estudio de 'nature'

Cuando el hombre lucha, el animal muere: las otras víctimas de la guerra

Según un estudio publicado en 'Nature', la intensidad y frecuencia de las guerras en el continente africano han afectado a un 71% de los parques naturales y a su fauna

Foto: Un elefante muerto tras una matanza llevada a cabo por maasi en Kenia en 2012 | Foto: EFE
Un elefante muerto tras una matanza llevada a cabo por maasi en Kenia en 2012 | Foto: EFE

En la Segunda Guerra del Congo (1998-2003) murieron más de 3,5 millones de personas. Las matanzas perpetradas en República Centroafricana durante la guerra civil que tuvo lugar entre 2012 y 2014 entre los rebeldes de la Séléka y las milicias anti-Balaka dejó miles de muertos. Desde diciembre de 2013, más de 50.000 personas han perdido la vida en el conflicto de Sudán del Sur, según las estimaciones más conservadoras del Council on Foreign Relations (CFR). Todas estas víctimas contabilizadas son personas. Seres humanos. Pero existen otras víctimas de las que no se ha hablado suficiente con respecto a los conflictos armados, especialmente en África.

Los investigadores Robert Pringle y Joshua Daskin, de la Universidad estadounidense de Princeton, han publicado un informe en la revista 'Nature' en el que explican los resultados extraídos de un extenso estudio sobre el efecto de los conflictos armados en 253 poblaciones de herbívoros de gran tamaño en áreas protegidas de África. Con datos recopilados entre 1946 y 2010 con respecto a varios tipos de animales —ente ellos, especies en peligro como elefantes o hipopótamos—, han logrado comprobar que la intensidad y frecuencia de las guerras, que han afectado a un 71% de los parques africanos, son el indicador más importante de las pautas de evolución de las poblaciones animales.

Para elefantes, gorilas y otros animales, la peor zona ha sido la zona oriental de República Democrática del Congo, en torno al parque nacional de Virunga, hogar de especies endémicas y otras en peligro de extinción, como el gorila de montaña. Otra de las zonas más afectadas ha sido Sudán del Sur. "El conflicto y la inestabilidad política dificultan la gestión del ecosistema Sudd, un humedal de importancia muncial y hogar del cobo del Nilo, una especie de antílope africano en peligro de extinción", ha explicado a la agencia Sinc uno de los autores del informe, Joshua Daskin.

Kobus megaceros o cobo del Nilo, una especie africana de antílope ubicado en la zona de Sudán del Sur | Foto: Bodina-CC
Kobus megaceros o cobo del Nilo, una especie africana de antílope ubicado en la zona de Sudán del Sur | Foto: Bodina-CC

Mozambique ha sido otro de los más dañados: dos años después de declarar su independencia de Portugal, estalló una guerra civil que dejó, durante 15 años, más de un millón de muertos, en combate y por inanición. Antes de su independencia, el parque nacional de Gorongosa, protegido por Portugal, tenía una vida salvaje tan abundante como la de los paraques de Kruger en Sudáfrica o el Serengueti en Tanzania.

Durante el conflicto, ambos bandos interrumpieron lo que parecía ser un brillante camino hacia la declaración del parque como paraíso natural —aunque ya en los años sesenta se convirtió en coto de caza privado para famosos de Hollywood—. Miles de elefantes fueron víctima de los cazadores que vendieron su marfil para comprar armas y suministros, mientras que cebras, búfalos y otros animales eran asesinados para poder comer. El 90% de los mamíferos del parque natural desapareció: murieron asesinados o de hambre.

“Donde el conflicto ha sido más frecuente, a las poblaciones de vida silvestre les ha ido peor; de hecho, no hemos encontrado poblaciones que aumenten de tamaño en esos lugares", señala Daskin. Aunque no todo son malas noticias: "Hemos encontrado relativamente pocas extinciones completas", señala, lo que "sugiere que las regiones posconflicto pueden proporcionar un gran potencial para iniciativas de restauración”.

Intervención rápida

La investigación concluye que si se mantienen los esfuerzos de conservación en las zonas de conflicto y se interviene rápidamente en caso de alto el fuego, "podría ayudar a salvar a muchas poblaciones y especies en riesgo". En este caso, vuelve a ser ejemplo Mozambique, donde se crearon las condiciones necesarias para que la naturaleza siguiera su curso después de la guerra.

En 1976, vivían en el Gorongosa unos 6.000 elefantes, 14.000 búfalos y 500 leones, pero el primer censo tras la contienda armada, en 1994, apenas registraba un centenar de elefantes, 300 monos y media docena de cebras. "A los animales salvajes que sobrevivieron al conflicto se les permitió la reproducción controlada bajo vigilancia de guardias en el parque, que realizan patrullajes contra la caza furtiva", explica a Sinc Daskin. Aunque también se han llevado a cabo programas de desarrollo humano, y hubo una gran asistencia socioeconómica.

Parque nacional de Gorongosa, en Mozambique
Parque nacional de Gorongosa, en Mozambique

A partir de 2004, un empresario de Telecomunicaciones de nombre Greg Carr visitó el parque, que aun mermado, le dejó fascinado, por lo que fundó una organización no lucrativa para su restauración, lo dotó de infraestructuras básicas y empleó a los habitantes de las comunidades colindantes para un proyecto de turismo ecológico. En 2008, Carr firmó un acuerdo con el Gobierno de Mozambique para la explotación conjunta del parque durante los siguientes 20 años, y prometió invertir 30 millones de dólares (unos 22 millones de euros) para restablecer su riqueza natural y crear una forma de vida sostenible.

La fauna salvaje se está recuperando a buen ritmo, ya que búfalos, cebras, hipopótamos, elefantes y felinos, muchos importados de los vecinos parques sudafricanos, vuelven a habitar un territorio que estuvo al borde del exterminio.

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