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De futbolista a terrorista por una semana en la frontera más conflictiva del mundo

Un joven de 20 años desapareció de su casa. Futbolista y voluntario de una ONG, nadie se imaginaba que podría haberse unido a una milicia terrorista

Foto: Banderas de Lashkar-e-Taiba, milicia cachemir (EFE)
Banderas de Lashkar-e-Taiba, milicia cachemir (EFE)

Era jueves 9 de noviembre. Ese día, Majid Khan no regresó a su casa. Su madre, Ashiya Begum, no tenía ni idea de dónde podía estar su pequeño, un joven deportista de 20 años, portero del equipo local y peinado siempre al estilo de David Beckham. Un día después, Ashiya no podía dejar de llorar: en la aplicación de mensajería rápida WhatsApp no dejaba de compartirse una imagen de su hijo en la que en lugar de posar con sus guantes y su balón lo hacía empuñando un fusil de asalto.

El caso de Khan recuerda al de Burhan Wani, que huyó de su casa cuando solo tenía 15 años para unirse a un grupo terrorista Hizbul Muyahidín, la mayor milicia separatista que combate contra el Ejército indio desde la zona paquistaní de Cachemira, formada principalmente por guerrilleros indígenas de la zona. Wani, que se convirtió en el 'terrorista de Facebook', donde compartía imágenes de él mismo armado, decidió unirse al grupo terrorista después de ser golpeado por fuerzas de seguridad cuando estaba con uno de sus mejores amigos.

Khan, que era estudiante en el centro de estudios masculino de Anantnag —a algo más de 50 kilómetros de Srinagar, la capital estival de Jammu y Cachemira—, se convirtió en una leyenda para el fútbol local cuando consiguió que su equipo, el FC Haayat, lograra su primera victoria en la liga interdistritos. La casa en la que Khan vive con su familia está llena de sus trofeos, entre los que se encuentra uno por un campeonato organizado por la Policía de Cachemira. Su primo Nazir asegura que su pasión era el deporte.

Majid Khan (portero, segundo por la izquierda), con su equipo | Foto: FC Haayat
Majid Khan (portero, segundo por la izquierda), con su equipo | Foto: FC Haayat

Y cuando Khan no estaba jugando al fútbol, trabajaba incansablemente como voluntario para una ONG. El pasado mes de junio fue galardonado con el 'premio al mejor trabajador del año' por sus tareas de voluntariado en la organización Mother Helpage. "Estoy muy agradecido por el premio y por los colegas que me apoyan. Siento un gran honor por trabajar aquí y el ambiente es maravilloso. Me siento libre para pensar y para utilizar todo el conocimiento que tengo con mis compañeros y mis superiores. Este premio es muy valioso para mí y aquí he aprendido muchas cosas de la vida", escribió él mismo en su cuenta de Facebook.

Nadie podía imaginarse que una figura como la de Khan acabara afiliada a una organización terrorista como Lashkar-e-Taiba (LeT), la milicia que está detrás de los atentados de Bombay de 2008, una serie de atentados coordinados en diferentes puntos de la capital financiera de India que dejaron un saldo de cerca de 170 muertos, entre ellos seis extranjeros. Khan decidió tomar las armas por amistad. Y por venganza.

Su amigo Yawar Nisar se había unido Hizbul Muyahidín el pasado mes de julio. Todo nuevo miliciano tiene un breve periodo de entrenamiento militar, que dura en torno a una semana, y fue precisamente en este 'tiempo de prácticas' cuando Nisar se encontró en el medio de un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. El amigo de Khan perdió la vida el 3 de agosto, antes incluso de convertirse en un verdadero combatiente. Durante días, no dejó de compartir la tristeza que sentía por perder a su amigo. "No hemos perdido a un hijo, hemos perdido la base de la que estaba hecho. No lloramos su partida, disfrutamos del final que conoció", escribió, algo más de un mes después de su fallecimiento.

No pasaron dos meses desde estas palabras cuando Khan no regresó a casa. "Le estoy esperando. Solo quiero que vuelva, y quiero que vuelva a jugar al fútbol", pedía su madre en un vídeo que acabó recorriendo las redes sociales, recogido en la cadena india de televisión NDTV. Las páginas de Facebook de amigos, familiares y conocidos se fueron llenando de peticiones para que regresara. Y no han tardado en surtir efecto: solo una semana ha durado Khan en las filas del LeT.

Política de rendición en India

Después de una semana como terrorista, Khan decidió que ya era suficiente. El jueves por la noche, caminó hasta un campamento de seguridad en el sur de Cachemira, donde presentó su rendición, con armas y munición incluidas, ante las autoridades. Khan "ya no está con los terroristas", comunicaron las autoridades a su familia. El corazón de su padre, Irshad Ahmad Khan, de 59 años, descansó tranquilo. Hacía unos días había sufrido un ataque cardiaco al escuchar que su hijo se había visto atrapado en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Un terrorista había perdido la vida, pero nadie sabía su nombre.

El agente de la Policía de Jammu y Cachemira Imtiyaz Hussain ha confirmado su retorno, y ha celebrado que el joven Khan "haya respondido a los rezos de su madre". "Rezamos y esperamos que todos los chicos que se han levantado en armas regresen a los brazos de sus madres", ha añadido.

Por su parte, el inspector general de la Policía, Munir Khan, ha advertido de que Pakistán está tratando de utilizar las redes sociales para reclutar milicianos a ambos lados de la frontera, y que por eso se está planteando una nueva política de rendición para los cahemires que se afilien a organizaciones terrroristas. "El Gobierno está muy interesado en tener una nueva política de rendición y ha pedido a la Policía de Jammu y Cachemira que presente sus sugerencias. Estamos recopilándolas para enviarlas al Gobierno", ha señalado, según recoge el 'New Indian Express'.

En los más de 2.900 kilómetros de frontera entre India y Pakistán, esta zona es una de las más conflictivas del mundo. Sólo en la región de Cachemira, disputada por ambos países, han muerto más de 100.000 personas. Los dos países se disputan la región desde 1947 y se han enfrentado por ella en dos de las tres guerras que han mantenido desde su independencia de Reino Unido. En 1999 hubo un breve pero intenso enfrentamiento militar entre ambas potencias nucleares y desde 2003 mantienen una frágil tregua en la que los enfrentamientos no han cesado.

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