el misil hwasong-14, un punto de inflexión

Mucho antes de lo que se pensaba: el 'umbral nuclear' de Corea del Norte es "de un año"

Los servicios de inteligencia de EEUU cree que Pyongyang logrará la capacidad de lanzar un ataque nuclear contra territorio estadounidense en 2018, lo que altera todos los cálculos

Foto: Una pantalla informa sobre el lanzamiento de un misil balístico intercontinental norcoreano, en Tokio, el 4 de julio de 2017. (Reuters)
Una pantalla informa sobre el lanzamiento de un misil balístico intercontinental norcoreano, en Tokio, el 4 de julio de 2017. (Reuters)

Era la gran 'línea roja' de la Administración Obama: impedir que el régimen norcoreano desarrollase misiles balísticos nucleares intercontinentales que le permitiesen lanzar un ataque atómico contra territorio estadounidense. Pyongyang tenía las bombas nucleares. También tenía los misiles, aunque no de tan largo alcance. La combinación de ambos, se consideraba, supondría un inaceptable incremento de la amenaza contra EEUU. Pero aunque el Gobierno de Obama puso en marcha todas las medidas a su alcance para evitarlo -diplomacia, sanciones, acciones encubiertas-, en el fondo el entonces presidente podía contar con que, en cualquier caso, esa crisis no se produciría en su mandato. Los expertos estimaban que, en el mejor de los casos, Corea del Norte no se haría con este sistema de armamento por lo menos hasta 2020.

Estaban equivocados. El pasado 3 de julio, las fuerzas armadas norcoreanas probaron el llamado Hwasong-14 (llamado NK-14 por los servicios secretos occidentales), un misil de largo alcance que, lanzado a gran altitud, describió una pronunciada parábola y viajó unos 930 kilómetros hasta aterrizar en el mar de Japón, dentro de la Zona Económica Exclusiva de ese país. Los especialistas calcularon que, de haber sido lanzado con una trayectoria más agresiva podría haber alcanzado los 7.000 kilómetros de distancia, suficientes para alcanzar Alaska, lo que lo ponía en la categoría de misiles intercontinentales (ICBM, por sus siglas en inglés). Disparado en dirección este para aprovechar la rotación de la tierra, su alcance podría ser de hasta 8.000 kilómetros, amenazando a Hawai.

Daniel IriarteDaniel Iriarte

“Este lanzamiento representa la primera prueba de un auténtico ICBM, es decir, un misil balístico que pueda transportar una cabeza de guerra a una distancia de 5.500 kilómetros o más. Esta definición fue establecida durante la Guerra Fría, dado que 5.500 kilómetros es aproximadamente la misma distancia entre territorios contiguos de Rusia y EEUU”, explica Thomas Karako, del Programa de Defensa de Misiles del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington. “Los comunicados de prensa norcoreanos afirman que el Hwasong-14 puede atacar 'cualquier parte del mundo'. Esto es básicamente falso, pero es de hecho el primer misil norcoreano capaz de alcanzar Norteamérica”, indica en un documento de trabajo.

El episodio ha alterado todos los cálculos. La semana pasada, el general Paul Selva, segundo jefe del Estado Mayor de EEUU, declaró ante el Comité de Servicios Armados del Senado que la prueba muestra que Corea del Norte está a punto de adquirir “la capacidad de golpear EEUU con cierto grado de precisión o de posibilidad de éxito”. Eso no significa que pueda lanzar un ataque atómico: para ello Pyongyang tendría que ser capaz de miniaturizar una cabeza nuclear para introducirla en el misil. Pero cada vez le falta menos.

Los servicios de inteligencia de EEUU han alertado este mes de que, casi con toda seguridad, lo logrará en un año, según informa el New York Times, que basa su artículo en fuentes de la actual Administración que han sido informadas al respecto. “Hay una opinión creciente, de la Agencia de Inteligencia de la Defensa a la CIA, de que en este momento los ingenieros de misiles de Kim Jong-un, aunque siguen refinando la tecnología, han superado la mayoría de los obstáculos principales”, dice el artículo. "La esencia de esta nueva estimación es que Washington ya no tiene tiempo. Si la estimación de 2018 es correcta, Corea del Norte tendrá una capacidad bruta de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos antes de que las defensas antimisiles de la nación sean mejoradas. En silencio, el Pentágono ha estado refinando sus planes de contingencia a largo plazo, desde interceptar partes de los misiles en el mar a, si el presidente Trump decide hacerlo, destruir un misil en la plataforma de lanzamiento, antes de que sea probado", indica el diario neoyorquino.

Kim Jong-un inspecciona el Hwasong-14 antes de su lanzamiento, a principios de julio. (Reuters)
Kim Jong-un inspecciona el Hwasong-14 antes de su lanzamiento, a principios de julio. (Reuters)

"Riesgo de intervención"

No obstante, abundan las voces que llaman a la cautela. "Yo no soy un experto técnico, pero las alegaciones de las agencias de inteligencia de que Corea del Norte puede desarrollar un ICBM capaz de alcanzar EEUU parecen basarse en la información derivada del test del 4 de julio. Sin embargo, no está claro que los norcoreanos sean capaces de miniaturizar lo suficiente una cabeza nuclear para colocarla en un ICBM", señala David Krieger, de la Fundación por la Paz en la Era Nuclear, una institución dedicada a promover el desarme atómico a nivel mundial. "El mayor riesgo que el presidente estadounidense intente intervenir militarmente en los programas nucleares o de misiles de Corea del Norte y, al hacerlo, provoque una guerra devastadora en la península coreana", dice Krieger a El Confidencial.

De hecho, varios planificadores militares empiezan a ver esto como la opción menos mala. Este jueves, el jefe del Estado Mayor, el general Mark Milley, declaró que en caso de guerra EEUU destruiría totalmente al ejército norcoreano, aunque el conflicto sería "altamente letal". "Una guerra en la península coreana sería terrible, pero un arma nuclear detonando en Los Ángeles sería incluso más terrible. Corea del Norte es la amenaza en solitario más peligrosa a la que se enfrentan EEUU y la comunidad internacional hoy", dijo en un discurso en el Club Nacional de Prensa en Washington.

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Que Corea del Norte pueda lanzar un ataque nuclear no significa que vaya necesariamente a hacerlo. Numerosos observadores han señalado que Kim Jong-un lo considera un activo estratégico necesario para supervivencia: sería lo que garantizaría, precisamente, que nadie tratará de provocar un cambio de régimen por las armas. Pero Washington no está dispuesto a correr riesgos. Mientras tanto, actores como el presidente surcoreano Moon Jae-in o el presidente chino Xi Jinping trabajan a contrarreloj para ofrecer alternativas a la escalada militar, tratando de arrastrar a Pyongyang a una nueva iniciativa negociadora que permita reducir la tensión. Aunque, con gestos de desafío como el lanzamiento de otro misil intercontinental este viernes, las autoridades norcoreanas no les están poniendo las cosas precisamente fáciles.

"Creo que una política responsable de EEUU y sus aliados en la región -así como posiblemente de China y Rusia- sería implicar a Corea del Norte en negociaciones, ofreciéndole garantías de seguridad, así como incentivos positivos (comida, medicinas y asistencia energética) a cambio de una congelación de los programas nucleares y de misiles norcoreanos", opina Krieger. "Las garantías de seguridad podrían incluir un acuerdo para acabar con las maniobras militares conjuntas de EEUU y Corea del Sur cerca de la línea de separación con el Norte, como ha sugerido Corea del Norte como una inducción positiva para parar su programa nuclear. Otro paso positivo que EEUU podría ofrecer sería acordar un final a la guerra de Corea, convirtiendo la tregua de 1953 en un armisticio. A mí me parece una negligencia diplomática por parte de EEUU no estar haciendo todo lo posible para implicar de forma positiva a los norcoreanos en negociaciones para resolver las cuestiones nucleares que conciernen a EEUU y sus aliados en el nordeste de Asia", sostiene.

Pero si el temor a la amenaza nuclear norcoreana se extiende en EEUU, la presión para que la Casa Blanca actúe podría volverse intolerable. Y ahora mismo, nadie parece saber cuál puede ser la reacción del presidente Trump. La perspectiva, para muchos, no es tranquilizadora.

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