Impeachment a Mugabe: claves para entender la crisis en Zimbabue
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dos familias políticas luchan por el poder

Impeachment a Mugabe: claves para entender la crisis en Zimbabue

El presidente Robert Mugabe se niega a abandonar el poder, por lo que su propio partido ha iniciado un proceso de destitución. Aquí explicamos los principales elementos de la crisis

placeholder Foto: Soldados en Harare observan una protesta de los veteranos de la guerra de liberación, el 18 de noviembre de 2017. (EFE)
Soldados en Harare observan una protesta de los veteranos de la guerra de liberación, el 18 de noviembre de 2017. (EFE)

Robert Mugabe se enfrentaba esta misma mañana a un ultimátum de su propio partido: o renunciaba a la presidencia de Zimbabue antes de las 10 de la mañana, o sería sometido a un impeachment. La hora ha pasado sin que se haya producido una respuesta, y los diputados de la formación gobernante, la Unión Nacional Africana de Zimbabue – Frente Patriótico (ZANU-PF), se preparan ahora para iniciar un proceso de destitución que, lejos de solucionar el conflicto, amenaza con agravarlo a corto plazo.

Aquí contamos los principales elementos que explican cómo se ha llegado a la situación actual en Zimbabue.

¿Qué está pasando?

La crisis saltó a los medios internacionales el pasado 15 de noviembre, después de que el ejército tomase la capital, dos días después de que el general Constantino Chiwenga advirtiese de la posibilidad de adoptar “medidas correctivas”. Pero en realidad, el incidente que la había desatado se había producido el 6 de noviembre, cuando Mugabe ordenó la destitución del vicepresidente Emmerson Mnangagwa, aliado de los militares.

Las fuerzas armadas insistieron desde el primer momento en que no se trataba de un golpe de estado. “Lo que las Fuerzas de Defensa de Zimbabue están haciendo es pacificar una situación política, social y económica que está degenerando en nuestro país, que si no es atajada podría desembocar en un conflicto violento”, afirmó el ejército en un comunicado televisado. Eso explica que no se haya decretado la ley marcial ni se haya forzado inmediatamente la deposición de Mugabe, lo que le permitió, por ejemplo, asistir a un acto en la Universidad de Harare dos días después.

¿En qué consiste esta lucha de poder?

La destitución de Mnangagwa, que durante largo tiempo se ha postulado como sucesor de un Mugabe ya en su novena década de vida, se ha producido para dejar paso a la esposa del presidente, la conflictiva Grace Mugabe, que cuenta con el apoyo de las mujeres y muchos jóvenes del ZANU-PF. También está respaldada por numerosos políticos veteranos, agrupados en una facción llamada G40.

Foto: Robert Mugabe, junto a su esposa, Grace. (Reuters)

No obstante, Mnangagwa, de 71 años, veterano de la guerra de liberación y antiguo ministro del Interior, está muy bien relacionado con los servicios de seguridad y las fuerzas armadas, muchos de cuyos líderes temen verse afectados por el ascenso de Grace Mugabe. En consecuencia, han movido ficha para respaldar al vicepresidente, ordenando el arresto de varias figuras políticas del sector G40. Mnangagwa, alias “el cocodrilo” debido a su carácter despiadado durante y después, lidera otra facción del ZANU-PF denominada “Lacoste”.

“La persona que más probablemente se beneficiará de los últimos sucesos es Mnangagwa. Algunas estructuras del partido ZANU-PF ya han revertido su antiguo apoyo a la expulsión de Mnangagwa”, explica Piers Pigou, analista del International Crisis Group para el sur de África. “Ha sido visto por muchos en el pasado como la mejor esperanza dentro del ZNU-PF para llevar a cabo una recuperación económica pragmática basada en retomar la relación con los acreedores internacionales y en un paquete de reformas que instaurarían una medida de confianza muy necesaria. Ahora tiene una oportunidad de demostrar que puede llevar a cabo esta promesa”, indica Pigou.

placeholder Emmerson Mnangagwa (izda.) junto a Mugabe, en diciembre de 2016. (Reuters)
Emmerson Mnangagwa (izda.) junto a Mugabe, en diciembre de 2016. (Reuters)

¿Cambiaría las cosas un nuevo liderazgo?

El golpe ha sido saludado con entusiasmo en varias comunidades de zimbabuenses en el extranjero, algunos de ellos exiliados políticos y otros muchos emigrantes económicos empujados a otros países por la terrible situación económica de Zimbabue. No obstante, no es probable que los líderes del golpe, si logran el control del país, tengan un gran interés en una renovación estructural profunda del sistema. Mnangagwa ha sido parte integral del Gobierno desde los años 80, y tanto él como sus aliados parecen más interesados en mantener sus privilegios que en un cambio revolucionario.

Sin embargo, es difícil creer que Zimbabue pueda estar peor gestionado. Según los sindicatos, el desempleo alcanza el 90%, y la hiperinflación superó los 231 millones por ciento (sí, como suena) en 2008, provocando la devaluación hasta la irrelevancia tanto de la moneda local como de unos bonos “dolarizados” que el Gobierno ha tratado de emitir para hacer frente a la situación. Los propietarios de ahorros en depósitos bancarios se enfrentan a enormes restricciones para retirar su dinero, hay un déficit crónico de efectivo. Este año, además, podría acabar con la tímida recuperación en lo que va de década.

placeholder Ciudadanos de Zimbabue miran un discurso de Robert Mugabe desde su arresto domiciliario, en un bar de Harare, el 19 de noviembre de 2017. (Reuters)
Ciudadanos de Zimbabue miran un discurso de Robert Mugabe desde su arresto domiciliario, en un bar de Harare, el 19 de noviembre de 2017. (Reuters)

¿Por qué Mugabe se niega a marcharse?

Mugabe es aún respetado por muchos ciudadanos como “padre de la nación”, pero su apego al poder -que acapara desde hace 37 años, desde que Rhodesia se transformó en el Zimbabue independiente en 1980- es lo que ha conducido a la situación actual. Al enfrentarse por primera vez en 2000 a una oposición real a su continuidad en la presidencia, optó por utilizar la violencia contra sus enemigos y por una jugada arriesgada: la criminalización de los granjeros y terratenientes blancos que habían optado por permanecer en el país tras la independencia. La medida, apoyada por los veteranos de la guerra de liberación, permitió a Mugabe seguir presentándose como la vanguardia de la lucha anticolonial, pero supuso un desastre para la agricultura del país, que provocó un problema de escasez alimentaria que no ha sido resuelto, y que no tardó en ser acompañado de enfermedades y epidemias.

En 2008, Mugabe afirmó que “solo Dios” podía sacarle del poder, y ha declarado en varias ocasiones que solo renunciaría cuando su “revolución” haya sido completada. Pero el intento de pasarle el testigo a su mujer ha descarrilado estrepitosamente.

placeholder Robert Mugabe y el presidente chino Xi Jinping durante una visita oficial a Pekín en 2014. (Reuters)
Robert Mugabe y el presidente chino Xi Jinping durante una visita oficial a Pekín en 2014. (Reuters)

¿Está China detrás del golpe de estado?

Varios medios han especulado con la posibilidad de que China haya respaldado el derrocamiento de Mugabe, harta de su caótico desempeño y su mala gestión, que impide que los negocios chinos en el país prosperen adecuadamente. Los rumores han sido alimentados por la constatación de que el general Chiwenga, el artífice del golpe, visitó Pekín a principios de noviembre, justo al principio de la crisis, y se reunió con responsables militares. El Gobierno chino insiste en que fue una mera coincidencia, pero no ha desmentido que Chiwenga informase a sus interlocutores sobre sus intenciones. Además, se ha limitado a decir que “está observando los acontecimientos”, sin condenar abiertamente el golpe.

Algunos observadores son escépticos, puesto que, a pesar de todo, los intereses de China en Zimbabue son limitados. El gigante asiático es el cuarto socio comercial de este estado africano y le ha proporcionado apoyo económico, militar y en áreas como la construcción de infraestructuras, pero es Zimbabue quien depende de China. “A diferencia de Etiopía, Sudán o Angola, que son socios estratégicos, o grandes mercados como Nigeria, Kenia y Sudáfrica, Zimbabue está lejos de ser la nueva prioridad de Pekín”, escribe Alex Vines, jefe del programa de África del think tank británico Chatham House.

Foto: Un barco de la armada china evacua a los ciudadanos chinos de la ciudad yemení de Adén rumbo a Yibuti, el 31 de marzo de 2015. (Reuters)

No obstante, Vines no descarta que la influencia china haya tenido algo que ver en la determinación de Chiwenga. “Lo que Zimbabue necesita es un gobierno estable y que rinda cuentas; entonces los inversores de Asia, América y Europa considerarán seriamente que Zimbabue tiene un futuro inversor. Ese es el mensaje que Mugabe recibió en Pekín [durante su visita oficial] en enero. Y el que se le dio al jefe militar de Zimbabue la semana pasada”, opina el analista.

Haya promovido o no el golpe, Pekín tiene en Mnangagwa un viejo conocido: en su época de combatiente anticolonial, recibió entrenamiento en China, incluyendo una estancia en la Escuela de Ideología de Pekín, dirigida por el Partido Comunista Chino. Según el investigador Ronald Chipaike, de la Universidad de Bindura de Zimbabue, “una transición beneficiaría a los chinos en el sentido de que Mnangagwa es visto como un líder pragmático y menos ideológico, que podría reformar la economía de Zimbabue para promover la inversión”.

Pero Pekín, como el resto del mundo, deberá esperar todavía un poco más para conocer el desenlace de la crisis.

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