CONTROLAR LA INVERSIÓN EXTRANJERA

Bruselas, contra los "caballos de Troya" en sectores estratégicos

Bruselas busca poner coto a la inversión extranjera malintencionada. Se trata de evitar los inversores que entran en sectores estratégicos europeos buscando algo más que rentabilidad

Foto: Jyrki Katainen y la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, durante una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)
Jyrki Katainen y la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, durante una rueda de prensa en Bruselas. (EFE)

“No podemos cerrar los ojos ante el hecho de que, en ciertos casos, las absorciones extranjeras de empresas pueden perjudicar nuestros intereses”. Así lo reconoce el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen, uno de los valedores de la nueva iniciativa de Bruselas que busca poner coto a la inversión extranjera malintencionada. Se trata de evitar los inversores que, como “caballos de Troya” modernos, entran en sectores estratégicos europeos buscando algo más que rentabilidad.

El año en el que la anti-liberal Marine Le Pen se acercó a las puertas de El Eliseo y el Parlamento de una región belga casi tumba el CETA, los líderes europeos han tomado nota. Tras años defendiendo el librecambismo a todo coste, hoy ponen el acento en medidas para compensar a los “perdedores” de la globalización, mantener un comercio “libre y justo” y luchar contra el dumping. Y ayer, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, adelantó en su Discurso del Estado de la Unión un nuevo paso adelante en este sentido: un marco jurídico de vigilancia sobre las inversiones extranjeras.

A día de hoy, el número de empresas controladas por otros países es pequeño pero tiene un “impacto económico significativo”“Con un marco europeo para el control de las inversiones extranjeras directas, podremos responder colectivamente y defender nuestros intereses estratégicos europeos cuando corran peligro”, ha explicado la comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström.

La propuesta -que tiene que recibir el visto bueno del Parlamento Europeo y los Estados miembros para entrar en vigor- apunta a sectores como los que permiten el funcionamiento o suministro de tecnologías, a las infraestructuras clave o a empresas que manejas información sensible. El temor es que empresas públicas extranjeras o controladas de manera más o menos directa por otros países se hagan con activos en operaciones que acaben resultando en espionaje industrial o, incluso, pongan en peligro la seguridad y el orden público.

En este último punto -salvaguardar los intereses europeos, pero también la seguridad y orden público- se escuda Bruselas para tratar de convencer a los países de que les permitan inmiscuirse en un asunto hasta hora puramente nacional. El paso es significativo, aunque lo cierto es que el sistema de control se apoyará sobre los países, ya que la vigilancia se efectuará a través de los mecanismos nacionales de supervisión ya existentes en doce Estados miembros, entre ellos España.

Además, la última palabra la seguirán teniendo las capitales. Incluso si Bruselas, que también ha anunciado que vigilará las inversiones que puedan afectar a los intereses de la Unión como tal -por ejemplo a programas de investigación de Horizonte 2020, al sistema de satélites Galileo o a las Redes Transeuropeas de Transporte-, se pronuncie en contra de una operación.

“No tenemos suficientes competencias” para evitarlo, reconoce Katainen. Tampoco se prevén medidas para empujar a los países a seguir a Bruselas. Pero este paquete es un paso más que amplía el “soft power” de la Comisión, la semilla sobre la que a lo largo de años se van desarrollando futuros mecanismos más robustos.

La Comisión ha anunciado también una tercera medida con la que pretende involucrar a los propios países: un “mecanismo de cooperación entre los Estados miembros y la Comisión” que puede ser activado cuando se sospeche que una inversión extranjera afecta a la seguridad u orden público de alguno de sus vecinos europeos.

Un trabajador en una planta de componentes electrónicos, cerca de Cannock. (Reuters)
Un trabajador en una planta de componentes electrónicos, cerca de Cannock. (Reuters)

Mayor presencia china y rusa

A día de hoy, el número de empresas controladas por otros países que operan en la Unión Europea es relativamente pequeño pero, según la Comisión Europea, tienen un “impacto significativo económico” debido a su tamaño, mayor de la media, y a que se centran en sectores como la informática y la electrónica (con acuerdos por valor de 323.000 millones en el segundo trimestre de 2017), las telecomunicaciones, la tecnología sanitaria, la energía, la industria aeroespacial o la defensa. Su presencia también es notable en el sector inmobiliario y en las finanzas (con operaciones equivalentes a 274.000 y 228.000 millones, respectivamente).

Estados Unidos sigue siendo el primer socio extranjero en inversiones en la UE (41 % en 2015), seguido por Suiza (11 %) y Japón (2,9 %). Sin embargo, su presencia ha ido retrocediendo en las dos últimas décadas, dejando paso a una mayor penetración de Brasil (2,2 % en 2015 frente al 0,2 % de 1995), China y Hong Kong (2 %) y Rusia (1,1 %), países en los que la presencia de empresas estatales es más común.

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