LA MEDIDA COINCIDE CON UN GIRO HACIA CHINA

El último país en enfrentarse a Estados Unidos: la Camboya del 'premier' Hun Sen

El primer ministro del país asiático ha exigido la salida de los Cuerpos de Paz y ha suspendido varias iniciativas de cooperación militar. Cree que Washington pretende derrocarle

Foto: Un centinela monta guardia durante una cumbre de la ASEAN en Phnom Penh, en 2012. (Reuters)
Un centinela monta guardia durante una cumbre de la ASEAN en Phnom Penh, en 2012. (Reuters)
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Parecía una medida de presión diplomática relativamente leve, ante la que no se esperaban mayores consecuencias: la suspensión de nuevos visados a Estados Unidos para altos cargos diplomáticos de Camboya y sus familiares, como modo de forzar al Gobierno camboyano a aceptar las exigencias estadounidenses. Washington quería que el país acogiese a los ciudadanos camboyanos deportados de EEUU -normalmente por actos criminales-, algo que, decía, el ejecutivo de Phnom Penh venía evitando“de forma injustificada”. Algún funcionario del Departamento de Estado consideró que esta iniciativa aseguraría la cooperación, aún a regañadientes, de las autoridades camboyanas. Pero el resultado ha sido el opuesto.

La semana pasada, el primer ministro Hun Sen, del Partido del Pueblo Camboyano, anunció que su nación suspendía un programa de cooperación con el Ejército estadounidense para encontrar los restos de soldados de EEUU desaparecidos o muertos en suelo camboyano durante la época de la guerra de Vietnam. “Tú me haces algo, yo también te lo hago”, declaró Sen en el momento de anunciar la medida. Horas después, exigió la salida del país de los Cuerpos de Paz (una organización de voluntarios estadounidenses creada por el presidente Kennedy en 1991, cuyo propósito declarado es la promoción de la amistad internacional a través de iniciativas como clases gratuitas de inglés). Según la Embajada de EEUU en Phnom Penh, más de medio millar de miembros de los Cuerpos de Paz han trabajado en Camboya desde 2006.

Este no es sino el último paso en un desencuentro que viene gestándose desde hace tiempo. Durante este año, Hun Sen ordenó la cancelación de los ejercicios militares conjuntos con las fuerzas armadas de EEUU, y la expulsión de una unidad naval. En agosto, decretó el cierre de la oficina local del Instituto Nacional Demócrata para los Asuntos Internacionales (NDI), una organización asociada al Partido Demócrata de Estados Unidos a la que a menudo se acusa de ayudar a fomentar 'revoluciones de colores' contra gobernantes incómodos para Washington. “Los camboyanos son muy conscientes de lo que significa el proceso democrático. No tienen que decirnos lo que es”, sentenció entonces Hun Sen, calificando la democracia de “sangrienta y brutal”.

El primer ministro Hun Sen (derecha) suelta unas palomas durante un acto de su Partido del Pueblo Camboyano en Phnom Penh, en junio de 2017. (Reuters)
El primer ministro Hun Sen (derecha) suelta unas palomas durante un acto de su Partido del Pueblo Camboyano en Phnom Penh, en junio de 2017. (Reuters)

Pero es ahí donde se encuentra la verdadera clave del asunto. Hun Sen, un antiguo miembro de los Jemeres Rojos que huyó a Vietnam para evitar ser purgado, lleva al frente del país prácticamente desde 1979, cuando las tropas vietnamitas invadieron el país para acabar con la locura que estaba teniendo lugar en su frontera suroccidental. Desde 1998, es el líder indiscutido de Camboya, una posición relativamente legitimada por las urnas. En estos años, su idea de la democracia ha incluido el lanzamiento de granadas contra los mítines de otros partidos políticos y el encarcelamiento de destacados opositores. El más veterano y prominente de ellos, Sam Rainsy, se ha pasado la última década yendo y viniendo del exilio, dependiendo de la atmósfera política del momento. Y en el último año, esta ha sido bastante agitada.

El pasado 3 de septiembre, el diario The Cambodia Daily, una de las escasas publicaciones independientes del país, publicó su último editorial bajo el titular “Descenso a una dictadura indiscutida”, incapacitado para seguir ante las abusivas cargas impositivas decretadas por un Gobierno que les acusaba de “sirvientes de los extranjeros”. Ese mismo día, Kem Sokha, del Partido del Rescate Nacional de Camboya, el principal rival de Sen de cara a las próximas elecciones, fue detenido bajo cargos de traición, acusado de conspirar con Estados Unidos para derrocar al actual primer ministro. Días después, las autoridades hicieron público un video, filmado en 2013, en el que se veía a Sokha conversando con varios estadounidenses no identificados sobre posibles estrategias para acceder al poder, lo que ha sido interpretado por Sen como un gesto claro de que EEUU conspira para sacarle del poder.

"¿Os estáis preparando para invadir Camboya?"

Desde entonces, la situación entre ambos países no ha dejado de tensarse. La semana pasada, la embajada estadounidense en Phnom Penh advirtió a sus ciudadanos de que extremasen la precaución ante la posibilidad de que se produjesen estallidos de violencia sin previo aviso. “¿Os estáis preparando para invadir Camboya y por eso le habéis dicho a los estadounidenses que tengan cuidado? Qué bueno si sacáis de aquí a los Cuerpos de Paz”, afirmó Sen el viernes pasado.

Un hombre lee el último número del diario 'The Cambodia Daily' en Phnom Penh, el 4 de septiembre de 2017. (EFE)
Un hombre lee el último número del diario 'The Cambodia Daily' en Phnom Penh, el 4 de septiembre de 2017. (EFE)

No es que los camboyanos carezcan de motivos para desconfiar de EEUU, cuya fuerza aérea arrojó 2,3 millones de toneladas de bombas sobre el país entre 1969 y 1975, matando a cientos de miles de camboyanos (algunas fuentes hablan de hasta 600.000) y haciendo inevitable el ascenso de los Jemeres Rojos. La Administración Trump, además, desató las iras de los camboyanos el pasado marzo al exigir el pago de una “deuda de guerra” por valor de 500 millones de dólares contraída por la dictadura de Lon Nol en los años 70.

Pero Hun Sen ha encontrado en el antiamericanismo una buena excusa para el giro autoritario que está experimentando su Gobierno, empeñado en estos meses en ahogar los últimos resquicios democráticos en el país. Una deriva que coincide, además, con el creciente alineamiento de Phnom Penh con China, que incluye, desde el pasado diciembre, la celebración de unas maniobras militares conjuntas denominadas “Dragón Dorado”, la financiación china de un nuevo puerto en Camboya o el apoyo camboyano a la postura de Pekín en el conflicto de las islas del mar de China.

"Hace cinco años habría sido imposible expulsar a la NDI y cerrar el Cambodia Daily. Habrían luchado contra eso, y el Gobierno habría cedido", afirma Ou Virak, director del think tank Future Forum, al diario Financial Times. Pero la principal amenaza que representa Hun Sen es a los demás partidos políticos del país: ha advertido que clausurará el Partido del Rescate Nacional si no deja de apoyar a Kem Sokha, y Mu Sochua, la número 2 de esa formación, vive bajo amenaza de encarcelamiento o algo peor. En el mismo artículo del Financial Times, Cham Bunthet, un asesor legal del partido opositor Democracia de Base, asegura: "Eso es lo que ha estado haciendo durante los últimos 25 años. Le da a la oposición algo de espacio, y luego se lo corta". Pero esta vez, Sen está yendo más lejos que nunca.

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