El 'Katrina' de May: la crisis de la torre Grenfell se vuelve un campo de minas
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"aLGUIEN TIENE QUE SER EL RESPONSABLE"

El 'Katrina' de May: la crisis de la torre Grenfell se vuelve un campo de minas

Las primeras protestas en Londres no atrajeron a muchos manifestantes, pero la ira y el malestar por el manejo de la situación se han generalizado, complicando las cosas a la primera ministra

placeholder Foto: Manifestantes piden justicia para las víctimas del incendio de la torre Grenfell, en Londres, el 16 de junio de 2017. (Reuters)
Manifestantes piden justicia para las víctimas del incendio de la torre Grenfell, en Londres, el 16 de junio de 2017. (Reuters)

“Queremos justicia, queremos respuestas”. Cientos de personas han salido este viernes a la calle pidiendo responsabilidades a las autoridades tras el gran incendio de la torre Grenfell, el bloque de 24 alturas con 120 pisos de protección oficial que ha quedado completamente calcinado tras el fuego que tuvo lugar en la madrugada de este miércoles. El peor de la historia reciente de la capital británica.

El número de muertos asciende ya a 30, aunque las autoridades aseguran que la cifra volverá a aumentar en las próximas horas y muchas de las víctimas no podrán ser nunca identificadas. En el edificio vivían entre 400 y 600 personas, la mayoría descendientes de inmigrantes, con un alto porcentaje de musulmanes.

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Tras la gran conmoción ha venido la ira. Los vecinos expresan la gran frustración que sienten ante la dificultad de obtener información sobre los desaparecidos y denuncian que ya habían alertado antes sobre las pésimas condiciones del inmueble. “Nadie se ha reunido con nosotros, nadie. Alguien tendrá que ser el responsable de esto, ¿no?”, explica una de las manifestantes que salió este viernes a la calle. Las protestas se han extendido luego a Oxford Circus, en el centro de Londres.

Durante la manifestación se vivieron momentos especialmente tensos, sobre todo cuando varias personas lograron entrar en el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea –responsable del distrito donde se encuentra la torre– demandando respuestas. “¡Criminales!”, “¡asesinos!”, “se os tendría que caer la cara de vergüenza”: estas fueron algunas de las frases que se corearon. Cuando el alcalde de Londres Sadiq Khan visitó la zona, Kai Ramos, un niño subido a los hombros de su padre, le gritó espontáneamente: “¿Cuántos niños murieron, Khan? ¿Qué estás haciendo al respecto?".

Debido a que los bomberos continúan apuntalando el interior del bloque, es poco probable que inicien una búsqueda detallada de cuerpos hasta este sábado o quizá domingo. La estructura de la torre es tan inestable que aún no han podido acceder a los pisos superiores por temor a un posible derrumbe. Aunque aún no hay versión oficial sobre el origen del fuego, los rotativos apuntan a que podría haber sido provocado por un fallo eléctrico en un frigorífico de un taxista etíope, identificado por 'The Daily Mail' como Behailu Kebede. El hombre de 44 años, que logró escapar, vivía en la cuarta planta.

"Otro líder que no da la talla"

Políticamente, el incendio se ha convertido en otro fuego más para la premier Theresa May, debilitada más que nunca tras su estrepitoso fracaso en las generales de la semana pasada, donde perdió la mayoría absoluta. Algunos medios británicos como 'The Guardian' aseguran que la tragedia de la torre Grenfell comienza a convertirse en el huracán Katrina de Gran Bretaña. “May es el presidente George W. Bush, fuera del ritmo, inarticulado, aparentemente incomprensivo, un líder que no da la talla ante un desastre que es la prueba definitiva”, señalaba el rotativo.

El incendio además ha trastocado sus planes para anunciar un acuerdo con los norirlandeses del DUP con los que busca apoyo (que no coalición) para poder gobernar en minoría. Desde Downing Street no ven “apropiado” que con la conmoción sufrida por el fuego se haga algún comunicado al respecto. Por lo tanto, el llamado “Discurso de la Reina”, donde May presentará su programa legislativo, ha tenido que ser aplazado hasta el miércoles, dilatando aún más la inestabilidad que existe en Westminster ante las inminentes negociaciones del Brexit, que darán comienzo este lunes en Bruselas con la asistencia del ministro británico al frente de esta cartera, David Davis.

Tras las críticas recibidas por no haber visitado a los afectados el jueves –cuando acudió a la zona pero solo estuvo con los servicios de emergencia–, May regresó este viernes al vecindario y visitó también a los heridos en los hospitales. Su círculo más cercano asegura que, al conocer la noticia, se echó a llorar. Pero su incapacidad de mostrar sentimiento alguno en público le está costando muy caro, sobre todo cuando el líder de la oposición Jeremy Corbyn fue fotografiado abrazando a los vecinos. Por su parte, la reina Isabel II, acompañada por su nieto el príncipe Guillermo, también visitó el viernes el vecindario y estuvo charlando con los afectados y voluntarios

Corbyn ha hecho un llamamiento a "requisar si es necesario" hogares con el fin de albergar a los que se han quedado sin nada tras el desastre. El distrito de Kensington y Chelsea, donde se encuentra la torre, es uno de los más caros y lujosos de la capital británica y tiene más propiedades vacías que ningún otro barrio londinense con un total de 1.399 viviendas desocupadas. Como ocurre en toda la ciudad, para evitar guetos, las calles de las mansiones están en paralelo con otras zonas de apartamentos de protección oficial, donde viven familias sin demasiados recursos, como las de la torre Grenfell.

Tras la tragedia en la torre, May ha anunciado una investigación oficial con el fin de esclarecer las causas del fuego y ha destinado un fondo de 6 millones de euros para los afectados. Aunque aseguró que el Gobierno "realojará" en la misma zona a las personas que se han quedado en la calle con el fin, entre otros, de que los niños puedan seguir acudiendo al mismo colegio, las autoridades locales admiten que quizá algunos vecinos van a tener que ser ubicados en otros sitios.

Campo de minas político

Por su parte, Gavin Barwell, que fue ministro de Vivienda antes de perder su escaño la semana pasada y ahora es el jefe de Gabinete de la primera ministra, esquivó el viernes las preguntas sobre su falta de acción tras las advertencias sobre la seguridad contra incendios. Barwell se negó a responder cuestiones sobre por qué retrasó la revisión en torres de viviendas susceptibles de ser pasto de las llamas tras el incendio sufrido en 2009 en la torre Lakanal House en el que murieron seis personas y hubo más de 20 heridos.

En octubre, el exministro de Vivienda dijo en la Cámara de los Comunes que los reglamentos de construcción contra incendios se examinarían tras un informe emitido en 2013. No obstante, nunca se llevaron a cabo y se estima que cerca de un millar de torres de apartamentos similares en Reino Unido carecen de aspersores de agua. En este sentido, el Gobierno ha puesto en marcha una revisión de emergencia de seguridad en 4.000 bloques de pisos en toda Gran Bretaña tras las presiones recibidas por parte de los residentes, que exigen recursos suficientes para prevenir y hacer frente a las consecuencias derivadas de un incendio de tal magnitud. Por su parte, Scotland Yard llevará por separado una pesquisa criminal para examinar sobre todo los materiales utilizados en una reforma de 10 millones de euros que se completó el verano pasado en el bloque.

Construida en 1974, la torre Grenfell fue reformada en mayo de 2016, pero los vecinos ya advirtieron entonces que sólo había sido un “lavado de cara” y que las instalaciones eran muy viejas y había “muchos problemas eléctricos”. Según los medios locales, en la fachada se instalaron supuestamente centenares de paneles de aluminio llamados “Reynobond”, cuya composición está prohibida en Estados Unidos para edificios que superen los 12 metros. El bloque del este de Londres, que ha quedado completamente calcinado, tiene 70 metros de altura. Rydon, la empresa de construcción subcontratada por el Ayuntamiento de Kensington y Chelsea para hacer las obras, ha asegurado que este "cumplía todos los estándares" de seguridad.

Durante la remodelación, según los medios, se sugirió colocar rociadores contra incendios pero se descartó la idea para evitar demorar las obras y ahorrar costes, ya que, según la ley vigente, solo los edificios de vivienda nueva de más de 30 de metros deben de tener estos sistemas. El bloque solo tenía una escalera de incendios, los extintores no funcionaban y las sirenas o no sonaron en algunas plantas o lo hicieron muy bajo.

Explosión de solidaridad

En Londres, las mezquitas, iglesias, colegios y centros sociales se han visto inundados de donaciones. Pero los voluntarios denuncian que nadie del Ayuntamiento está coordinando la operación. “Hacemos lo que podemos. Pero estamos desbordados, es un auténtico caos”, asegura un joven mientras reparte fruta y agua en un vecindario donde las paredes han sido inundadas a partes iguales por mensajes de apoyo y fotografías de personas que siguen desaparecidas.

Las labores de identificación se complican además por el hecho de que muchos afectados no hablan apenas inglés. La mayoría de los vecinos son inmigrantes. “Esto es una comunidad muy variada. Hay todas las razas, culturas y religiones que te puedas imaginar. Pero estamos todos muy unidos”, asegura Amila. Desde la tragedia se ha quedado al cuidado de varios niños mientras sus padres intentan buscar a otros miembros de la familia que siguen en paradero desconocido. En el grupo hay una de origen somalí, otra marroquí, dos niños del Líbano y uno de Bangladés. Ninguno cumple los diez años. “Esto es horrible, horrible”, dice Amila, que rompe a llorar tras la tensión acumulada. Se da la vuelta para que los niños no la vean.

El ayuno musulmán del Ramadán ayudó a salvar muchas vidas. El fuego sorprendió a los vecinos de madrugada, pero muchos residentes de esta religión mayoritaria en la torre estaban despiertos con el 'suhur' (comida permitida antes del amanecer). “La comunidad musulmana ha sido increíble. La noche que ocurrió todo estaban despiertos, abrieron las mezquitas para acoger a la gente y fueron los primeros en traer comida y mantas”, asegura Aiden, otro voluntario.

El centro comunitario Rugby Portobello Trust se ha convertido en uno de los campamentos base por sus grandes dimensiones. Alrededor de 120 familias encontraron en las primeras horas aquí refugio, aunque la mayoría ya han sido reubicadas en hoteles. “Vienen con lo puesto. Estamos comprando centenares de paquetes de ropa interior, cepillos de dientes y todo lo básico que puedas imaginarte. No tienen absolutamente nada”, comenta una chica. Todos los voluntarios aseguran que la respuesta de la comunidad ha sido “increíble”. En varios puntos de la zona donde se reciben donaciones hay carteles avisando que “hasta nuevo aviso” no pueden recoger más cosas al estar “desbordados”. Hay filas de miles de zapatos, toallas, sábanas, ropa y muchas telas para crear velos, ya que la gente es consciente que hay muchas mujeres musulmanas afectadas.

Hay también muchos artículos de marcas de lujo, como toallas Loewe, provenientes de las exclusivas mansiones de Notting Hill, situadas a escasos metros de la torre quemada que albergaba a pisos de protección oficial. Ricos y pobres, musulmanes y cristianos, todos se abrazan estos días a los pies de una mole calcinada que ha quedado como recuerdo del auténtico infierno vivido.

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