"éramos puro negocio"

Los 4.000 niños robados de Sri Lanka… que acabaron en Holanda

Las “granjas de bebés” llevaron a Sri Lanka a suspender las adopciones internacionales en 1987, aunque la venta de niños continuó. Hablamos con las víctimas que buscan a sus padres biológicos

Foto: Dos niños juegan en una fuente en Colombo, Sri Lanka, el 1 de octubre de 2017. (Reuters)
Dos niños juegan en una fuente en Colombo, Sri Lanka, el 1 de octubre de 2017. (Reuters)
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La historia vuelve a repetirse. Padres desesperados por la pobreza, o mujeres solteras embarazadas y agobiadas por la situación social y económica de una Sri Lanka de los 80 y 90. Al otro lado, parejas extranjeras y con posibles, ansiosas por tener un bebé. Y en medio de todo, una situación escalofriante, lo que las autoridades de Sri Lanka llamaron las “granjas de bebés”: tramas en varios puntos de la isla asiática que habían normalizado la compraventa de recién nacidos y que, no solo convencían a los padres para entregar a sus hijos en adopción a cambio de dinero, sino que, aprovechando la confusión del parto, llegaron a mentirles y afirmar que sus pequeños habían nacido muertos. Décadas después, las víctimas, esos niños robados, revisan sus documentos de adopción e intentan 'surfear' las falsificaciones de datos hechas en esa época para reencontrarse con sus padres biológicos gracias a Internet y a los diferentes bancos de ADN localizados en todo el mundo.

“Los padres adoptivos dicen que no sabían que esto estaba pasando, pero eso no les hace menos cómplices. Han pagado dinero para obtener un bebé, ¿no les parecía raro? Es una comparación dura, pero cuando alguien se compra un coche, al menos se molesta en investigar si es robado, y si todo el procedimiento cumple las reglas”, explica a El Confidencial Chamila Dilrukshi Seppenwoolde, joven holandesa originaria de de Sri Lanka, que trabaja en la Unión Internacional de Adoptados (UAI), en los Países Bajos. No quiere hablar de su historia personal, pero sí de cómo esta organización intenta día a día ayudar a los adoptados a encontrarse con su historia real. Entre los años 1982 y 2000, al menos 4.000 niños fueron adoptados por familias holandesas a través de organismos de adopción nacionales, y ninguno puede asegurar que su procedimiento no fuera falsificado.

Cientos de adoptados intentan a día de hoy localizar a sus familias y conocer cómo acabaron en los Países Bajos. “Fui adoptada cuando tenía 10 meses a través de la fundación Kind en Toekomst (Niños y el Futuro). He reunido todos los papeles que existen pero la información no es correcta. En el documento oficial, solo se señala que mis padres estaban casados. Investigando, encontré otro informe policial diciendo que mi padre fue asesinado y también describían la casa donde mi madre podría estar viviendo, el número de hermanos que quizás tengo, y nombres de algunos miembros de la familia”, detalla a El Confidencial Joyce Bonné, adoptada por una familia de Heel y que, según sus papeles de adopción, tiene 30 años. En febrero viaja a Sri Lanka para encontrarse con “alguien” que está dispuesto a ayudarla a perseguir las huellas y localizar así a sus padres.

"Nos vendía al mejor postor"

Bonné sospecha de un polémico centro de adopción de la ciudad de Wadduwa, a 30 kilómetros al sur de Colombo. La propietaria, Dawn da Silva, pasó 10 años en prisión por tráfico de niños y fraude, acusada de reclutar a madres solteras del pueblo que desean entregar a su hijo en adopción. En diferentes artículos de prensa de abril del 1987, se explica cómo Da Silva ofrecía refugio a las parejas de Europa Occidental para que se queden en Sri Lanka hasta llevarse a los recién nacidos. Con ayuda de la fundación Kind en Toekomst, en 1986, unas 200 parejas holandesas adoptaron a sus bebés.

Joyce Bonné.
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Joyce Bonné.

“La señora Da Silva se acercó a mi madre adoptiva con dos gemelos y le preguntó si conocía a alguien que le gustaría adoptarlos. O si no quería llevárselos ella. Esa mujer no quería ayudar, ganaba mucho dinero a nuestras espaldas. Para ella éramos puro negocio. Nos vendía al mejor postor”, lamentó Bonné. Esta joven desconoce la cifra exacta que sus padres adoptivos pagaron en Sri Lanka por la adopción pero calcula que el equivalente a unos 15.000 euros. Lamenta ahora que la gente responsable “no está cooperando y eso es muy triste”. Se sabía sobre el escándalo ya en 1983. “Nadie nos está ayudando y nadie se responsabilizará de lo que pasó. Es frustrante. Se aprovecharon de 11.000 niños que no tenían ni voz ni voto”, enfatiza.

Los bebés de las “granjas” llegaron a los Países Bajos con documentación falsificada: muchas de las madres que supuestamente dieron a sus hijos en adopción no existen, no se mencionan a los hermanos de los niños adoptados, y en los pasaportes aparecen fechas de nacimiento aleatorias, según confirma Chamila. “En esa época la gente ya hablaba de ello pero el Gobierno hacia la vista gorda porque también tiene intereses en esto. Estamos hablando del negocio de las adopciones, y que movía mucho dinero. Y eso es muy fuerte porque todos tienen responsabilidades en esto. Era un mercado como otro cualquiera”, lamenta. Más de 11.000 bebés fueron adoptados en Sri Lanka por familias de países occidentales solo en la década de los 80. Del total, 4.000 acabaron en los Países Bajos, y otros tantos fueron enviados al Reino Unido, Suecia y Alemania, de acuerdo a las investigaciones.

La existencia de estas “granjas de bebés” fue lo que llevó al Gobierno de Sri Lanka a suspender las adopciones internacionales en 1987, aunque eso no logró frenar la dramática situación de venta de niños. Las mujeres incluso llegaron a “trabajar” como vientres de alquiler para satisfacer la demanda de las adopciones, según investigaciones de la televisión holandesa Zembla. “Recogían a los niños y se los vendían a extranjeros para su adopción”, confirmó el ministro de Sanidad esrilanqués, Rajitha Senaratne. Es la primera vez que el Gobierno de ese país admite lo que hasta ahora eran rumores no confirmados y se compromete a contribuir con una solución.

"Esa mujer no quería ayudar. Para ella éramos puro negocio. Nos vendía al mejor postor”

Sri Lanka está estableciendo un banco de datos de ADN para que los adoptados y los padres biológicos que fueron víctimas de este fraude busquen a sus parientes. “El Gobierno debería tomarse esto muy en serio. Tendremos que establecer una agencia especial donde los padres y niños puedan confirmar su ADN. Esto proporciona un método fácil de averiguar si es la verdadera madre o no. Tomaré la iniciativa para esto”, afirmó Senaratne. Además, ha informado públicamente del inicio de una investigación sobre lo ocurrido en esa época para determinar responsabilidades en la venta de bebés a occidentales. Especialmente, porque algunos “niños” ya encontraron a sus verdaderos padres y corroboraron que su adopción está rodeada de dudas.

Uno de los casos es Malou Tanis. En 2014, conoció a la que cree que es su familia biológica. Sus tíos, primos, y otros hermanos viven en Pimbura, en el suroeste de Sri Lanka. “A mi madre solo la pude conocer el año pasado porque ella estaba trabajando en Arabia Saudí. Mi familia es muy pobre pero está llena de amor. He viajado a verles en cuatro ocasiones, la primera fui con mi marido y mis hijos. Y en 2015, fui sola”, explica a El Confidencial Roshika (su nombre esrilanqués), adoptada por una familia holandesa hace 36 años. No tiene mucha información sobre su procedimiento de adopción porque nadie le ha contado nada certero.

En 2009 comenzó a buscar a sus parientes en Sri Lanka. Contactó con Walter Wilegoda, un polémico miembro de la fundación ROAT, que trabaja con las familias más pobres de la isla. Él localizó a uno de sus tíos y al resto de la familia. “A mi madre la obligaron a darme en adopción y una enfermera del hospital lo organizó todo. Nadie sabía que ella lo iba a hacer, hasta que desaparecí. Mi madre lloraba y gritaba que no quería separarse de mí. Es muy triste todo, pero la entiendo. Se había divorciado de mi padre y ya tenía el peso de mi otra hermana. Mi familia adoptiva dice que no se acuerda de mucho y no me apoyaron cuando decidí empezar a buscar a mis padres biológicos. Dicen que todo fue legal, que un juez allí en Sri Lanka les dio derecho a adoptarme y eso es todo”, lamenta Roshika.

Eso es lo que le han contando. Lo poco que puede confirmar con certeza lo tendrá que hacer con un análisis de sangre. “No sé si el proceso fue legal o no, no me puedo fiar de los documentos que tengo, claramente. Yo creo y espero que mi historia sea real, que esta sea mi familia biológica. Aún no nos hemos hecho los análisis de ADN porque está siendo complicado. Mi madre murió en julio del año pasado, poco después de conocerla, y hasta dentro de unos meses no conoceré a mi padre por primera vez. Si todo sale bien, espero que él pueda explicarme lo que ha pasado”, dice, esperanzada.

Malou Tanis.
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Malou Tanis.

Las "granjas de bebés"

Las víctimas denuncian sobre todo el silencio de las autoridades de ambos países durante todos estos años, a pesar de los informes que existían en la época. El 25 de enero de 1987, la Policía de Colombo (Sri Lanka) irrumpió en una “granja de bebés” y se encontró con 20 recién nacidos y 22 mujeres hacinados en un edificio pequeño, con habitaciones de máximo 3 metros cuadrados. Las madres estaban detenidas en condiciones carcelarias mientras se procesaban los documentos de adopción para los niños que “habían vendido por pequeños honorarios”, dijeron las autoridades en aquel entonces. La operación concluyó con la detención del gerente del lugar y dos funcionarios del Ministerio de Servicios Sociales, que manejaban las adopciones.

Los informes publicados por la prensa tras esas detenciones revelaron que los bebés se compraban por unos 30 dólares (25,8 euros) en Sri Lanka y eran vendidos a padres extranjeros por 30 veces más el “precio de compra”, y a través de organismos nacionales de adopción en países occidentales. Ese escándalo no frenó el negocio. Se seguían vendiendo niños, por ejemplo, en un hospital de Matugama, en el suroeste de la isla asiática. Varias enfermeras que trabajaban en ese centro confirmaron a Zembla que las “granjas de bebés” seguían existiendo. Los niños fueron dados en adopción por las llamadas “madres en funciones”, es decir, mujeres que decían ser madres biológicas de bebés que no eran suyos. “Alguien conectado con el hospital me pidió que actuara como madre. Luego me dieron 2.000 rupias”, admitió una de estas mujeres.

Un pequeño grupo de abogados, personal médico y empleados que trabajaban en la oficina de protección infantil de Sri Lanka eran responsables del fraude de adopción, según las investigaciones. De hecho, los empleados de los hospitales son quienes actuaron como últimos intermediarios para las agencias de adopción occidentales. “Los padres interesados tenían que pedir primero una serie de documentos en los Países Bajos, que les darían el derecho a adoptar un bebé: un papel de Seguridad y Justicia, de los Servicios Sociales, y del organismo de protección infantil. Una vez que tienen todo lo necesario, van al mediador, alguna organización holandesa, y presentan los documentos que les respaldan como posibles padres. Pagan el dinero que se les exige y la organización empieza a buscar a los bebés”, explica Chamila. Por ello, señala que “la culpa de toda la ilegalidad es de todos, desde el Gobierno de Holanda hasta los que falsificaban los documentos” en Sri Lanka. Eso dificulta la situación, admite, porque “todos prefieren silenciar este tema y evitar investigaciones” de todo lo que ha ocurrido.

Sin embargo, el ministro de Sanidad esrilanqués insistió el pasado septiembre en que el fraude en las adopciones debe investigarse. “Todo sucedió de manera ilegal y eso es muy incorrecto. Viola los derechos humanos de estas familias”, afirmó. El ya exSecretario de Estado holandés, Klaas Dijkhoff –también responsable de las adopciones internacionales en los Países Bajos- anunció que, antes de decidir si el Gobierno holandés debería involucrarse en este asunto, “se investigará quién interpretó qué parte del proceso y quién era responsable en ese momento, además de cómo se monitoreaba todo, y qué organizaciones y personas estaban involucradas en general” en el robo de bebés.

Mientras tanto, las víctimas se han unido para buscar juntos alguna respuesta. Cientos de adoptados, ya adultos, han abierto un grupo de Facebook en el que publican constantemente fotografías, copias de documentación y cualquier detalle que les permita esclarecer lo ocurrido y reunirse con sus padres biológicos. Comparando versiones, como las de decenas de pasaporte, con tachaduras, modificaciones y papelitos con las firmas de sus padres adoptivos, pegados con celofán sobre el documento original. Aunque a veces, incluso publican alguna fotografía de un feliz encuentro entre una madre y su hijo.

La oficina de la UAI ha recibido en las últimas dos semanas unas 250 solicitudes de holandeses que buscan a sus padres en Sri Lanka. Aspiran a utilizar los bancos de ADN localizados a lo largo y ancho del mundo, especialmente el más grande, el de Estados Unidos, a la espera de un milagro que les reúna con sus progenitores. “Los niños adoptados ya tenemos suficientes dificultades en la vida por el hecho de saber que fuimos separados de nuestras familias, nuestra cultura, etc. Pensar que probablemente fuimos ‘un producto’ de una granja de bebés, solo complica este trauma”, concluye Roshika, en medio de las dudas sobre si la familia que encontró en Sri Lanka es quien dice ser. Ante la falta de cooperación de los responsables, los análisis de ADN son su única esperanza.

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