HAY MÁS DE 65.000 DESAPARECIDOS EN SIRIA

Vida, amor y muerte de un activista sirio: la extraordinaria historia de Bassel Khartabil

Este opositor desapareció en 2015 en las prisiones de Assad tras tres años de encarcelamiento. Ahora se ha confirmado su ejecución. Su esposa, la abogada Noura Ghazi, nunca ha dejado de quererle

Foto: Bassel y Noura durante su romance
Bassel y Noura durante su romance

Pocos días antes de la boda de Noura Ghazi, las autoridades sirias irrumpieron en la casa de su prometido, Bassel Khartabil, y le detuvieron. Era el 15 de marzo de 2012, primer aniversario del inicio de las protestas contra el régimen de Bashar Al Assad -en las que ambos se habían conocido y enamorado-, y que a estas alturas ya habían desembocado en un conflicto armado que ahora inicia su séptimo año. Los servicios de seguridad sirios sospechaban que Khartabil, desarrollador informático, había estado trabajando en un programa de encriptación para que los activistas de ese país pudiesen comunicarse de forma segura. Bassel se convertía así en uno de los más de 65.000 desaparecidos desde el inicio de la guerra, según datos de la Red Siria de Derechos Humanos.

Bassel Khartabil.
Bassel Khartabil.
Hasta ahora. Esta semana, finalmente, se ha conocido su paradero: a finales de 2015, Khartabil fue trasladado a una instalación militar en Al Qaboun, Damasco, donde se le sometió a un juicio sumario ante un tribunal militar, donde se le sentenció a muerte. Poco después fue ejecutado. Ayer, su familia declaró haber confirmado su muerte, tras años de incertidumbre. Su historia, y la del amor de su esposa, es a todas luces extraordinaria.

"La muerte de Bassel Khartabil es un triste recordatorio de los horrores que tienen lugar en las prisiones sirias cada día. Las decenas de miles de personas encerradas actualmente en centros de detención del gobierno sirio se enfrentan a torturas, maltratos y ejecuciones extrajudiciales. Estos actos crueles sin duda suponen crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad", afirma Anna Niestat, directora de investigación de Amnistía Internacional. "Bassel Khartabil será recordado siempre como un símbolo de coraje, que luchó de forma pacífica por la libertad hasta el final. Nuestros pensamientos están con su familia".

Cuando Bassel fue detenido en 2012, Noura llevaba ya casi una década como activista de derechos humanos y abogada defensora, tanto de presos políticos como comunes. Sabía lo que implicaba una detención de este tipo. Su padre, Marwan Ghazi, había sido encarcelado muchas veces durante largos períodos por pertenecer a un partido opositor de izquierdas, la Unión Socialista Árabe Democrática, y por su actividad sindical. “En ocasiones hasta se me olvidaba cómo era su cara”, dice hoy Noura. Durante uno de sus juicios se dio cuenta de lo indefensos que estaban los acusados en el sistema judicial sirio. “Por eso decidí dedicarme a la abogacía. Se lo prometí a mi padre. Y cumplí mi promesa”.

Trabajo con detenidos y torturados. Es muy duro pensar que los dos hombres más importantes de mi vida han pasado por eso

Hoy, Noura lucha por los derechos de los presos sirios y ha ayudado a crear la Comisión de Familias para apoyar a los parientes de los detenidos. “Obviamente, mi caso personal me ha hecho estar más cerca de la situación, ayudarles más. Los presos me ven no solo como activista o abogada, sino también como hija y mujer de detenidos. Tenemos un punto en común, el de compartir el sufrimiento”, explica a El Confidencial. “Estoy trabajando con casos similares a los de mi padre y Bassel. Con gente que sufre, que está siendo torturada. Es muy duro pensar que los dos hombres más importantes de mi vida han pasado por eso mismo”.

También documenta casos de desaparición forzada. Su trabajo es tan sólido que organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch o la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos colaboran frecuentemente con ella. Por ello, le pedimos su opinión sobre el llamado “Archivo César”, las más de 50.000 fotografías de presuntos prisioneros torturados y ejecutados por la policía militar siria sacadas de forma clandestina del país por un desertor. Dado que el informe que lo sacó a la luz fue financiado en parte por Qatar, un país que apoya abiertamente a algunos grupos rebeldes, algunos observadores han cuestionado su veracidad. “Las imágenes son reales. He encontrado a muchos de mis amigos en esas fotos”, sentencia.

A diferencia de otros activistas sirios que se han visto obligados a exiliarse, Noura Ghazi continúa viviendo en Damasco. “Yo he tenido ya bastante con lo que le pasó a mi padre y a Bassel. Soy consciente de que puedo ser detenida. He tenido problemas para salir de Siria, e incluso ahora tengo restricciones”, dice. “Me han hostigado muchas veces, y hasta he tenido que esconderme en numerosas ocasiones. Tengo fobia a la detención. He pensado a menudo en salir de Siria, pero para mí la vida fuera de mi país es como el infierno. Por eso he aprendido a levantarme cada día y enfrentarme a ello. Sé que tengo que aguantar, luchar contra mis miedos, no quedarme callada sino luchar a diario por esta causa”, afirma.

Poco después de la detención de Bassel, Noura y él se casaron en la prisión de Adra, cerca de Damasco. Su amor parecía novelesco, pero era real. Según un preso político encarcelado allí en la misma época, era conmovedor verles juntos: “Me llenaba de esperanza cada vez que veía a estos dos bellos amantes reunirse en un lugar tan podrido”. Durante un San Valentín, ella le escribió: “Bassel, tengo mucho miedo, tengo miedo por este país que está siendo masacrado, dividido, desangrado, destruido… Ay Bassel, tengo mucho miedo de que nuestro sueño está cambiando, de que vayamos a vernos como la generación que liberará este país a la que está siendo testigo de su destrucción. Ay Bassel, tengo tanto miedo…”.

“Cuando me enamoré de Bassel, yo tenía la sensación de que quería que él fuese el padre de mis hijos”, dice “Una sensación que iba creciendo dentro de mí, de que alguien te ha transmitido parte de su alma y cuerpo. Siempre pensaba, pienso, que algún día podremos tener un hijo que se parezca a él. Pero van pasando los años y creo que no podré cumplir este sueño. Yo quería tener hijos con él, no con otra persona”. El 3 de octubre de 2015, Bassel fue sacado de Adra y trasladado a un lugar desconocido. Poco después, a Noura le llegó el rumor de que había sido condenado a muerte y ejecutado. “No es posible conocer la sentencia, porque era un tribunal militar secreto. Hasta ahora no sé nada”, dijo en marzo al autor de este artículo. Sus peores temores, por desgracia, se han confirmado.

Presos liberados en Damasco con motivo de la festividad del Aid Al Fitar, en junio de 2017. (EFE)
Presos liberados en Damasco con motivo de la festividad del Aid Al Fitar, en junio de 2017. (EFE)

Necesidad de convivencia

Noura cree su perfil internacional y sus contactos en el extranjero le han evitado ser objeto de mayores represalias por parte del régimen, pero hay otras razones: “Hay una tendencia a mejorar el trato a la oposición política y a la sociedad civil que la apoya. Esto es bueno en sí, es lo que queremos: la oportunidad de poder expresarnos en nuestro país sin ser detenidos, asesinados ni represaliados”, indica. “Los activistas y la oposición en general son conscientes de que el régimen no va a terminar de la manera típica como se pensaba antes. Ahora, incluso el régimen está convencido de que hay posibilidad de reconciliación. Por eso el trato ha empezado a cambiar. El régimen sabe que va a ganar, por eso está buscando una manera de convivir”, asegura.

Unos progresos que se traducen también en las cárceles. “El número de detenidos ahora es menor, y las condiciones están mejorando. Esto tiene que ver con los testimonios de aquellos presos puestos en libertad que han denunciado sus penalidades. Al salir a la luz, dañaron al régimen”, explica Ghazi. “Incluso los militares están pidiendo una mejora de la situación”, afirma.

Noura Ghazi, en la sede de Amnistía Internacional. (D. Iriarte)
Noura Ghazi, en la sede de Amnistía Internacional. (D. Iriarte)

A pesar de una vida, como ella misma dice, “llena de sufrimiento y carencias”, Ghazi sigue siendo una persona positiva. “A pesar de lo que me ha pasado bajo el Gobierno de Bashar Al Assad, no guardo rencor a nadie. Creo profundamente que Siria es de todos nosotros. Tenemos que encontrar una manera pacífica de convivir”, asegura.

Le preguntamos si cree posible un proceso de justicia transicional en el que se pidan cuentas a los responsables de los crímenes de esta guerra. “Para que sea verdadera justicia hay que reconocer que el régimen no es el único responsable de todas las violaciones de derechos humanos”, responde. “Creo que hay que empezar por parar los crímenes, y solo después será posible llevarlo a juicio. Como ahora la oposición no ha sido capaz de parar todas las violaciones, no tiene sentido ir ahora al tribunal. Este tipo de justicia empieza normalmente cuando termina el conflicto, no antes. Pero si llega el momento, tendrá todo mi apoyo”, sostiene.

Nos han robado nuestra revolución, y se ha convertido en armas y fundamentalismo. Mi sueño era un cambio político democrático

Cuando se echó a las calles para protestar contra Assad, Noura, como muchos otros, no quería esto para Siria. “Nos han robado nuestra revolución, y se ha convertido en armas y fundamentalismo. El sueño que yo tenía era sobre un cambio político democrático. Por eso lo que me importan ahora son los presos”, dice. “El futuro de Siria va a ser oscuro durante mucho tiempo, pero lo peor va a ser para los detenidos y desaparecidos. Como en cualquier situación de conflicto, se habla de las partes enfrentadas, pero nadie se entera de lo que le pasa a la gente en las cárceles. Por eso voy a luchar por los detenidos hasta el final de mi vida. No voy a dejar que ninguna mujer siga con su marido en la cárcel de por vida, aunque sea de otro bando”.

Para ella, el coste personal ha sido el más alto posible: “Lo que más me duele es que todavía no he visto el vestido de boda. Aún está en el armario de mi madre”.

*Una primera versión de esta historia fue publicada en El Confidencial en marzo de 2017, cuando Bassel Khartabil era todavía oficialmente un desaparecido, bajo el título "Assad sabe que va a ganar, por eso el trato a los presos está mejorando".

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