"hablaremos de armas cuando pase un tiempo"

Trump viaja a Las Vegas: qué se juega el presidente tras el tiroteo masivo

El presidente ha levantado los límites impuestos por Obama a la venta de armas en EEUU y no parece inclinado a cambiar de postura. Pero la opinión pública empieza a posicionarse en sentido contrario

Foto: El presidente Donald Trump saluda a la prensa antes de embarcar en un viaje que le llevará a Puerto Rico y luego a Las Vegas, el 3 de octubre de 2017. (Reuters)
El presidente Donald Trump saluda a la prensa antes de embarcar en un viaje que le llevará a Puerto Rico y luego a Las Vegas, el 3 de octubre de 2017. (Reuters)

De nuevo, una matanza en Estados Unidos. Y de nuevo, el debate sobre el control de armas. Ambos partidos desempolvan sus guiones: los demócratas piden limitar las ventas, al menos a personas con determinados antecedentes; al menos, de armas de guerra. Los republicanos ofrecen sus condolencias y acusan a los demócratas de politizar la tragedia. ¿Cabe esperar algún cambio legal en uno de los asuntos que más divide a EEUU?

“Hablaremos de las leyes de las armas cuando pase un tiempo”, declaró el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que hoy visitará el lugar de la tragedia en Las Vegas, donde un pistolero asesinó desde la ventana de un hotel a 59 personas e hirió a más de 520. Esta es la primera masacre que se da bajo su Administración. Su antecesor, Barack Obama, pasó 16 veces por situaciones similares e intentó aprovechar la coyuntura para endurecer las leyes, sobre todo después de Sandy Hook en 2012. Con poco éxito.

Si el presidente demócrata no fue capaz de limitar las ventas de forma significativa, ¿por qué lo haría un republicano que, además, se ha pronunciado muchas veces en sentido opuesto? Trump ha barajado la idea de ampliar a nivel federal el derecho a llevar una pistola escondida y de permitir portar armas en “zonas libres de armas”, como las escuelas. Trump se refirió a estas zonas como “una golosina para la gente mala”: aquello de que, si los profesores de la escuela Sandy Hook hubieran ido armados, habrían podido abatir al adolescente que se trajo el rifle de su madre para asesinar a sus compañeros.

En sus nueve meses de Gobierno, Donald Trump ha levantado los baches que sí había logrado colocar Obama: la prohibición de vender armas a personas que reciban beneficios sociales para tratar su salud mental y a aquellas que sean consideradas incapacitadas para gestionar sus finanzas. La Casa Blanca también facilitará los trámites para que las fabricantes de armas puedan vender sus productos en el extranjero.

Quizás la partida política no se juegue ahora, sino a medio plazo: en 2020. Los candidatos demócratas que más suenan para las próximas elecciones han lanzando mensajes enérgicos en los últimos días. “Tragedias como la de Las Vegas han ocurrido demasiadas veces”, declaró en Twitter la senadora de Massachussets, Elizabeth Warren. “Necesitamos mantener una conversación sobre cómo parar la violencia. Lo necesitamos ahora”.

El Congreso es “demasiado débil y demasiado cobarde” [para oponerse a la influencia del lobby de las armas], dijo la senadora neoyorquina Kristen Gillibrand. Palabras que en otra época hubieran sido difíciles de escuchar en labios de un político de cualquiera de los dos grandes partidos. Aunque los demócratas tienen ahora mismo al Congreso y el Gobierno en contra, la opinión pública parece fluctuar lentamente a su favor.

Un anuncio de un fusil automático en Las Vegas, en una fotografía tomada dos días después del tiroteo en el festival Route 91. (Reuters)
Un anuncio de un fusil automático en Las Vegas, en una fotografía tomada dos días después del tiroteo en el festival Route 91. (Reuters)

La opinión pública favorece la regulación

Varias encuestas encargadas por The New York Times muestran que la opinión pública favorece cada vez más un mayor control en la venta de armas. El 85% de los encuestados por Morning Consult aprueban la comprobación obligatoria de antecedentes para quienes quieran comprar un arma y prohibir su venta a los condenados por acoso. El 78% apoya que se requiera licencia y el 63% que se prohíban las armas semiautomáticas. Límites rechazados por la mayoría republicana y grupos defensores del derecho a ir armado.

Para los conservadores, regular la posesión de armas sería quebrantar el derecho constitucional de defenderse (la Segunda Enmienda) y chapotear en la superficie de una cuestión más profunda: los principios morales de cada persona. “A aquellos oportunistas que aprovechan la tragedia de Las Vegas para pedir más regulaciones de armas... No podéis regular el mal”, tuiteó Matt Bevin, gobernador de Kentucky.

También hay dinero en juego. El lobby de las armas que más influye en Washington es la Asociación Nacional del Rifle. La NRA gasta cada año en torno 250 millones de dólares en influencia política y financia directamente a decenas de congresistas, la inmensa mayoría del Partido Republicano. Las fabricantes de armas, como suele ser habitual después de una masacre, cuando se prevén más ventas, crecieron más de un 6% en Bolsa en el caso de Sturm Ruger y American Outdoor Brands, antigua Smith & Wesson.

Mientras, la policía sigue recabando información sobre lo ocurrido la noche del domingo. El sospechoso muerto, Stephen Paddock, de 64 años, subió más de diez maletas a su habitación del Mandalay Bay. Tenía con él 23 armas de fuego compradas legalmente, incluido escopetas, pistolas y rifles de mira telescópica, explosivos y pilas de munición. El asesino habría utilizado varios rifles durante el ataque; una lluvia de fuego sobre las 20.000 personas que se apiñaban, como una alfombra, 32 pisos más abajo.

Aunque la matanza más grande en suelo americano desde los atentados del 11-S no moldee la voluntad del Congreso, sí ha influido en voluntades individuales. “He sido un defensor de la Segunda Enmienda toda mi vida. Hasta los acontecimientos de anoche”, declaró Caleb Keeter, guitarrista de una de las bandas presentes en la matanza. “No puedo expresar cuán equivocado estaba. De hecho tenemos a miembros de nuestro equipo con CHL [licencias de armas ocultas], y armas de fuego legales en el bus. Fueron inútiles”.

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