"NO DAMOS NOMBRES PARA NO DISTRAER DE LO IMPORTANTE"

La 'lista de políticos babosos' de California: las legisladoras se plantan contra el acoso

La reacción social contra los abusos machistas en Hollywood comienza a extenderse a otros ámbitos, como la política. Muchas mujeres con cargos empiezan a trabajar para visibilizar el problema

Foto: Arlene Rios, 40, víctima de violación en dos ocasiones mientras servía en la marina estadounidense, participa en una protesta contra los abusos sexuales en Hollywood, California, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)
Arlene Rios, 40, víctima de violación en dos ocasiones mientras servía en la marina estadounidense, participa en una protesta contra los abusos sexuales en Hollywood, California, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)

Las legisladoras, lobistas, asesoras, directoras de campañas y de gabinetes de comunicación y empleadas en general del mundo de la política estatal de California están hartas. Lejos de trabajar en un ambiente profesional progresista de igualdad, en las cámaras legislativas con sede en Sacramento, la capital del estado, lo que se respira es una cultura generalizada de machismo y menosprecio a las mujeres, afirman. Desde el senador que propone quedar en su casa para una entrevista de trabajo hasta el que manosea a una asesora o le hace un comentario sexual delante de otras personas sin el menor empacho.

Y aprovechando que Hollywood, un poco más al sur de Sacramento, vive su particular momento de "mea culpa" a medida que salen a la luz sórdidas historias de actrices acosadas por directores o productores poderosos, las políticas de California han querido decir que ellas, también, sufren tratos vejatorios que en demasiadas ocasiones terminan en abusos. Juntas han publicado una carta en la que se lamentan de que el ambiente de los círculos políticos de la capital californiana deje mucho que desear en su trato a las mujeres.

De las 147 mujeres que firman la carta, seis tienen puestos activos en alguna de las cámaras y dos son legisladoras retiradas. Muchas han ocupado u ocupan cargo en los organigramas californianos del partido demócrata o republicano. Las demás, alguno de los miles de puestos de asesoras, secretarias o ayudantes que una ciudad capitalina como Sacramento genera. No todas han sufrido acoso, pero todas conocen a alguien que sí lo ha sufrido directamente o han sido testigos de un hecho así. La gravedad de sus casos varían del comentario machista al abuso físico. Y tras la publicación, muchas más han hablado de sus experiencias personales, bien a través de las redes sociales, bien en los medios de comunicación.

“La clave, nos dimos cuenta enseguida, estaba en hacerlo juntas. En denunciar la situación en general, no un caso o dos casos aislados, y hacerlo de manera colectiva. Puedes llamar a una mujer mentirosa, o a 16 incluso, pero no puedes llamar a 147 mujeres mentirosas, eso no es posible”; explica a El Confidencial Adama Iwu, que trabaja en Sacramento como representante de la compañía VISA, y lideró la publicación de la carta. Las firmantes se han organizado en una ONG bajo el nombre “We said enough” (Hemos dicho basta) y tienen una web en la que reciben cientos de mensajes de otras mujeres.

Uno de los párrafos de la breve carta, que no habla de casos concretos ni acusa a ningún hombre con nombre y apellidos, dice así: "Como mujeres líderes en política en un estado que se presenta como líder en justicia e igualdad, se podría asumir que nuestra experiencia ha sido distinta [a la de mujeres en otros ámbitos como la industria del cine]. Pero no lo ha sido. Cada una de las que firmamos hemos sido objeto o testigos de algún tipo de trato deshumanizador por parte de hombres en nuestros lugares de trabajo".

Chapas del movimiento #MeToo a la venta en Los Ángeles, California, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)
Chapas del movimiento #MeToo a la venta en Los Ángeles, California, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)

Un problema nacional

La cultura de la que se quejan las políticas californianas no parece en absoluto limitada a California. Esta semana, ambas cámaras legislativas en Washington han decidido hacer obligatorio para todos sus representantes un cursillo en prevención de acoso sexual. Los congresistas y senadores, junto con todo su equipo de asesores, tendrán que completar este curso en los primeros 60 días de su nombramiento, y repetirlo al menos una vez cada dos años. Pero los cursillos ya son obligatorios en California, y no parecen haber tenido mucho efecto.

En el ámbito nacional, tras el vídeo de campaña de la congresista demócrata por California Jackie Speier, otras colegas han hecho públicos ejemplos de acoso y conducta inapropiada, como la ex senadora Barbara Boxer, y las congresistas Linda Sánchez y Mary Bono. El pasado martes se celebró una vista en el capitolio en Washington en la que dos congresistas, la demócrata californiana Jackie Speier, y la republicana por Virginia Barbara Comstock, declararon, ofreciendo gráficos ejemplos de situaciones vejatorias o abusivas por parte de jefes o colegas masculinos, muchos de ellos sus superiores, que otras colegas les habían relatado. En los medios, más y más congresistas de ambos lados del espectro político están contando historias similares. También han desvelado la existencia de una “lista de babosos” (creep list) que las mujeres de Washington comparten y una lista de consejos para evitar estas situaciones que se dan entre sí (“cuidado con los congresistas que duermen en sus despachos; nunca compartas ascensor a solas con un senador”; etc).

En la política estatal de Iowa, Nevada, Oklahoma, Oregon y Rhode Island se han producido recientes denuncias por conducta sexual inapropiada en el ámbito político. Pero sólo en California la denuncia se ha hecho de forma colectiva, y referida a una cultura generalizada y no a casos concretos. “Para nosotras el hecho de no dar los nombres de los agresores es simplemente una manera de no distraer de lo verdaderamente importante: es una cultura generalizada. Puede que en algún caso se trate solo de un comentario machista, o de una insinuación sexual velada, pero es la atmósfera en la que esto es generalizado la que termina permitiendo que sucedan casos de abusos más graves”, explica Iwu. “Además, no queríamos que pasara lo que pasa a menudo, que es que toda la atención se pone en esta persona concreta, y una vez que se consigue algo, parece una victoria. El problema sigue. Queremos centrarnos en el problema a gran escala, es lo único que puede ayudar a proteger a las mujeres de manera preventiva y no cuando el daño ya está hecho”.

El capitolio californiano (formado por las dos cámaras, Senado y Congreso, y con sede en Sacramento) tiene un 21% de mujeres (9 senadoras y 17 congresistas), y se sitúa en la media estatal de EEUU. En Washington, el porcentaje de congresistas (en ambas cámaras federales) es solo del 19%. En los parlamentos nacionales de los países europeos la media es ligeramente superior (25%) aunque España se sitúa a la cabeza con un 40%. Que haya una mayoría de hombres, y el que las carreras de muchas de las mujeres que quieren progresar en el mundo de la política dependan de sus superiores masculinos, contribuye a que los abusos, el acoso o la conducta inapropiada no se denuncien. Especialmente cuando la relación se basa, como es frecuente en estos centros de poder, entre un hombre en el puesto más alto de la pirámide y una mujer más joven que empieza su carrera profesional.

Para más inri, el capitolio californiano tiene su sede en una ciudad bastante aislada, Sacramento, una especie de burbuja donde los legisladores y sus equipos pasan parte de la semana sin sus familias, en un ambiente, como ha definido la líder demócrata Christine Pelosi, "de campamento". De las jornadas legislativas en las cámaras se pasa a los actos de recaudación nocturnos, en hoteles elegantes, con mucho alcohol de por medio. Y la capacidad de relacionarse y darse a conocer en estos círculos es vital para la carrera de cualquiera.

Protesta contra los abusos sexuales en Los Ángeles, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)
Protesta contra los abusos sexuales en Los Ángeles, el 12 de noviembre de 2017. (Reuters)

Medio millón de dólares en indemnizaciones

El informe de 2015 de la Comisión de Igualdad de Oportunidades del Congreso en Washington mostraba que un 75% de las mujeres que denuncian acoso experimentan algún tipo de perjuicio en sus carreras. Incluso una denuncia que no nombra al acosador, como la de la congresista californiana Cristina García, que firma la carta y aireó públicamente el haber sido manoseada por un lobista, puede tener consecuencias graves para una carrera política. "Miremos cuánta gente acude a los próximos actos de recaudación de fondos de García", afirmaba en el New York Times Shawnda Westly, una estratega de la rama californiana del partido demócrata. "¿Cuánto va a mermar su capacidad de recaudar dinero? Porque la mermará".

El presidente del Senado de California, Kevin de León, acaba de prometer que asignará abogados independientes a cada caso que se le presente. Desde el año 2006, el capitolio californiano ha investigado 31 denuncias de acoso sexual, aunque la poca información que se ha hecho pública al respecto ofrece un panorama poco halagüeño: investigaciones alargadas interminablemente en el tiempo, acuerdos extrajudiciales con cláusulas de no confidencialidad. 580.000 dólares en indemnizaciones desde 2012 (cifra que incluye denuncias por racismo o discriminación de todo tipo).

“A mí ya no me convence que se nombren abogados independientes para investigar estos casos, si quienes deciden cuáles van a ser estos abogados son las cámaras de representantes, o si los abogados y la investigación acaba siendo supervisada por ellos. Tiene que ser independiente de verdad. Y creo que hay que crear una línea telefónica anónima para que las mujeres puedan denunciar sus casos”, opina Iwu.

¿Qué traerá la carta? De momento, un tirón de orejas. Un subcomité del Senado en Sacramento ya ha anunciado que comenzará a celebrar vistas a partir de finales de noviembre. Su presidenta anima a todas las mujeres de la vida política a participar con sus experiencias y sugerencias, aunque sea de forma anónima. “Hasta que no cambiemos la manera de contar estas historias no conseguiremos que cambie la cultura en general. Con la publicación de la carta, he descubierto que los hombres en realidad, muchos en cualquier caso, no entienden lo que es el acoso sexual. Y ese es el problema. Nosotras, como víctimas, hablamos entre nosotros, aprendemos a protegernos. Pero la conversación tiene que ser otra. No se trata de qué podemos hacer nosotras para evitar ser víctimas, sino qué pueden hacer los acosadores para dejar de serlo. Tienen que empezar a rendir cuentas de su comportamiento, y tiene que dejar de ser algo aceptable”, zanja Iwu.

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