ALTOS CARGOS ELOGIAN SU LABOR Y SU CARÁCTER

John Kelly, un marine para disciplinar la Casa Blanca de Trump

Sólo lleva una semana en el puesto y Kelly ya ha empezado a imponer su disciplina en la Casa Blanca. Nada más jurar el cargo, despidió al director de comunicación, Scaramucci

Foto: El nuevo jefe de gabinete, J. Kelly, a punto de embarcar a bordo del Air Force One desde la base aérea de Maryland. (Reuters)
El nuevo jefe de gabinete, J. Kelly, a punto de embarcar a bordo del Air Force One desde la base aérea de Maryland. (Reuters)

Todos hemos visto al mismo personaje en el cine americano: el general que entra con paso firme en un gabinete de crisis, totalmente malencarado, y propone una solución abrupta. Una solución de verdad, directa; nada que ver con la cháchara de politicastros que sólo saben perder el tiempo. Ese es el estilo de John Kelly, general retirado de cuatro estrellas, exmarine de pelo cortado a cepillo, y nuevo jefe de gabinete de Donald Trump.

Sólo lleva una semana en el puesto y Kelly ya ha empezado a imponer su disciplina en la Casa Blanca. Nada más jurar el cargo, el pasado lunes, despidió al entonces nuevo director de comunicación, Anthony Scaramucci. Este había rociado de insultos a medio gabinete, durante una entrevista, y había presumido de informar directamente al presidente. `Enough´, diría Kelly. Y la cabeza política de Scaramucci rodó de inmediato.

Según Axios, la puerta del despacho oval, que sólía estar abierta a cualquier secretario, asesor o empresario que pasara por allí, ya está cerrada, y el propio Donald Trump intenta impresionar a Kelly mostrando más disciplina y manejando más datos. Las reuniones son más cortas y puntuales y todo el mundo respeta la nueva autoridad del general, incluidos los íntimos de Trump: su hija Ivanka y el marido de esta, Jared Kushner.

John Kelly ha dejado por tanto su primer cargo en el gabinete: secretario de Seguridad Nacional. Un rol clave en un gobierno decidido a limitar la inmigración ilegal. Kelly había sido el responsable militar de Centroamérica y el Caribe, y conocía de cerca los problemas en la frontera con México. Aunque no se conocieron hasta la transición, Kelly se ha ganado el respeto de Trump por su lenguaje crudo y la intensa actividad policial desplegada contra los inmigrantes sin papeles hasta en iglesias y hospitales.

Criticado en el Congreso por la dureza de sus métodos, Kelly respondió: “Si a los legisladores no les gustan las leyes que han aprobado y que estamos encargados de aplicar, entonces deberían tener el coraje y la capacidad para cambiar las leyes. Si no, deberían cerrar la boca y apoyar a los hombres y mujeres en el frente”.

Pero Kelly, en estos primeros seis meses de mandato, se ha mostrado frustrado con el funcionamiento de la Casa Blanca. Según The New York Times, llevaba tiempo quejándose de las conspiraciones, del tribalismo y de la constante falta de orden, hasta el punto de que habría considerado seriamente dimitir. Ahora asume el reto de embutir este caos en la estrecha rutina militar que ha definido su vida.

John Kelly en su nuevo puesto de jefe de gabinete en la Casa Blanca. (Reuters)
John Kelly en su nuevo puesto de jefe de gabinete en la Casa Blanca. (Reuters)

Nacido en un barrio obrero de Boston hace 67 años, Kelly ha probado su carácter diferentes maneras. Antes de cumplir 16 años cruzó Estados Unidos en autoestop, de Boston a Seattle, y regresó colándose en trenes de carga. Poco después se enroló en un barco mercante para llevar “10.000 toneladas de cerveza”, según su testimonio, a los soldados que combatían en Vietnam, y en 1970 se alistó en los marines.

La carrera militar de Kelly, que supera cuatro décadas, ha estado salteada con estudios superiores en Massachussets y Washington e incluye el combate sobre el terreno. Sirvió en la primera Guerra del Golfo, en 1991, y en 2003 fue desplegado en Irak, donde estuvo a cargo de estabilizar las provincias más tumultuosas. “Demonios, estos son marines”, dijo Kelly a un periodista que le preguntó si sería difícil tomar Bagdad. “Hombres como ellos defendieron Guadalcanal y tomaron Iwo Jima. Bagdad no significa una mierda”.

Pese a sus crecientes responsabilidades, Kelly no pierde el contacto con su barrio. En diciembre de 2010 aceptó participar en un evento para honrar a los ciudadanos de Massachussets caídos en la guerra. El general se presentó en su uniforme de gala y consoló sentidamente a las personas que habían perdido seres queridos. Pero se cuidó de mencionar un detalle: su hijo mayor había muerto, poco antes, en Afganistán.

Altos cargos de Clinton, Bush y Obama han elogiado su labor y su carácter. “Él cree firmemente en la disciplina y una fuerte cadena de mando”, declaró Leon Panetta, que fue jefe de gabinete de Bill Clinton y secretario de Defensa con Barack Obama. “Tiene poca tolerancia para el caos y la gente que no obedece órdenes”. Como secretario de Seguridad Nacional, Kelly no dudó en resolver sus diferencias de opinión cara a cara con Trump.

Ahora tiene que aplicar estos principios desde su nuevo cargo, en una Casa Blanca tribalizada y gobernada por un presidente impredecible y con el gatillo fácil. Sus principales retos son imponer una rutina, contener el escándalo “Rusia-gate” y tapar las filtraciones, algo que su antecesor, Reince Priebus, no consiguió hacer. Más bien al contrario: él era el principal sospechoso de las filtraciones, según el entorno presidencial.

Una ventaja que sí tenía Priebus y que le falta a Kelly es la experiencia política y los contactos en un Capitolio con el que la Casa Blanca ya casi no tiene puentes. El debate o cuchicheo en torno a su nuevo rol se centra en el alcance de su responsabilidad. Dos fuentes anónimas del Gobierno, en filtraciones a Politico, aseguran que la intención del nuevo jefe de gabinete es controlar la agenda del presidente, no al presidente.

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