única abertura es la que viene desde el Vaticano, desde el lado chino no hay consenso, también porque el Partido Comunista está dividido”, afirma a El Confidencial Cervellera. “Hay una parte que quizá quisiera retomar relaciones con la Santa Sede, pero la otra es todavía profundamente estalinista y ve al Vaticano como una institución occidental que quiere entrometerse en los asuntos internos del país”, añade.

Según Cervellera, el otro gran obstáculo es Taiwán, que China considera parte de su territorio, por lo que ha pedido al Vaticano romper sus relaciones diplomáticas con la isla. Algo a lo que hasta ahora los Papas se han negado. Aunque otros opinan que se trata de un problema ficticio, que se asienta en que, cuando al entonces secretario de Estado vaticano (el número dos), Angelo Sodano, le preguntaron sobre la ruptura con Taiwán a cambio del restablecimiento de la relación con China, este dijo: “Estamos dispuestos a hacerlo en veinticuatro horas”.

Aunque no todos comparten esta misma línea, incluso dentro de la Iglesia católica asiática. Un ejemplo es el obispo emérito de Hong Kong y gran detractor del gobierno chino, Joseph Zen, quien llegó a decir que “al parecer el acuerdo [entre China y Vaticano] no está avanzando. Eso para mí es una buena noticia”. El Vaticano no debe “vender” a los católicos, porque eso sería “rendirse ante el poder de un Gobierno ateo”, añadió en otra ocasión. Algo que de momento el Papa no ha hecho: más bien lo contrario, puesto que el pasado 7 de diciembre incluso recibió en El Vaticano al National Council of Churches de Taiwán. Por parte china, los actos de hostilidad hacia los cristianos tampoco han dejado de ocurrir. El último conocido, la demolición, a principios de este mes, de una gigantesca iglesia evangélica en la ciudad de Linfén, en la provincia china de Shanxi (norte del país).

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios