Eurodietas a debate: riesgo de que 40 millones de euros anuales sigan sin control
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la Transparencia u opacidad de la eurocámara en juego

Eurodietas a debate: riesgo de que 40 millones de euros anuales sigan sin control

El presidente del Europarlamento formó una comisión para revisar el sistema de las dietas no fiscalizadas tras una investigación periodística. En unos días se debatirá este tema en Estrasburgo

Foto: Imagen: Enrique Villarino
Imagen: Enrique Villarino

Los gastos en los que incurren los 751 miembros del Parlamento Europeo serán motivo de debate la semana que viene en las sesiones que se celebrarán en su sede de Estrasburgo. De nuevo, los eurodiputados discutirán sobre la conveniencia o no de rendir cuentas sobre la llamada “dieta para gastos generales” (GEA, por sus siglas en inglés) que les reporta al mes 4.342 euros para mantener oficinas en sus países de origen. Con esa suma pueden alquilar locales, comprar equipos informáticos o pagar facturas de luz y teléfono.

Hasta ahora, esa asignación se caracteriza por ser el único gasto no fiscalizado de la Unión Europea.

Los parlamentarios abordarán en los próximos días una debate que dilucide entre una nueva etapa de transparencia o seguir con la opacidad contable de una dieta que cuesta 40 millones de euros anuales a los contribuyentes europeos. Según ha podido saber este diario, entre las opciones que se barajan se encuentra la de no tocar el sistema que permite no rendir cuentas o la solución de auditar solo una parte de esa asignación.

Una investigación publicada a finales de mayo pasado por periodistas de los 28 Estados miembros de la UE, en la que colaboró El Confidencial, desveló que nueve de cada diez eurodiputados no dejan rastro de sus gastos y que la Eurocámara no ejerce ningún control sobre esa dieta. Tampoco la audita ninguna otra institución comunitaria.

Foto: La nueva mesa del Parlamento Europeo, con el presidente Antonio Tajani en el centro. (EFE)

Estas circunstancias dan lugar a abusos tales como que algunos de los representantes políticos alquilen oficinas de su propiedad o despachos en sus propiedades, que arrienden locales ya existentes de sus partidos políticos o que simplemente declaren oficinas fantasma, espacios que ni siquiera son utilizados para la función pública. También se demostró que la GEA es en algunos casos un sobresueldo encubierto para algunos europarlamentarios o una suerte de recurso para financiar actividades de los partidos.

La publicación de esas evidencias en diversos medios europeos provocó que tan solo unos días después, el 12 de junio, el presidente del Europarlamento, el italiano Antonio Tajani, se mostrara a favor de “cambiar la situación” de opacidad de ese gasto. Tajani se comprometió públicamente a crear un grupo de trabajo 'ad hoc' para “tener más control” sobre esas dietas que ha venido trabajando en los últimos seis meses para revertir o no la situación de ausencia de transparencia.

placeholder Antonio Tajani. (EFE)
Antonio Tajani. (EFE)

Secretismo

Ese grupo de trabajo, compuesto por ocho diputados representativos de todo el abanico ideológico parlamentario, adquirió el compromiso de plantear a finales de 2017 a la Mesa de la Eurocámara una serie de recomendaciones para mejorar la fiscalización de la GEA y elaborar un listado más exhaustivo de los gastos que pueden sufragar esa asignación. Su labor se ha desarrollado con total discreción y secretismo.

No solo no sabemos cómo gastan las dietas, tampoco conocemos sus planes para rendir cuentas por el uso de nuestros impuestos

En agosto pasado, el Parlamento Europeo denegó a Access Info Europe, una ONG que trabaja en favor de la transparencia, el acceso a la agenda de los contenidos del grupo de trabajo de la GEA y sus deliberaciones. Su directora, Helen Darbishire, considera “completamente inaceptable” esa decisión. “No solo no sabemos cómo gastan las dietas, sino que tampoco conocemos sus planes para rendir cuentas del uso de nuestros impuestos, un secretismo que va contra el espíritu de las leyes que protegen a la ciudadanía europea”, señala Darbishire.

Desde comienzos de diciembre, los miembros del grupo de trabajo de la GEA han sido preguntados por los contenidos de su trabajo, pero han establecido un muro de silencio. Uno de sus vicepresidentes, el griego Dimitrios Paradimoulis, ha hecho oídos sordos a las preguntas de los periodistas. “Desafortunadamente, no puedo contar lo que hemos estado discutiendo”, comenta uno de sus dos presidentes, Rainer Wieland. “Estamos intentado encontrar un paquete de medidas razonable, pero nada se puede dar por acordado hasta que hayamos redactado las conclusiones tras debatirlas también con la Mesa del Parlamento Europeo”, subraya este eurodiputado democristiano alemán.

Según fuentes bien informadas sobre el trabajo de la comisión 'ad hoc', se han debatido varias soluciones. La cuestión clave es si la GEA seguirá siendo una dieta a suma alzada sin fiscalización o si se auditará total o parcialmente por órganos administrativos del Europarlamento. Una de las deliberaciones no es una solución, sino una política de continuidad en la opacidad: los eurodiputados adquieren el compromiso de llevar una contabilidad de los 52.104 euros que reciben anualmente, pero ni serán fiscalizados ni deberá hacerse público en qué se gasta.

Asimismo, se contempla la posibilidad de adoptar una medida mixta que implique que una cuarta parte de la asignación —unos mil euros— sigan siendo de libre disposición y que se auditen las otras tres cuartas partes de la dieta.

*Kristof Clerix ha contribuido a la elaboración de esta información.

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