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El genocidio rohingyá y el silencio de Suu Kyi en Birmania, en viñetas
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El genocidio rohingyá y el silencio de Suu Kyi en Birmania, en viñetas

La historia apuntaba a que Aung San Suu Kyi, activista por la democracia, defensora de los Derechos Humanos y ni más ni menos que Premio Nobel

La historia apuntaba a que Aung San Suu Kyi, activista por la democracia, defensora de los Derechos Humanos y ni más ni menos que Premio Nobel de la Paz, sería la responsable de poner fin al 'apartheid' que sufre la minoría rohingyá, una de las más perseguidas del mundo y ahora calificada como objeto de una auténtica limpieza étnica. Pero no fue así. Desde la llegada de Suu Kyi al 'poder' en Birmania su silencio ha estado contribuyendo al genocidio de esta minoría. Y 'poder' tiene que ir, efectivamente, entrecomillado, porque a pesar de que es quien de facto gobierna el país, no lo es oficialmente: el presidente de Birmania, por ley, no puede tener hijos extranjeros, y los de Suu Kyi son británicos. Pero esto no le ha impedido alcanzar ese poder. Ostenta actualmente los ministerios de Exteriores, Energía y Educación y la oficina de la Presidencia. Y, además, es consejera de Estado. Todos estos cargos para callar. 

Su silencio le ha valido más de una crítica. Y no en vano: en el más de un año y medio que lleva gobernando en la sombra, el norte de Birmania ha sufrido al menos dos crisis extremadamente graves, en las que miles de rohingyás tuvieron que huir al país vecino, Bangladesh, y otros miles han muerto, asesinados, quemados vivos, a manos incluso del propio Ejército. 

En todo el mundo han respondido a este genocidio, desde Naciones Unidas, hasta diferentes premios Nobel de la Paz, que se preguntan cómo una política que antes de llegar al Gobierno disponía de una altura ética considerable ha pasado a permitir una situación como la que viven los rohingyás de Birmania. A estos se han sumado decenas, cientos de artistas, que han querido plasmar no sólo la terrible situación de los musulmanes rohingyás del sudeste asiático, que se cuentan por miles, sino también el silencio genocida de la propia Suu Kyi.