adiós a un monarca adorado por sus súbditos

Tailandia despide a su rey y entra en una nueva era de incertidumbre

El país celebra hoy la ceremonia de cremación de Bhumibol Adulyadej, quien durante décadas ha mantenido el equilibrio entre diferentes fuerzas políticas. Una nueva crisis puede ser grave

El pasado mes julio, en la avenida de Sukhumvit, una de las más importantes de Bangkok, la capital tailandesa, un grupo de trabajadores realizaba una tarea que podría parecer baladí: desmontaban un viejo retrato y lo sustituían por otro. Sin embargo, este gesto, que se intensificó durante aquel mes a lo largo de todas las calles de la capital, implicaba un importante mensaje: un cambio de era. Porque los retratos no representaban a cualquiera; eran estampas de la figura más importante de la política del país, la del rey de Tailandia. Pero por primera vez en 70 años ya no correspondían a la misma persona. El viejo retrato que se desmontaba era el del venerado rey Bhumibol Adulyadej, que murió en octubre del año pasado; el nuevo era el de su hijo, el recién proclamado rey Vajiralongkorn.

Aunque Vajiralongkorn accedió al trono el pasado mes de diciembre, Tailandia ha vivido una especie de parálisis social y política durante los últimos doce meses en los que el duelo oficial ha mantenido la figura de Bhumibol, también conocido como Rama IX, tan presente que parece que su reinado no ha terminado del todo. Así, aunque muchos de los retratos oficiales han sido sustituidos por los de Rama X, la imagen del antiguo rey, adorado por buena parte de la población del país como un semidiós, aún es venerada en altares temporales que han sido colocados en cada esquina de la ciudad.

Los tailandeses se preparan, sin embargo, para cerrar simbólicamente esta noche esa era con la cremación de Rama IX, que dará paso, probablemente a finales de año -la fecha aún está por confirmar-, a la coronación oficial de Vajilongkorn. "Tras la coronación, los tailandeses van a empezar a ser realmente conscientes de que hay un nuevo reinado", afirma Kan Yuengyong, director del Siam Intelligence Unit, un think tank especializado en política tailandesa. Así, el cambio de retrato se generalizará y afectará a otros aspectos más comunes de la vida corriente, como la moneda, explica el analista.

El nuevo rey de Tailandia Maha Vajiralongkorn durante la ceremonia. (Reuters)
El nuevo rey de Tailandia Maha Vajiralongkorn durante la ceremonia. (Reuters)

En una monarquía constitucional cualquiera en la que el monarca sólo tiene atribuciones simbólicas, como a la que siempre dice aspirar Tailandia, el cambio sería poco más que sentimental para unos súbditos que han tenido el mismo rey durante siete décadas y al que atribuyen buena parte del desarrollo económico del país. Bhumibol, sin embargo, tuvo un papel crucial en la convulsa política tailandesa como contrapeso a los diferentes poderes, en un país que ha vivido casi una veintena de golpes de Estado militares en el último siglo, 13 de ellos con éxito.

El último de ellos, que llevó al poder a una junta militar en mayo de 2014 que aún sigue en el poder, ha sido interpretado como un intento del ejército por controlar la transición entre ambos reyes, especialmente delicada tras una década de división política entre los llamados camisas rojas, mayoritariamente clases populares del noreste del país, y los amarillos, clases acomodadas de Bangkok y del sur del país. "Han intentado esconder [los conflictos] debajo de la alfombra. Pero siguen ahí. Las clases bajas siguen estando muy disconformes", asegura Kan Yuengyong.

Un nuevo régimen

Los cambios van, sin embargo, más allá del rostro en billetes y retratos. El pasado mes de abril entró en vigor una nueva Constitución, redactada por los militares aunque aprobada en referendum el año pasado, que según los analistas supone un importante retroceso en las libertades democráticas del país. "Estamos volviendo atrás tras veinte años de un trabajo muy duro para construir una sociedad civil democrática", afirma Khemthong Tonsakulrungruang, especialista en política tailandesa de la universidad de Bristol.

Así, la nueva Carta Magna, la vigésima en un siglo, prevé un sistema en el que sólo el Congreso será elegido en comicios, mientras que el Senado, con importantes atribuciones legislativas, será nominado a dedo. Además, la Constitución incluye un periodo de transición de cinco años a partir de las próximas elecciones, previstas para finales de 2018, aunque han sido retrasadas en varias ocasiones, en el que será posible elegir como primer ministro a alguien que no se haya presentado a las elecciones. Así, el actual primer ministro, el general Prayuth Chan-ocha, que lideró el golpe de 2014, no ha descartado volver a ocupar el cargo. "Es un modo de intentar institucionalizar una estructura política permanente", asegura Siripan Nogsuan Sawasdee, profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Chulalongkorn. "Pero para mí no es democracia. [...] Incluso si hay elecciones, el poder popular va a estar muy reducido".

Militares tailandeses durante el referéndum sobre la nueva constitución, en agosto de 2016. (EFE)
Militares tailandeses durante el referéndum sobre la nueva constitución, en agosto de 2016. (EFE)

El poder civil también se va a ver debilitado, con una regulación más estricta sobre partidos políticos, y unas directrices sociales y políticas que serán impuestas a cualquier gobierno durante los próximas dos décadas por un Comité Nacional creado ad hoc.

Uno de los objetivos fundamentales del nuevo régimen es evitar que la familia Shinawatra vuelva a hacerse con el poder en el país, explica Siripan. "Es un plan muy práctico para capturar del poder y evitar que los políticos dominen el país", asegura la académica. Tailandia ha vivido así un nuevo periodo de conflictos durante los últimos diez años en el que los camisas rojas y los amarillas se han posicionado a favor y en contra respectivamente de Thaksin Shinawatra, el polémico antiguo primer ministro depuesto en un golpe de Estado en 2006, símbolo, para los primeros, de políticas sociales, y de corrupción y populismo, para los segundos.

En la convulsa política tailandesa, la imagen conciliadora que tuvo el rey Bhumibol Adulyadej fue, en varios capítulos de la historia del país, clave para apaciguar las rencillas. “La monarquía es el centro de la política de Tailandia. Literalmente [ocupa] el corazón y la mente de los tailandeses”, asegura Khemthong Tonsakulrungruang. Una devoción difícil de emular, tarea que aún tiene pendiente su sucesor y ahora rey. Sin embargo, en un país con una de las leyes de lesa majesta más duras del planeta, que contempla penas de cárcel de entre 3 y 15 años, cualquier debate sobre la posición política del rey en este nuevo escenario es silenciado.

El riesgo de un nuevo conflicto civil, sin embargo, sigue latente y muchos temen un nuevo derramamiento de sangre en las calles. Ya en 2010, las manifestaciones de los camisas rojas se saldaron con más de 90 muertos, mientras que las protestas de 1992, en las que Bhumibol se ganó su reputación conciliadora al parar a dos facciones militares, son conocidas como el ‘Mayo negro’. “La situación ahora es diferente”, asegura Kan Yuengyong. “Si vuelve a ocurrir ahora [algo similar] va a ser mucho más grave”, predice el analista.

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