"un hombre cruel" con el apoyo del ejército

Mnangagwa, el despiadado “cocodrilo” que sustituye a Mugabe en Zimbabue

Veterano de la guerra de independencia, ha sido el responsable de implementar las decisiones políticas de Mugabe. Es inteligente, despiadado y el nexo entre el ejército y el partido ZANU-PF

Foto: Emmerson Mnangagwa escucha a Mugabe durante una intervención en el Parlamento, en Harare. (Reuters)
Emmerson Mnangagwa escucha a Mugabe durante una intervención en el Parlamento, en Harare. (Reuters)

Robert Mugabe ha caído pero su sustituto podría no ser mejor. Emmerson Mnangagwa, presidente provisional de Zimbabue desde este viernes y nuevo líder del partido gobernante (ZANU-PF), ha orquestado un brillante regreso desde que Mugabe lo destituyó el 6 de noviembre con la intención de entregar el control del país a su esposa, Grace. La jugada -y la purga posterior contra los partidarios de Mnangagwa- provocó una brecha en el partido gobernante y la reacción del Ejército, que terminó arrestando a Mugabe y su familia.

Veterano de guerra, Mnangagwa ha sido durante décadas el responsable de implementar las decisiones políticas de Mugabe, un papel con el que se ha granjeado una reputación de político inteligente, despiadado y efectivo a la hora de manipular las palancas del poder. A sus 75 años despierta más temor que respeto entre la población, pero ha sabido ganarse durante décadas el apoyo estratégico de los militares y las fuerzas de seguridad, una de las claves de la caída de Mugabe tras 37 años en el poder. De hecho, se le considera el punto de unión entre el ejército, las agencias de inteligencia y el partido ZANU-PF.

Además de las masacres de Matabelelandia, habría planeado los ataques contra opositores en 2008. “Es un hombre muy, muy cruel”, dice un veterano de la guerra

Apodado el “cocodrilo” por su astucia política, fue elegido vicepresidente en 2014 tras haber ejercido como una de las figuras más importantes del Gobierno desde la independencia de Zimbabue. Mientras en las últimas semanas Mugabe y su mujer se dedicaban a demonizar públicamente a su enemigo, el antiguo 'número dos' preparaba su estrategia. Días después de su cese, sus aliados en el Ejército pusieron al presidente bajo arresto domiciliario. Este sábado miles de personas tomaron las calles de la capital, Harare, para exigir la dimisión de Mugabe. No fue una manifestación espontánea: portaban miles de carteles a favor de Mnangagwa y de los militares que habían sido impresos días antes.

“No fue una operación de último minuto. La manifestación estaba orquestada. (…) Mnangagwa es una persona inteligente y dotada pero, ¿será la panacea para los problemas de Zimbabue? ¿Aportará una buena gestión política y económica? Tendremos que esperar para saberlo”, dice Piers Pigou, experto en África del Sur del International Crisis Group, a 'Associated Press'.

Robert Mugabe observa a Emmerson Mnangagwa mientras lee una felicitación de cumpleaños, en Harare. (Reuters)
Robert Mugabe observa a Emmerson Mnangagwa mientras lee una felicitación de cumpleaños, en Harare. (Reuters)

Mnangagwa se unió a la lucha contra la minoría blanca que gobernaba Rodesia cuando aún era un adolescente, en la década de 1960. Recibió entrenamiento militar en Egipto y China durante el año 1963. Como uno de los primeros guerrilleros que luchó contra el régimen de Ian Smith, fue capturado, torturado y condenado después de que “la banda del cocodrilo” atentase contra una locomotora. Sentenciado a morir en la horca, su pena fue conmutada a cambio de una década de cárcel por ser menor de 21 años.

Durante sus años en prisión, Mnangagwa estudió gracias a una escuela por correspondencia. Tras recuperar la libertad en 1975, viajó a Zambia, donde se licenció en Derecho, aunque pronto se trasladó a Mozambique, que acababa de independizarse, y se convirtió en el asistente y guardaespaldas de Mugabe. Por aquel entonces, el presidente era una esperanza para toda África y Mnangagwa le acompañó en 1979 a las negociaciones de Lancaster House, que culminaron con la desaparición de Rodesia y el nacimiento de Zimbabue. “Con los años nuestra relación ha florecido, de maestro y sirviente a padre e hijo”, escribió entonces sobre su relación con Mugabe.

Cuando Zimbabue alcanzó la independencia, Mnangagwa fue nombrado ministro de Seguridad. Dirigió la fusión del Ejército de Rodesia con la guerrilla de Mugabe y el grupo del líder nacionalista rival, Joshua Nkomo. Desde entonces, ha mantenido estrechos vínculos con los militares y las fuerzas de seguridad.

En 1983, Mugabe lanzó una campaña brutal contra los seguidores de Nkomo que terminó con las masacres de Matabelelandia, en las que fueron asesinadas entre 10.000 y 20.000 personas en las provincias del sur del país. Mnangagwa fue culpado de dirigir la sangrienta operación de la Quinta Brigada, que había sido entrenada por el Ejército de Corea del Norte. También se le acusa de amasar una inmensa fortuna mediante la explotación de minerales en Congo y tras convertir Harare en un centro del tráfico de diamantes. Según un informe de Naciones Unidas de 2001, Mnangagwa sería “el arquitecto de las actividades comerciales del ZANU-PF”.

Creer que una presidencia de Mnangagwa significará el fin de los abusos contra lo derechos humanos en Zimbabue puede ser un error. Según sus críticos, sus manos están manchadas de sangre: además de las masacres de Matabeleland, el “cocodrilo” habría planeado los ataques contra votantes de la oposición tras las elecciones de 2008. “Es un hombre muy, muy cruel”, asegura a la BBC un veterano de la guerra de independencia que trabajó con Mnangagwa durante años. El hombre que ganó su apodo por los ataques por sorpresa contra sus oponentes políticos ha cumplido su venganza contra los Mugabe.

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