tiene más de 400.000 seguidores

Quién es Guo Wengui: el 'influencer' millonario que se enfrenta al Gobierno chino

Un magnate con cuenta de Twitter exiliado en Manhattan se ha convertido en la mayor amenaza para el Partido Comunista. En sus posts mezcla las revelaciones con el chismorreo

Foto: Guo Wengui durante una entrevista en Nueva York, en abril de 2017. (Reuters)
Guo Wengui durante una entrevista en Nueva York, en abril de 2017. (Reuters)

El Partido Comunista de China (PCC) tiene la vista fija en el cruce entre la Calle 59 y la Quinta Avenida, en el corazón de Manhattan. En ese punto, en uno de los apartamentos más caros de la Gran Manzana, con vistas a Central Park, vive una de las mayores amenazas a las que se ha enfrentado el gobierno comunista: un millonario chino con cuenta en ‘Twitter’.

En pocos meses, el magnate chino Guo Wengui ha conseguido convertirse en una de las principales voces contrarias al régimen en el extranjero, y en una auténtica estrella de la red social. Guo, considerado próximo a uno de los ex altos cargos del Ministerio de Seguridad Nacional, se ha hecho popular por lanzar acusaciones de corrupción contra los gobernantes chinos a través de vídeos y emisiones en directo, a menudo sin aportar pruebas claras sobre las mismas. Sin duda, el millonario disfruta de su nueva popularidad, y su cuenta de ‘Twitter’ es un popurrí de entradas sobre su vida entre la jet-set, ‘selfies’ con admiradores, consejos de salud, fotomontajes que le presentan como un héroe, y todo tipo de amenazas veladas contra la cúpula dirigente.

“Son más frágiles que nosotros, y acumulan una importante deuda de sangre: hijos ilegítimos, dinero sucio... ¡una infinidad! Esto no ha hecho más que empezar”, tuiteaba el pasado 17 de agosto Guo, que se hace llamar Miles Kwok en inglés. El opositor anuncia cada pocos días la fecha y hora exacta de una nueva “exclusiva” sobre los entresijos del poder chino para sus más de 400.000 seguidores.

“A menudo mezcla revelaciones auténticas con especulaciones y rumores, pero ha conseguido poner nervioso al gobierno”, explica a El Confidencial una analista política de China, que prefiere mantener el anonimato debido a la sensibilidad del caso. Un reportaje del The New York Times, por ejemplo, confirmaba que las informaciones de Guo sobre las conexiones entre la familia del antiguo responsable de la lucha contra la corrupción del PCC, He Guoqiang, y una de las principales agencias de corredores de bolsa de China, Founder Securities, eran correctas.

El presidente chino Xi Jinping durante la cumbre de los BRICS en Xiamen, el 5 de septiembre de 2017. (Reuters)
El presidente chino Xi Jinping durante la cumbre de los BRICS en Xiamen, el 5 de septiembre de 2017. (Reuters)

Oportunista, y no opositor

En cualquier caso, los observadores apuntan que, pese a su llamamientos a luchar por la democracia en el gigante asiático, Guo es más un oportunista que un auténtico opositor político. “No creo que tenga ningún interés en conseguir cambios políticos, sino que está llevando a cabo una venganza contra el PCC por haber investigado a algunos de sus empleados y familiares”, explica la experta.

Según la revista especializada Hurun, el empresario contaba a finales de 2016 con una fortuna de 2.150 millones de dólares, y es miembro del exclusivo club Mar-a-Lago, en Florida, propiedad del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Guo fue uno de los hombres de negocios que consiguió enriquecerse durante los años noventa apostando por el sector inmobiliario en China, donde a menudo es necesario contar con buenas conexiones políticas para triunfar.

Un artículo del prestigioso medio económico Caixin afirmaba en 2015 que Guo habría conspirado con el viceministro de Seguridad Nacional, Ma Jian, para provocar la caída del vicealcalde de Pekín, que se oponía a un nuevo proyecto del promotor próximo al estadio olímpico. Ambos habrían filtrado un vídeo sexual de su rival y una de sus amantes, y lo habrían enviado a la comisión disciplinaria del PCC. Ya sin impedimentos, la compañía de Guo, Morgan Investment, pudo construir en el terreno disputado el icónico Hotel Pangu, con forma de dragón, que se ha convertido en parte del perfil urbano de la capital china.

Caixin afirma que Guo abandonó el país en 2014, después que su aliado Ma fuera acusado de corrupción, para evitar un futuro similar. El magnate ha negado las acusaciones en distintas ocasiones, y ha lanzado distintos ataques personales contra la directora de la publicación, la periodista Hu Shuli.

Vista del Hotel Pangu Plaza tras el Centro Nacional Acuático en Pekín, en julio de 2008
Vista del Hotel Pangu Plaza tras el Centro Nacional Acuático en Pekín, en julio de 2008

Guerra mediática

Pekín parece, de momento, incapaz de frenar el embarazoso goteo de acusaciones. El gobierno chino ya ha solicitado a la Interpol que emita dos órdenes de detención contra Guo, por un posible caso de soborno y otro de violación, presentado por una antigua asistente personal.

El millonario, que presume a menudo de tener pasaportes de más de diez países distintos, niega los cargos, pero confirmó el jueves pasado a distintos medios internacionales que había solicitado asilo político en Estados Unidos. “Teme que el régimen chino busque castigarle por lo que ha estado diciendo”, explicaba a la BBC el abogado de Guo, Thomas Ragland. El proceso de solicitud puede durar entre dos y tres años, durante los cuales podrá permanecer en el país.

Más allá de una posible extradición, las autoridades chinas también han iniciado una campaña de desprestigio contra el polémico tuitero, y distintos medios chinos han publicado historias sobre presuntos casos de sobornos en los que se ha visto involucrado. “Debido a la censura de Twitter, la mayoría de ciudadanos chinos no le conocen, pero aún así Pekín ha decidido iniciar una guerra mediática contra él”, destaca la experta consultada. Caixin publicó el pasado abril una historia sobre cómo el ex primer ministro Tony Blair habría ayudado a Guo a convencer a la familia real de Abu Dhabi para invertir en uno de sus proyectos.

Por otra parte, la televisión pública y los distintos medios estatales también han difundido historias contradiciendo las acusaciones del millonario y tildándole de “fugitivo” y de “mentiroso”. Asimismo, las autoridades chinas tomaron a finales de agosto una inusual decisión: organizaron una breve entrevista telefónica entre los periodistas de Associated Press y la mujer que acusa de violación a Guo, su antiguo jefe. La empleada, que la agencia de noticias ha decidido mantener en el anonimato, explicó que durante los dos años que trabajó como su asistente personal, sufrió distintos abusos sexuales, y fue retenida durante temporadas en su apartamento en Londres.

Wang Qishan, líder del organismo anticorrupción de China, durante una ceremonia de celebración de la resistencia antijaponesa, en Pekín, en 2015. (Reuters)
Wang Qishan, líder del organismo anticorrupción de China, durante una ceremonia de celebración de la resistencia antijaponesa, en Pekín, en 2015. (Reuters)

Pulso contra el ‘zar anticorrupción’

Las revelaciones de Guo llegan en un momento especialmente delicado para el PCC, que celebrará en octubre su 19º Congreso Nacional, y pretendía evitar cualquier sobresalto durante los meses anteriores al cónclave. Al finalizar la reunión se revelará qué siete líderes ocuparán durante los próximos cinco años el Comité Permanente del Politburó, el órgano más poderoso del país.

Hasta hace poco, uno de las grandes dudas sobre el encuentro era si los mandatarios chinos estarían dispuestos a romper el límite de edad para los altos cargos, considerada una de las normas no escritas del PCC, para permitir así que el responsable de la lucha contra la corrupción, Wang Qishan, permaneciera en el gobierno. Wang ha pilotado con éxito la campaña contra las corruptelas en el interior del Partido, y es considerado uno de los miembros mejor valorados del Comité Central.

Sin embargo, Guo ha centrado durante los últimos meses gran parte de sus revelaciones en Wang. El disidente le acusa de poseer, a través de distintos lazos familiares, intereses económicos en el conglomerado turístico HNA, una de las compañías chinas que más ha invertido en el extranjero en los últimos años. A principios de año, la firma compró a Anthony Scaramucchi, en aquel momento asesor del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, su fondo de inversión, Skybridge. La operación fue criticada por su posible motivación política, y retrasó la elección de Scaramucci como miembro del equipo de Trump en la Casa Blanca, según The New York Times.

Pese a la falta de pruebas concretas, algunos analistas señalan que las acusaciones contra Wang podrían ser ciertas. “No hemos podido encontrar conexiones con HNA, pero hay suficientes indicios como para seguir interesado en el tema”, apuntaba durante una entrevista con el ‘podcast’ Sinica el periodista Michael Forsythe, que ha investigado las fortunas de diversos altos mandos del PCC en el pasado. En cualquier caso, otros apuntan que las revelaciones de Guo, con o sin fundamento, ya han conseguido modificar los planes de la organización comunista. “Hace unos meses, estaba segura de la permanencia de Wang, y ahora ya no; las acusaciones de Guo han modificado la agenda del Congreso”, asegura la analista.

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