Bruselas, contra la exclusión de las minorías

Escuelas segregadas para "salvajes": el odio contra los gitanos que la UE quiere combatir

“El odio y el racismo están en auge”, lamenta la comisaria europea de Justicia. Y esto son malas noticias para las minorías, pero también para quienes trabajan por la integración y la democracia

Foto: Un niño llora tras un incendio en un campo de refugiados en la ciudad de Podgorica. (EFE)
Un niño llora tras un incendio en un campo de refugiados en la ciudad de Podgorica. (EFE)

"Son criaturas salvajes, ferozmente humanas, que exigen un salario sin trabajo y cobran beneficios de enfermedad sin estar enfermas, reciben beneficios de niños para los niños que juegan con los cerdos en la calle y para las mujeres que tienen los instintos de los perros callejeros”. La cita no está extraída de ninguna película de la Segunda Guerra Mundial, ni tampoco del medievo. Es actual, se refiere a los gitanos y la firma el vice primer ministro de Bulgaria, Valeri Simeonov.

“Es absolutamente inaceptable”, responde Vera Jourova, comisaria europea de Justicia, en una entrevista con un grupo de medios europeos, entre ellos El Confidencial. Inaceptable no solo porque Simeonov trate de “salvajes” a los entre 10 y 12 millones de romaníes que viven en Europa, sino porque el ultraderechista es además el responsable búlgaro de las políticas de integración. El zorro que vigila a las gallinas.

Las ascuas que dejó la crisis económica en la sociedad europea están aún candentes, y sobre ellas se alzan populismos, extremismos y fuerzas de ultraderecha que, si bien no lograron hacerse con el Elíseo, avanzan y echan raíces en países como Hungría, Holanda, Polonia, Bulgaria, Italia y Grecia.

Valor ante el odio

“El odio y el racismo están en auge en Europa”, lamenta Jourova. Y esto son malas noticias para las minorías —gitanos, migrantes, musulmanes—, pero también para aquellos que trabajan por la integración y la democracia, que ven cómo su causa pierde cada vez más apoyos, cuando no se encuentran con opositores feroces. Por eso, “los políticos tienen que ser valientes, muchos reciben duras reacciones por parte de su propia población”, añade la política checa.

Escuelas segregadas para "salvajes": el odio contra los gitanos que la UE quiere combatir

Esta valentía para ir a contracorriente, aunque parezca que no, puede funcionar. Lo atestigua Angela Merkel, que a unas semanas de las elecciones en las que busca asegurarse su cuarto mandato, no ha dudado en volver a defender su impopular decisión de abrir las puertas a los refugiados. “Tomé mi decisión sobre la base de lo que pensé que era correcto, desde un punto de vista político y humanitario”, defiende la canciller alemana, favorita en los comicios pese a las críticas que le llovieron no solo desde parte del electorado, sino también de dentro de su propio partido.

Un lustro de pequeños avances

El contexto no es propicio, menos aún con la crisis económica de telón de fondo, pero la situación de los gitanos en Europa ha mejorado ligeramente en el último lustro. Por ejemplo, hay más niños romaníes de corta edad escolarizados que en 2011 (47% frente al 53% de 2016), aunque eso sigue suponiendo que casi la mitad no van al colegio. Y 'solo' un 68% abandona temprano los estudios, frente al 87% de 2011. Queda mucho por hacer: uno de cada dos gitanos en Rumanía y Bulgaria no tiene acceso a la sanidad, y en todo Europa, el 80% vive por debajo del umbral de la pobreza.

​Escuelas segregadas, desahucios con maltrato

Desde 2011 existe un marco europeo para impulsar políticas de integración de los gitanos, pero estas quedan en manos de los países. Y cuando no se mueven, la Comisión Europea trata de ser persuasiva —“Personalmente creo en el diálogo”, dice Jourova—, aunque sabe que a veces también le toca apretar. Por ejemplo, cuando un Estado miembro decide escolarizar a los niños gitanos en colegios separados del resto de estudiantes. Estas políticas de segregación racial en pleno siglo XXI les han valido la apertura de un expediente a Eslovaquia, República Checa y Hungría, que si no reaccionan pueden verse multados.

La comisaria europea de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género, la checa Vera Jourova. (Reuters)
La comisaria europea de Justicia, Consumidores e Igualdad de Género, la checa Vera Jourova. (Reuters)

Otro caso que la Comisión Europea sigue de cerca es el de los desahucios de familias gitanas de asentamientos en Italia. Amnistía Internacional denuncia el modo en que son tratadas estas personas, “que son echadas a golpes de manera cruel de las casas”. Bruselas sigue el caso desde hace dos años, pero aún no ha dado el paso adelante, hasta que tenga la certidumbre de que en los desahucios los gitanos son tratados de peor modo por ser de esta etnia. “Eso sería discriminación”, dice Jourova.

Mala situación laboral en España

La situación en España es, en general, más prometedora. La escolarización de los niños gitanos en 2016 alcanzaba el 95%, aunque el 70% aún abandona las aulas de manera temprana. Esta falta de formación, junto a la masiva destrucción de empleo que afectó al país, ha empeorado la situación laboral de los gitanos: solo un 16% de los mayores de 16 años tiene un trabajo remunerado, y el 77% de los jóvenes entre los 16 y los 24 años son 'ninis'.

“La falta de conexión entre los estudios y el empleo entre los gitanos es aún más notable, y se han visto afectados también por la atmósfera de falta de esperanza” que generó la crisis, dice Jourova.

Evitar que se tire el dinero

Las soluciones no son sencillas. El colectivo arrastra siglos de clichés y segregación a su espalda y los problemas a los que hacen frente son múltiples. No hay varita mágica, hacen falta esfuerzos mantenidos en el tiempo, porque los progresos son lentos, muy lentos.

Escuelas segregadas para "salvajes": el odio contra los gitanos que la UE quiere combatir

Algunos programas, además, son inútiles y “un gasto de dinero”, según la comisaria. Por eso, mientras anima a las autoridades a recurrir más a los fondos europeos para promover la integración, Bruselas también va a analizar con detalle qué se hace exactamente con las subvenciones. Y es que los programas no funcionan, “no solo perdemos dinero y tiempo, también la confianza de la gente”, dice Jourova. Y los tres elementos son imprescindibles cuando se trata de fortalecer el tejido social.

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