euroescépticos, nacionalistas y conservadores

La generación populista que viene de Europa del Este

Todos son hombres. La mayoría quiere mejorar las relaciones de sus países con el presidente ruso, Vladímir Putin. También niega el cambio climático y rechaza acoger refugiados

Foto: El empresario búlgaro Veselin Mareshki, fundador y líder del partido Volya (Voluntad). (Reuters)
El empresario búlgaro Veselin Mareshki, fundador y líder del partido Volya (Voluntad). (Reuters)

Donald Trump no es una excepción en la política occidental. Es prototípico en su especie -la del empresario rico, populista y conservador, que se mete en política- pero no es el único que está explotando esa veta. Y con cierto éxito. Ahora mismo en Europa del Este hay media docena de personajes que mantienen con el republicano parecidos más que razonables.

Todos son hombres. Casi todos, por encima de los 50. Algunos coinciden en su pasado empresarial e, incluso, en haber amasado una buena fortuna. Otros, comparten esa forma directa de hablar, roma y cruda pero efectiva. Muchos tienen a gala no pertenecer al establishment y atacan a los políticos profesionales. La mayoría quiere mejorar las relaciones de sus países con el presidente ruso, Vladímir Putin. También niega el cambio climático y rechaza acoger refugiados. Alguno suma varias esposas; varios acumulan desencuentros con la Justicia; otro montó una universidad a la que puso su nombre. E incluso hay quien no ha dudado en dar su apellido a muchos de sus negocios. Aquí, un bestiario de los que ya están y de los que aspiran a llegar (por no nombrar a Silvio Berlusconi, que ya estuvo aquí y amaga con volver).

Viktor Orban (Hungría)

Viktor Orban, de 54 años, lleva quince años como primer ministro de Hungría (1998-2002 y desde 2010). Es uno de los políticos más veteranos en las cumbres de Bruselas. Y uno de los más polémicos. Entre otras cosas, por alabar a Trump. Y desde el principio. En julio del año pasado, cuando el magnate inmobiliario era sólo el candidato republicano, apostó por él, aseguró que era "excepcional" y consideró que sería la mejor opción para su país y para Europa. Luego, con su inauguración, avanzó "el fin del multilateralismo". A su juicio, el "America first" del presidente estadounidense da carta blanca al resto de países para centrarse también a su vez en sus propios intereses y dejar de lado la coordinación multilateral y la búsqueda del bien común.

Es euroescéptico, populista, nacionalista y conservador. En Hungría las huellas de su liderazgo son claras. Amparado en la mayoría cualificada de su partido en el parlamento, ha modificado en cinco ocasiones la constitución para reducir la independencia de la Justicia, el banco central y la prensa. Ahora está enfrentado al multimillonario George Soros, un judío estadounidense de origen húngaro, porque pretende limitar su influencia en el país. Además, se le ha acusado de nepotismo y amiguismo, al favorecer con sus decisiones a amigos y familiares. Su relación con la UE ha sido también complicada. Se ha enfrentado a José Manuel Durão Barroso y a Jean-Claude Juncker. Y no ha dudado en criticar a la canciller Angela Merkel por su política migratoria. Hungría bajo Orban se ha negado a aceptar refugiados. Además, ha buscado desde que llegó a la jefatura del gobierno acercarse a Putin. Está en contra de las sanciones a Moscú.

El primer ministro húngaro, Viktor Orban. (Reuters)
El primer ministro húngaro, Viktor Orban. (Reuters)

Boris Kollar (Eslovaquia)

Boris Kollar, de 52 años, es otro rico empresario que ha irrumpido en la política de su país tras crearse su propio partido (más bien comprar una formación venida a menos y cambiarle el nombre). El año pasado, a los mandos de Somos Familia, se hizo por sorpresa con el 6,6 por ciento de los votos en las parlamentarias de su país y logró once escaños de 150, convirtiéndose en la sexta fuerza en un Legislativo con ocho partidos. Euroescéptico, liberal en lo económico y rabiosamente antiinmigración, su lema es "Confía en mí: no soy político". Tiene diez hijos con nueve mujeres diferentes.

Velesin Mareshki (Bulgaria)

Veselin Mareshki, de 49 años, es un rico empresario deseoso de irrumpir en la política de su país. Su lenguaje directo, su proximidad a Putin y sus diatribas contra la clase política corrupta son ya tan conocidas como su nombre, que aparece en los rótulos de sus más de 350 farmacias en toda Bulgaria. También tiene acciones en un equipo de fútbol y en una cadena de gasolineras. "Creo que soy un candidato antiestablisment como Donald Trump", ha asegurado. Sin experiencia política previa, Mareshki obtuvo el año pasado el 11 por ciento de los votos en las elecciones presidenciales, sin apenas mítines y sin propaganda. En las parlamentarias del pasado marzo, un 4 por ciento de las papeletas y doce escaños.

El nacionalismo es una de sus señas de identidad. Aboga por levantar estrictos controles fronterizos y detener totalmente la inmigración. También ataca sin piedad a los corruptos políticos profesionales y a los carteles empresariales que, denuncia, se enriquecen a costa de la gente normal. Exige justicia y, en no pocas ocasiones, se ha visto enfrentado a ella. Hasta ahora ninguna denuncia se ha acabado en condena, pero tiene aún cuentas pendientes. En junio la fiscalía solicitó que se le levantase la inmunidad parlamentaria para investigarle por los presuntos delitos de abuso de poder y extorsión.

Mareshki durante la inauguración en marzo de 2017 de una de sus gasolineras en Sofía, Bulgaria. (Reuters)
Mareshki durante la inauguración en marzo de 2017 de una de sus gasolineras en Sofía, Bulgaria. (Reuters)

Bogoljub Karic (Serbia)

Bogoljub Karic, de 63, años, ha levantado un imperio familiar que incluye servicios financieros, medios de comunicación, empresas de telecomunicaciones y compañías de comercio exterior. Llegó incluso a abrir una universidad privada con sus siglas, BK. Tras volver del exilio autoimpuesto (en Rusia) a finales del año pasado por una investigación que le acusaba de defraudar 22 millones de dólares -y que no se sustanció-, ha reactivado su movimiento político, Fuerza de Serbia, que en lo que va de año ha ganado 60.000 nuevos afiliados. No se presentó a las presidenciales del pasado abril, pero coquetea con la posibilidad de concurrir en los próximos comicios.

Bogoljub Karic recibió asilo político de Rusia cuando lo buscaba la Interpol. (Efe)
Bogoljub Karic recibió asilo político de Rusia cuando lo buscaba la Interpol. (Efe)

Jaroslaw Kaczynski (Polonia)

Jaroslaw Kaczynski, de 68 años, es el hombre que tras las bambalinas mueve los hilos en Varsovia. Presidente del ultraconservador y nacionalista Ley y Justicia (PiS), no ejerce ningún cargo público -aunque fue primer ministro entre 2006 y 2007-, pero es quien manda sobre el Ejecutivo y el Legislativo, donde su partido disfruta de mayoría absoluta desde 2015. Su partido ha reformado el Tribunal Constitucional y la fiscalía, para atar en corto a jueces y fiscales. Y ha politizado la radiotelevisión pública. También intentó prohibir totalmente el aborto y sólo una huelga de mujeres con decenas de miles de ellas en las calles hizo que el gobierno se echase atrás en el último momento. Bruselas está estudiando abrirle un procedimiento a Varsovia por violar los principios fundamentales del bloque.

Kaczynski y su partido, como Trump, hicieron campaña prometiendo que iban a "drenar la ciénaga" de la clase política polaca. También como él, son escépticos ante el cambio climático. También recelan de los musulmanes y se han negado a aceptar refugiados de esa religión alegando que eso fracturaría la homogeneidad cristiana del país. Por último, Kaczynski ha dado, como el presidente de Estados Unidos, alas a teorías de la conspiración. La que más ha alentado ha sido la de que su hermano gemelo Lech, que murió cuando era presidente de Polonia en un accidente aéreo en 2010, fue en verdad víctima de una maniobra rusa para desestabilizar su país. Y está persiguiendo judicialmente al entonces primer ministro, Donald Tusk, ahora presidente del Consejo Europeo, por presunta negligencia. Para Kaczynski ha sido un éxito que Polonia fuese el único país europeo para una bilateral que ha visitado Trump hasta la fecha.

Kaczynski durante una conferencia en Varsovia. (Reuters)
Kaczynski durante una conferencia en Varsovia. (Reuters)

Andrej Babis (República Checa)

Andrej Babis, de 62 años, es la segunda persona más rica de su país. Tras crear un conglomerado que abarca desde empresas agrícolas a medios de comunicación, en 2011 decidió entrar en política. Para ello construyó su propia plataforma, la Acción de Ciudadanos Insatisfechos (ANO), que dispara principalmente contra el `establisment´ y la corrupción. Aspira a dirigir el Gobierno checo como una empresa y ha llegado a criticar a Trump, al que tacha de empresario mediocre. Con el estadounidense comparte, sin embargo, su intención de cerrar totalmente las fronteras y su tendencia a las declaraciones fuera de tono. Babis fue ministro de Finanzas y viceprimer ministro entre enero de 2014 y marzo de este año, cuando dimitió acusado de un presunto delito de fraude fiscal que él niega. Pero su vuelta a la política se prevé próxima, en las parlamentarias checas de finales de octubre.

A. Babis en un brindis en el castillo de Praga con el primer ministro y el presidente. (Reuters)
A. Babis en un brindis en el castillo de Praga con el primer ministro y el presidente. (Reuters)

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