la inmigración de haití y los desastres

44.000 haitianos y 32.000 venezolanos: así irrumpe la inmigración en el voto en Chile

Un senador apuñalado. El agresor, negro. La controversia por la inmigración ha irrumpido con fuerza en la campaña de Chile de cara a las presidenciales de este domingo

Foto: Toussaint Richenord, un haitiano que vive en Chile, en un banco de alimentos en Santiago, Chile. (Reuters)
Toussaint Richenord, un haitiano que vive en Chile, en un banco de alimentos en Santiago, Chile. (Reuters)

Un senador apuñalado. El agresor, negro. La controversia por la inmigración ha irrumpido con fuerza en la campaña electoral de Chile de cara a las presidenciales de este domingo, en las que el exdirigente Sebastián Piñera es claro favorito con un 44% de intención de voto. Todo comenzó el pasado miércoles. El senador Fulvio Rossi, independiente desde que dejó el Partido Socialista de la presidenta Michelle Bachelet en 2016, recibió una información que apuntaba a la posible destrucción de material electoral de su campaña para la reelección guardado en un almacén en Iquique, una ciudad del norte del país.

Rossi acudió al lugar, sin acompañante alguno, para comprobar que todo estuviese en orden, siempre según su versión. Allí se encontró con un hombre negro y de acento extranjero que el político identificó como colombiano. La persona presuntamente le dijo “Te lo advertimos”, antes de propinarle un golpe en la cabeza y una puñalada de dos centímetros en el abdomen con un cuchillo. Fue encontrado por un brigadista, y llevado a un hospital, donde se recuperó rápidamente.

Una asesora declaró, a los pocos minutos de hacerse pública la agresión, que Rossi había recibido reiteradas amenazas tras hacer público, el pasado septiembre, que abogaba por la expulsión de los inmigrantes que hubieran cometido algún delito, además de por una regulación más dura de la entrada de extranjeros al país. El suceso –puesto en duda por algunos políticos y periodistas– movilizó a los líderes de opinión, devolviendo la controversia sobre la migración a primera línea del debate político. Chile es el país más desarrollado de Sudamérica y está comenzando a encontrarse con fenómenos generalmente reservados a los países del norte. La inmigración ha explotado en el Estado andino en los últimos tres años.

“Chile atrae a los migrantes por su seguridad y su estabilidad económica, lo que supone que hay más trabajo y mejores condiciones de vida que en otros países. Es percibido como un país rico en otros lugares de América Latina. A esto se le agrega el cierre de fronteras en Europa y Estados Unidos a países como Haití”, comenta María Emilia Tijoux, experta en migración de la Universidad de Chile.

La migración y los desastres naturales

El país acoge legalmente a unos 500.000 migrantes. Alrededor de 150.000 más podrían vivir en Chile de manera irregular. Buena parte de los ‘sin papeles’ proviene de Haití, el país más pobre de América Latina. El boca a boca, como reconocen los representantes de la comunidad, ha hecho que alrededor de 80.000 ciudadanos del Estado caribeño se hayan instalado en el país andino en los dos últimos años.

El número va en aumento. En los siete primeros meses de 2017 ya habían entrado en Chile 44.289 haitianos, superando la cifra total de los llegados en 2016. Ingresan oficialmente como turistas, pero casi nadie regresa. Solo 1.294 'turistas' haitianos tomaron su vuelo de vuelta al Estado caribeño. “Los haitianos están comprobando que en su país no hay condiciones suficientes para desarrollarse como persona. La migración se masifica tras los últimos desastres naturales, como el terremoto de 2010”, admite Jean-Claude Pierre Paul, un migrante proveniente de Haití que ha conseguido licenciarse en Trabajo Social por la Universidad de las Américas de Chile. Trabaja ahora en la Oficina de Migrantes y Refugiados de Quilicura, una comuna de la capital muy poblada por extranjeros.

La llegada masiva de inmigrantes a Chile ha creado “tensión” entre los recién llegados y los ciudadanos del país andino, asegura Pierre. “El principal problema para la adaptación es el idioma. Nosotros hablamos francés y criollo. Muchos manejan el español a nivel escrito, dada la cercanía de nuestro país con la República Dominicana, pero no lo saben hablar”.

La diferencia idiomática perjudica a muchos a la hora de intentar capacitarse en el sistema educativo chileno, aunque el país sudamericano permite la libre matriculación de 'sin papeles' en sus escuelas. La diferencia entre culturas también influye en el proceso de adaptación: “Llegamos con otras costumbres en cuanto a la vida comunitaria. Muchas veces hay demandas contra familias haitianas que dejan a su hija mayor a cargo de dos y tres niños. En Haití eso es normal porque hay una cultura de educación colectiva”, explica Pierre.

Haitianos residentes en Chile posan para un fotógrafo en un mitin electoral de Sebastián Piñera en Santiago. (Reuters)
Haitianos residentes en Chile posan para un fotógrafo en un mitin electoral de Sebastián Piñera en Santiago. (Reuters)


Discriminación contenida

Los haitianos también han sufrido episodios de xenofobia, aunque puntualizan que los intolerantes son una pequeña minoría dentro de la población chilena. Widner Darcelin llegó al país hace diez años, cuando eran pocos los migrantes haitianos en Chile. Decidió quedarse tras enamorarse de una mujer local. “Lamentablemente sus papás son racistas. No pudimos estar juntos y tuvimos que terminar la relación”, desvela a El Confidencial en su casa de Quilicura.

No le ha ido mal en el país andino. Formó un grupo de música, New Vision C, junto a otros amigos haitianos. Una de las canciones cuenta la historia de su ruptura sentimental. Ha trabajado en la construcción y ahora como traductor de la comunidad haitiana. “Aquí hay racismo, pero creo que como en todos los países. Hay gente que piensa que es más que uno por tener pelo liso, ojos azules y color blanco. Pero son pocos”, puntualiza.

Lorenzo Agar, experto chileno en migración, y doctor en Sociología de la Universidad de Chile, cree que hay que ser cuidadoso a la hora de hablar de discriminación. “Es un proceso normal de desconocimiento respecto a la población afrodescendiente, con otro idioma y cultura. Ellos se están integrando en todos los sectores de la actividad y, por lo general, la reacción de los chilenos es bastante positiva”, comenta. Sí se han dado episodios violentos de intolerancia, como el apuñalamiento de un trabajador haitiano en una terminal pesquera de Santiago, denunciado como agresión xenófoba. El atacante se quejó presuntamente de que el extranjero estaba robándole el trabajo.

Acceso a la sanidad

Esa es la mayor crítica de los chilenos a la migración. Una parte de la población cree que determinadas ofertas laborales podrían dejar de estar disponibles debido a la llegada de extranjeros, en un país en el que la tasa de desempleo ronda el 6,5%. Los migrantes aseguran, en cambio, estar dedicándose a los trabajos que los locales ya no quieren. “La gran mayoría de la comunidad haitiana trabaja en sector servicios, en empresas de limpieza, aseo o construcción”, comenta Pierre. “Además, un migrante no puede quitarle el trabajo a un chileno porque la ley chilena lo impide. Una empresa puede contratar hasta un 15% máximo de inmigrantes. Es algo que tampoco es bueno, porque, con los Derechos Humanos en la mano, debería haber igualdad de oportunidades, y ahí hay un factor de discriminación”, añade el haitiano.

Otro de los problemas del mundo laboral es la baja remuneración de los migrantes. Muchos cobran el salario mínimo, de 365 euros al mes. Hay quien se aprovecha de la situación legal de los ‘sin papeles’ y paga incluso menos. “Si protestas y te echan, te quedas sin empleo, sin hogar y sin comida”, explica Darcelin.

Los problemas del mundo laboral no se trasladan a otros ámbitos, como el de la Salud. Desde hace unos meses los extranjeros tienen acceso a la sanidad gracias a una reforma legal. Sí existe más dificultad en el acceso a la vivienda, debido a la situación irregular de muchos. Alquilar sin tener los papeles en regla puede suponer un arriendo más caro. La excusa es el riesgo que toma el arrendatario. No solo los haitianos están llegando en situación irregular. La crisis económica y política de Venezuela ha provocado que la cifra de venezolanos en Chile se haya multiplicado por 20 desde 2013.

El Departamento de Extranjería y Migración reveló recientemente que el número de solicitudes de residencia superó las cifras de 2016 en los primeros siete meses del presente año. Hasta 31.949 venezolanos hicieron el requerimiento ante las autoridades en dicho periodo. La comunidad colombiana también se ha incrementado un 108% desde 2014, hasta superar los 12.200 en 2016.

El candidato Sebastián Piñera en un mitin electoral en Santiago. (Reuters)
El candidato Sebastián Piñera en un mitin electoral en Santiago. (Reuters)

Los papeles, por trabajo

Llegan, como muchos haitianos, atraídos por la relativa facilidad para regularizar la situación migratoria en Chile. Al país andino se puede ingresar como turista, a través del aeropuerto, con carta de invitación, billete de vuelta y cumpliendo el requisito de demostrar medios económicos suficientes para sobrevivir durante el tiempo previsto de estancia.

Obtener el permiso de residencia puede reducirse prácticamente a conseguir un contrato de trabajo. Eso ha generado un mercado negro. “Entre 6.000 y 7.000 haitianos tienen un contrato falso, que les ha vendido el dueño de una Pyme para que puedan regularizarse”, desvela Pierre. Otro problema es que, debido al incremento de solicitudes de residencia de ‘sin papeles’, el proceso de obtención de documentos se ha ralentizado.

Una ley de migración de Pinochet

Y es que Chile parecía no esperar una llegada masiva de inmigrantes. Las herramientas normativas con las que cuenta el país andino son todavía escasas. La ley que regula la llegada de extranjeros data de la dictadura de Augusto Pinochet y, según critican las ONG, llega a considerar al migrante prácticamente como un elemento subversivo.

La ley de migración data de Pinochet y, según las ONG, llega a considerar al migrante prácticamente como un elemento subversivo

El Gobierno de Michelle Bachelet ha propuesto al Legislativo una nueva ley de migración, elaborada a partir de cuatro ejes: la no discriminación, el libre tránsito, la migración segura y normas internas de regulación migratoria. “Es un avance con respecto a la legislación existente, de 1975, pero es difícil que pueda ser aprobada bajo la presidencia de Bachelet [finaliza en marzo] por las demoras en su presentación, debido a descoordinaciones gubernamentales, sumado a una alta ingerencia de ONG que se instalaron en el aparato del Estado y promovieron una visión de las migraciones con carácter asistencialista y no regulador”, comenta Lorenzo Agar, quien fue parte del proceso de elaboración de la ley.

El nuevo código propone también un catálogo de causas de prohibición de ingreso, entre las que se incluyen el uso de documentos falsos, haber sido condenado en el país de origen o ser prófugo de la justicia por asociación ilícita o tráfico de drogas. Parte de los expertos en migración critican la nueva legislación. “Desprotege a los inmigrantes y le entrega a la policía muchos poderes. Se hizo a espaldas de las organizaciones. Después de analizarla, concluimos que es un proyecto de ley racista”, evalúa María Emilia Tijoux. Cree que los migrantes en Chile están sometidos a “un mercado de explotación y abusos” y viven muchas veces en condiciones “infrahumanas”.

La mayoría coincide, eso sí, en que el flujo migratorio continuará.Hoy en Chile hay trabajo. Mientras que el desempleo siga orbitando en torno al 6,5%, y el país crezca, seguramente la migración seguirá aumentando”, cree Tijoux. El próximo presidente tendrá que seguir regulando la migración. Todo apunta a que será Piñera. Su máximo rival, el periodista de centroizquierda Alejandro Guillier, candidato del bloque oficialista, se encuentra a más de 20 puntos en las encuestas, y parece difícil que pueda reunir el apoyo necesario para batir al empresario, aun forzando una segunda vuelta.

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