Zhirinovsky y el apoyo ala independencia

Los ultranacionalistas rusos que 'odian' a España

El partido de Zhirinovsky puede ser segundo en las próximas elecciones. Su apoyo a la causa separatista catalana forma parte de una estrategia más amplia

Foto: El líder del Partido Liberal Democrático de Rusia, Vladimir Zhirinovsky, durante un discurso en Sevastopol, Crimea. (Reuters)
El líder del Partido Liberal Democrático de Rusia, Vladimir Zhirinovsky, durante un discurso en Sevastopol, Crimea. (Reuters)

Si Donald Trump era el candidato "anti México" en las elecciones de 2016 en EEUU, Rusia también tiene un candidato "anti España" para los comicios presidenciales de marzo de este año. “Occidente destruyó la URSS y nosotros queremos destruir Europa, nos conviene. Cuando Cataluña sea independiente iremos de vacaciones a sus costas”. Las palabras pertenecen al veterano político ultranacionalista ruso Vladimir Zhirinovsky, que esta vez ha sido el primero en inscribirse para una carrera electoral en la que la victoria del presidente Vladimir Putin se da por segura.

Zhirinovsky es un viejo zorro de la política. El pasado mes de noviembre se manifestó ante el Consulado de España en Moscú acompañado de medio centenar de seguidores para apoyar la independencia de Cataluña y pedir al Gobierno español que "saque sus manos" de ese territorio. Sus partidarios portaban las banderas azules del PLDR, el Partido Liberal Democrático de Rusia. Pero unos cuantos enarbolaban banderas catalanas pintadas a mano. No es la primera vez que las esteladas florecen en una protesta rusa: durante el verano aparecieron varias en manifestaciones de la oposición extraparlamentaria en San Petersburgo. Algo parecido ocurrió en otras ciudades del interior, donde algunos activistas denunciaron que se habían orquestado manifestaciones a favor de la independencia Cataluña para ‘contraprogramar’ sus protestas antigubernamentales.

A sus 71 años, Zhirinovsky concurre a sus quintas elecciones presidenciales. No se ha perdido ninguna salvo las de 2004 y las encuestas dicen que esta vez tiene posibilidades de pasar del tercer al segundo puesto y ser oficialmente la ‘alternativa’ a Rusia Unida, el partido que sostiene al Gobierno. La mera idea de tenerle como 'jefe de la oposición' no puede gustar al Gobierno español.

En círculos políticos ha sorprendido su apoyo a la causa separatista catalana, aunque en realidad el movimiento forma parte de una estrategia más amplia. "En los últimos meses se ha encarado con países de la UE y la OTAN, antes montó el mismo circo delante de la embajada de Letonia", explica una fuente de los servicios de seguridad. Letonia tiene problemas con una minoría rusa que reside ahí desde la URSS y Zhirinovsky está así intentando robar votos a los comunistas. España es un país de la OTAN y la UE, y la crisis con Cataluña es un talón de Aquiles que lo sitúa en la diana de sus ataques.

Como recuerda el profesor Carlos Taibo, que acaba de publicar ‘La Rusia contemporánea y el mundo’, un análisis sobre las últimas décadas del país, el LDPR logró su mejor resultado cuando más brillaba la estrella del presidente Boris Yeltsin. “En las elecciones generales celebradas en 1993 la fuerza política más votada fue el Partido Liberal Democrático. El pronóstico que se extendió entonces sugería que la gran confrontación en los años siguientes se produciría entre el nacionalismo agresivo y parafascista de Zhirinovsky y el bloque de poder liderado por el presidente Yeltsin”.

Tanto fue así que por un momento pareció una amenaza para el 'establishment'. Las cosas, sin embargo, no sucedieron así: “Zhirinovsky fue perdiendo fuelle en el terreno electoral, de tal manera que nunca más repitieron, ni en las elecciones generales ni en las presidenciales, el éxito de 1993”. Sucede que Vladímir Putin se ha hecho con parte de su ideario y su electorado en un giro al nacionalismo en el que la anexión de Crimea es remate de la recuperación de la gloria pasada.

"Queremos mostrar al Gobierno español y a la Monarquía que en Rusia hay muchos ciudadanos que apoyan un Estado catalán".

"Los rusos, sean radicales o moderados, no han estado nunca de acuerdo con el hecho de perder Crimea", explica Dimitri Trenin, del Centro Carnegie. Zhirinovsky pesca en el mismo charco de nacionalismo y nostalgia que Putin. Y el hecho de haber nacido en Kazajistán no le impide abanderar las ideas más xenófobas. En los modos y en los proyectos presenta algunas similitudes con el presidente de EEUU, Donald Trump. En el pasado propuso construir una gran alambrada para separar a Rusia de algunos de sus vecinos del sur.

Si nadie supera el 50% de los sufragios, los dos más votados se verán las caras en una segunda vuelta. Ahí Zhirinovsky viviría su momento de gloria, aunque impedir que Putin supere el 50% a la primera es una gesta difícil. Tal vez por eso ha endurecido su discurso. Ha cargado con furia contra la última “provocación” de EEUU. Washington bautizará una de las calles aledañas a la embajada rusa con el nombre de Boris Nemtsov, el líder opositor ruso asesinado en 2015 cerca del Kremlin: “Quieren escupirnos delante de nuestra embajada”

Frente a la embajada española no escatimó ninguna perla. "Hemos venido aquí para mostrar al Gobierno español y a la Monarquía que en Rusia hay muchos ciudadanos que apoyan el deseo de Cataluña de vivir de forma independiente, bajo su bandera, en un Estado catalán". "No puede haber un matrimonio por la fuerza, los matrimonios deben ser por amor, ¿para qué quiere Madrid tener un territorio ajeno, con una lengua ajena, con un pueblo ajeno?".

Una mujer ondea una bandera del Partido Liberal Democrático de Rusia durante un evento de campaña en Moscú. (Reuters)
Una mujer ondea una bandera del Partido Liberal Democrático de Rusia durante un evento de campaña en Moscú. (Reuters)

Siguiendo la misma línea argumental que Vladimir Putin, Zhirinovsky acusa a Occidente de doble rasero a la hora de tratar los conflictos separatistas: "Occidente reconoció la desintegración de la URSS en 15 Estados diferentes, una división que fue ilegal, y ahora no se quiere reconocer la independencia de uno solo, que es Cataluña". En realidad fue Boris Yeltsin, el gran valedor del ascenso al poder de Vladimir Putin, el coautor de esa ruptura. Pero Zhirinovsky insiste y porfía: "Occidente destruyó la URSS y nosotros queremos destruir Europa".

También lamenta que nadie reconozca el resultado del referéndum organizado por el Gobierno catalán el 1 de octubre -declarado ilegal por un marco legal más suave con el separatismo que el que rige en Rusia- y dijo que su deseo es "salvar a Cataluña".

"Está todo perfectamente diseñado, sabe qué líneas rojas no puede cruzar, por eso nunca ha tenido ni tendrá un problema con el poder"

Zhirinovsky coincide con Putin cuando acusa a Europa de hipocresía por condenar la anexión de Crimea a pesar de que sus habitantes apoyaron la unión con Rusia en un referéndum (no reconocido por la comunidad internacional), y a la vez no reconocer otras independencias como la de Abjasia, pero si la de Kosovo. Pero se diferencia de Putin con declaraciones altisonantes y propuestas descabelladas. En sus momentos más duros es un antisemita que incluso elogia la política de Adolf Hitler. Quiere expulsar a todos los inmigrantes de Rusia y de paso rediseñar las fronteras hasta que se parezcan a las de la URSS con la ayuda de las antiguas repúblicas soviéticas, una idea con la que de nuevo intenta robar votos a sus vecinos de bancada en el parlamento, los comunistas.

No le parece suficiente la anexión de Crimea y quisiera también recuperar Alaska mediante un despliegue militar. Es de nuevo la continua enmienda rusa del pasado. Nikita Khrushchev, cuando estaba al frente de la URSS, traspasó Crimea a Ucrania, entonces una república soviética. Eran los años cincuenta, pero en cambio fue la Rusia zarista la que vendió Alaska a Estados Unidos nada menos que en 1867: un asunto no demasiado viejo para Zhirinovsky, que quiere deshacer el curso de la historia empezando por sus recovecos más anecdóticos.

En cuanto al presente, su receta es tronante como la de Trump: se muestra dispuesto a usar armas nucleares contra el Reino Unido y contra Chechenia, una república rusa con cuyas ambiciones separatistas no tiene la misma comprensión que muestra con Cataluña. Contra la gripe aviar quiso repartir escopetas entre la población. Y con el fin de combatir las bajas tasas de natalidad, planteó una ingeniosa propuesta para regularizar la poligamia y prohibir que las mujeres en edad fértil vuelen fuera del país. El asunto del apareamiento siempre le ha preocupado y hace cuatro años que se practicase sexo usando unos cupones que antes serían vendidos a la población: una especie de ‘tasa sexual’ que jamás llegaría a compensar la debacle del precio del petróleo.

"Su función es la de ser un bufón, alguien con quien la gente puede desfogarse en lugar de rebelarse contra la realidad del gobierno de Vladimir Putin", explica la jurista moscovita Tatiana Mitrofanova, que rechaza de plano que se trate de un radical o un desequilibrado: "Está todo perfectamente diseñado, él sabe cuál es su papel y qué líneas rojas no puede cruzar, por eso nunca ha tenido ni tendrá un problema con el poder".

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