la región genera el 3% de la economía de EEUU

Refinerías cerradas y suministros cancelados: cómo Harvey afecta al mundo

El desastre ha obligado a clausurar las instalaciones más importantes, paralizando el procesamiento de 4,4 millones de barriles al día. Y EEUU es uno de los principales actores del mercado del crudo

Foto: Una refinería opera durante el huracán Harvey cerca de Seadrift, Texas, el 26 de agosto de 2017. (Reuters)
Una refinería opera durante el huracán Harvey cerca de Seadrift, Texas, el 26 de agosto de 2017. (Reuters)

Hacía medio siglo que un huracán de semejante potencia no azotaba Texas. El segundo estado más grande de EEUU no es solo el hogar de los millonarios con sombreros de cowboy y el escenario del asesinato del presidente Kennedy, sino también la región petrolífera por excelencia del país. Y la fuerza de la naturaleza amenaza ahora con provocar una severa disrupción en el sector de la energía que puede tener consecuencias globales. Las dos mayores refinerías de EEUU (la de Motiva, en Port Arthur, y la de ExxonMobil en Baytown) han tenido que cerrar, así como otras de gran tamaño: la Deer Park de la Royal Dutch Shell y la de Phillips 66, así como varias de Valero Energy, por ejemplo. Además, el oleoducto Colonial ha visto interrumpido su flujo.

Más del 45% de la capacidad de refinado de EEUU se encuentra en el área del Golfo de México, la mitad de la cual corresponde a las plantas de Texas: en total, la región que va desde Corpus Christi hasta la frontera con Luisina genera el 3% de la economía de EEUU. El país refina 17,5 millones de barriles al día, pero el huracán ha paralizado el procesamiento de al menos 4,4 millones de barriles diarios, según estimaciones de la agencia Reuters.

“Alrededor del 22% de la capacidad de refinado de EEUU está fuera de juego debido a este desastre natural. Dicho esto, parece ahora que el impacto que Harvey tendrá en la industria energética es peor de lo esperado y podría fácilmente, en el peor de los casos, conducir a un serio problema macroeconómico”, opina la académica Ellen R. Wald, especialista en energía, en Forbes. Entre otros motivos, explica, porque debido al cierre de las refinerías se está produciendo una divergencia entre los mercados de crudo y los de los derivados como la gasolina, el queroseno o los plásticos.

“Ahora hay una seria disrupción del proceso de refinería y el transporte y distribución de productos derivados. Como las refinerías están cerradas, no hay ningún sitio al que pueda enviarse el petróleo en bruto en el sur de EEUU (hay baja demanda de crudo), así que el precio global del crudo está cayendo. Al mismo tiempo, la disrupción de productos refinados (hay bajo suministro) está elevando el precio de productos como la gasolina”, señala Wald. Como consecuencia, el galón de gasolina ha alcanzado brevemente los dos dólares, su máximo precio en dos años.

Pero los efectos se harán sentir bien lejos de las fronteras estadounidenses. El inesperado impacto de Harvey en los mercados energéticos ha llevado a varias instituciones dedicadas a la estrategia y la geopolítica a prestar atención a este asunto, empezando por cómo afectará a otros estados. “Los legisladores y políticos estadounidenses tendrán que lidiar con Rusia, que se beneficiaría enormemente incluso de un alza momentánea en los precios. No estará claro qué va a pasar con los precios del petróleo hasta que sepamos qué tipo de daños han sufrido las instalaciones de la costa, pero la posibilidad de un incremento de precios no debe descartarse”, señala Jacob L. Shapiro, analista de la firma de inteligencia privada Stratfor.

Pero las consecuencias no se derivan solo de la competición con otros países. “Dado que Estados Unidos exporta actualmente tanto crudo como volúmenes sustanciales de productos refinados, los problemas actuales en las refinerías y las instalaciones portuarias de la costa del Golfo llevarán a los compradores globales a buscar suministros alternativos”, indican Frank A Verrastro y Adam Sieminski, analistas del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “Se ha reportado que los ‘traders’ están ya peinando los mercados asiáticos y de otros lugares en busca de productos refinados, y refinadores fuera del área afectada con capacidad disponible –como la costa oriental de EEUU y Europa- podrían experimentar pronto un incremento en las tasas de utilización y las ventas de gasolina, diesel y combustible para aviones”, comenta.

Vista de los precios de la gasolina en una estación en Decatur, en el estado de Georgia, el 31 de agosto de 2017. (EFE)
Vista de los precios de la gasolina en una estación en Decatur, en el estado de Georgia, el 31 de agosto de 2017. (EFE)

Actor clave en el mercado global de crudo

En parte, ese impacto se deriva de la explosión de EEUU en el mercado internacional de crudo: la cantidad de crudo que extrae en su propio territorio casi se ha duplicado desde 2008, rivalizando con Rusia y Arabia Saudí a la cabeza del ranking mundial. Ha pasdo de ser un importador de gasolina y diesel a exportar a gran escala a países como México, Brasil, Bélgica o China. La semana antes de la llegada de Harvey, tan sólo Texas estaba extrayendo 3,4 millones de barriles al día, más que varios países de la OPEP como Angola, Kuwait, Nigeria, Libia y los Emiratos Árabes unidos.

EEUU exportaba en esas fechas 936.000 barriles diarios de crudo y 693.000 barriles de gasolina. “Toda la logística de la industria global ha cambiado dramáticamente durante la última década. Hay refinerías en China que dependen del crudo estadounidense. Los refinados de EEUU van a Latinoamérica. Las exportaciones estadounidenses se envían a Europa”, avisa Daniel Yergin, vicedirector de IHS Market, a la cadena CNBC.

México, por ejemplo, obtiene la mitad del petróleo que consume de EEUU. Harvey ha afectado al 10% de los envíos desde su vecino del norte. Pemex, la petrolera estatal mexicana, se ha asegurado el envío de cuatro cargamentos, dos desde la costa occidental estadounidense y dos desde el Caribe, así como un envío de diesel desde Alabama y otro de queroseno desde la costa este. “Con lo que hemos cubierto tenemos suficiente para dos a tres semanas”, ha declarado Carlos Murrieta, jefe de transformación industrial de la empresa, al Financial Times. Pero también ha indicado que Pemex está explorando la posibilidad de comprar combustibles desde Europa.

“Petroleros de gasolina y queroseno están saliendo de Europa y Asia hacia puertos en las costas del Atlántico y el Pacífico debido a la oportunidad de mercado”, señala Wald, quien apunta, sin embargo, a la posibilidad de que el problema se prolongue. “Esos petroleros necesitarán semanas, no días, para llegar. El envío de esos petroleros es más un indicador de la probabilidad de una disrupción a largo plazo que un signo de alivio en marcha”, asegura.

“Sobre cuánto tiempo va a durar esto, es difícil especular expecto para decir que llevará semanas, no días. Y si sucede que las refinerías han sufrido amplios daños o deciden iniciar antes de tiempo la temporada de mantenimiento, esto podría durar hasta el otoño”, cree Verrastro. En otras palabras: las consecuencias solo acaban de empezar.

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