el presidente, en las islas francesas del caribe

Macron logra desactivar desde las Antillas la "diada" sindical contra sus reformas

La manifestación contra la nueva regulación laboral ha fracasado. La estrategia presidencial de negociar por separado con cada sindicato ha surtido efecto, pero es solo la primera batalla

Foto: Emmanuel Macron en Guadalupe, durante su visita las islas francesas en el Caribe tras los huracanes Harvey e Irma, el 12 de septiembre de 2017. (EFE)
Emmanuel Macron en Guadalupe, durante su visita las islas francesas en el Caribe tras los huracanes Harvey e Irma, el 12 de septiembre de 2017. (EFE)

Un presidente en mangas de camisa a pleno sol hablaba de reconstrucción y de futuro desde las Antillas francesas. Emmanuel Macron explotaba las imágenes de compasión y de compromiso hacia sus compatriotas afectados por el huracán Irma. Al otro lado del Atlántico, las calles de Francia acogían la primera protesta contra las reformas del Código de Trabajo que Macron quiere aplicar a partir de este mes.

La Confederación General de Trabajadores (CGT), el sindicato que convocaba los paros y manifestaciones en todo el territorio, sabía que la guerra de propaganda tenía en las cifras su principal argumento para juzgar si su particular "diada" iba a tener éxito. Y a pesar de intentar inflar los números, las imágenes no engañan. Las protestas contra la Ley El Khomry, la tímida reforma laboral de François Hollande, tuvieron un impacto en las calles mucho mayor que este 12-S. Solo 24.000 manifestantes en París, según la policía; 60.000, según la CGT. Un evidente fracaso para el sindicato en este primer asalto, que no será el último, aunque era el más esperado

LA CGT y otras centrales más pequeñas intentan derribar un paquete de medidas que pretende, entre otras cosas, flexibilizar la contratación y el despido; limitar las indemnizaciones por despido improcedente; facilitar los acuerdos entre empresarios y trabajadores en las PME sin pasar por la mediación sindical, o abrir la posibilidad a los contratos por obra y de duración determinada sin la obligación de convertr en fijos a corto plazo a los trabajadores eventuales.

Para Emmanuel Macron y su gobierno, se trata de romper la rigidez de un Código de Trabajo que para el mandatario es la causa principal del paro y, en especial, del desempleo entre los jóvenes. Es el eterno debate entre el blindaje del contrato del asalariado y la flexibilidad que ayude a pequeños y medianos empresarios a contratar sin el riesgo de verse atrapado por un contrato indefinido en período de vacas flacas o de un gasto para ellos injusto por un despido que en un 90% de los casos los jueces consideran infundado.

Los argumentos de Macron se ven reforzados por su amplia victoria electoral. En el programa que le llevó al Elíseo y a la mayoría parlamentaria, el creador de En Marcha nunca ocultó sus intenciones de reforma en ese apartado. Nadie puede decir que los franceses hayan sido engañados. Gobierno y sindicatos han mantenido decenas de reuniones este verano. En el programa de reforma laboral, no ha habido golpes bajos ni medidas sacadas de la chistera en el último segundo.

Para la CGT y la –dividida- izquierda, Macron no cuenta con la "mayoría social" y su éxito en las urnas no es un cheque en blanco para la aplicación de sus reformas. La extrema izquierda insiste en que Macron fue elegido "contra Marine Le Pen", pero olvidan que el programa económico y social del Frente Nacional no dista mucho del que esa misma izquierda defiende. Mucho menos, aseguran, si estas se aplican mediante ordenanzas, es decir, si se aplican, como permite la Cosntitución, tras el voto del legislativo sin pasar por el debate parlamentario.

Protesta contra la reforma laboral de Macron en París, el 12 de septiembre de 2017. (Reuters)
Protesta contra la reforma laboral de Macron en París, el 12 de septiembre de 2017. (Reuters)

La "tercera vuelta social"

Para Emmanuel Macron, lo que otros llaman "la tercera vuelta social" no le hará cambiar de rumbo. La determinación del gobierno es absoluta, dice. El joven Presidente quiere evitar caer en el mismo pelotón de sus antecesores, que desde hace décadas reculan ante la protesta en las calles. Ni por cálculo político ni por temperamento Macron está dispuesto a ceder. Concesiones ya ha hecho, según él, en las negociaciones veraniegas.

Son esas concesiones las que han provocado– entre otras razones- la desunión sindical. La Confederación Francesa Democrática del Trabajo CFDT, reformista, que en 2016 desbancó a la CGT como sindicato mayoritario en el sector privado, no participó en la convocaoria de paro. Tampoco Fuerza Obrera (FO) estaba oficialmente en las manifestaciones, aunque militantes de ambas formaciones participaron en las marchas. Sus líderes han podido influir en rebajar la dureza – según ellos- del proyecto original de Macron, y ello les reconforta en su estrategia de influir en los debates frente a la politica de protesta y bloqueo permanente de la CGT del hijo de españoles, Philippe Martínez.

El sincicalismo francés, unido y radical hasta hace pocos años, empieza a ceder a la idea de aceptar reformas que faciliten la entrada de los jóvenes en el mundo del trabajo y de aceptar el fin de algunos de los privilegios que ciertos sectores laborales disfrutan desde hace décadas sin justificación clara en el mundo de hoy.

Curisamente en los cortejos de protesta desfilaban también los afiliados a la CGT de empresas públicas como la SNCF (ferrocarriles) la RAPT (transporte urbano) o EDF (eléctrica). A ninguna de ellas les afecta la reforma del Código de Trabajo, pero temen lo que Macron ya ha anunciado para ellos: el fin de unos privilegios que ya nadie entiende en este país, como por ejemplo, la jubilación a los 52 años, o las vacaciones veraniegas superiores a 35 días, entre otras.

Muchos franceses apoyan también otra de las medidas incluidas en la reforma de Macron, como es la fusión dentro de las empresas de las instancias representativas de los trabajadores. Para cualquier extranjero que haya trabajado en una empresa francesa es chocante ver que algunos de sus representantes pasan más tiempo reunidos en el comité de empresa, entre delegados de personal o en el "comité de higiene y seguridad", que en sus puestos de trabajo. Nada menos que 600.000 asalariados del sector privado en Francia son trabajadores "protegidos", es decir, intocables incluso si cometen actos que a sus colegas no sindicados les puede costar el despido inmediato y sin indemnización.

El líder del sindicato CGT Philippe Martinez durante la manifestación en París. (Reuters)
El líder del sindicato CGT Philippe Martinez durante la manifestación en París. (Reuters)

"Franceses vagos"

La confianza de Macron en su política es tal que incluso se permite declaraciones como la manifestada contra los opositores a la reforma a los que considera unos "vagos, cínicos y extremistas". La afirmación fue utilizada como combustible gratuito por los sindicatos convocantes para incendiar los ánimos. Pero ni así pudieron la CGT y sus compañeros de manifestación ganar la contienda en la calle al presidente.

En su visita a Saint-Barthelemy y Saint Martin, las islas francesas arrasadas por Irma, Macron se expuso también a las críticas por la falta de previsión de su Gobierno. Un riesgo que toreó sin mayores complicaiones, con la ayuda de una comunicación milimetrada que le mantenía informado al minuto sobre las protestas en la metrópoli. Su alejamiento del foco de las manifestaciones sindicales podía interpretarse como un desprecio, pero sabía que su encuentro con los franceses que han perdido a familiares y todos sus bienes no podía serle recriminado en pleno duelo por los efectos del huracán. Es más, algunas de sus afirmaciones en el Caribe podían ser leídas como mensaje paralelo a los manifestantes franceses: "Escucho la cólera, pero hay que concentrase en la reconstrucción".

Macron se ve favorecido por la división sindical y también por la escasa fuerza de la oposición política. El líder de La Francia Insumisa (LFI), Jean-Luc Mélenchon, se manifestaba en Marsella, su circunscripción electoral, para dejar el protagonismo parisino a la CGT, con la que compite en representatividad callejera. Esa rivalidad, que también mantiene con el Partido Comunista, se medirá el 23 de este mes, cuando los insumisos celebren su propia protesta contra las reformas, "el golpe de Estado social", según palabras del exdirigente socialista. Pero el presidente teme menos a Mélenchon que a los sindicatos. Es más, el radicalismo verbal del jefe de LFI le conviene perfectamente a los intereses de Emmanuel Macron.

El primer pulso sindical contra las reformas de Macron se lo ha llevado el inquilino del Elíseo. Pero era solo el primero. A la reforma del Código Laboral le seguirán otras iniciativas que van a levantar el descontento: la reforma de la indemnización por desempleo y la de las pensiones.

Philippe Martínez ha reconocido su derrota implícitamente. Al inicio de la concentración de este martes anunciaba una asistencia potencial muy alta. Al final de la jornada ya solo hablaba del potencial que existe para oponerse a las reformas. Así convocaba a un segundo asalto previsto para el 21 de septiembre. Dos días antes que la manifestación de Melenchon. Demasiadas protestas y poca unidad para tumbar al macronismo. Por ahora.

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