Trump admite que despidió al director del FBI por la investigación sobre Rusia
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el presidente le pidió lealtad y él se negó

Trump admite que despidió al director del FBI por la investigación sobre Rusia

Tras dos días de explicaciones de miembros de su Gobierno, el presidente ha dejado en evidencia a su equipo al confesar que tenía en mente la 'trama rusa' cuando destituyó a James Comey

Foto: Donald Trump saluda al abandonar el Despacho Oval para dirigirse a Nueva York, el 4 de mayo de 2017. (Reuters)
Donald Trump saluda al abandonar el Despacho Oval para dirigirse a Nueva York, el 4 de mayo de 2017. (Reuters)

Han sido 48 horas de supuestas explicaciones de miembros del Gobierno. Dos días en los que hemos visto al portavoz de la Casa Blanca Sean Spicer y al vicepresidente Mike Pence asegurar que la destitución del director del FBI James Comey no se debió a la investigación de esa institución sobre los posibles contactos del equipo de campaña de Trump con Rusia, sino a su manejo inapropiado de las pesquisas sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton y a la recomendación del nuevo fiscal general. Y ahora llega Trump y, por enesima vez, deja en evidencia a su gabinete de políticos profesionales.

“Cuando decidí hacerlo, me dije: ‘Esta cosa de Rusia, lo de Trump y Rusia, es una invención, es una excusa de los Demócratas por haber perdido unas elecciones que deberían haber ganado”, afirmó ayer el presidente en una entrevista con la cadena NBC. La conclusión parece ser, por lo tanto, que si según el presidente la acusación es falsa, no tenía sentido permitir que continuase. El pasado martes, mientras daba una charla ante agentes del FBI en Los Ángeles, Comey se enteró por las noticias de la televisión de que había sido destituido.

Trump también habló anoche sobre las tres ocasiones en las que trató este tema con el jefe del FBI. La primera fue durante una cena en la Casa Blanca a finales de enero, una semana después de que Trump tomase posesión del cargo, en la que se abordó su futuro, dado que Comey había sido nombrado por Barack Obama. “Quería quedarse en el FBI, y le dije, ya sabes, que lo consideraría y veríamos qué sucedia… Pero tuvimos una cena muy agradable, en el curso de la cual me dijo: ‘Usted no está siendo investigado’”, dijo el presidente.

Después hubo dos conversaciones telefónicas al respecto, una por iniciativa de Trump, otra de Comey. Al ser preguntado por el entrevistador, Trump dijo ayer: “Sí, la verdad es que le pregunté. Le dije: ‘Si es posible, ¿podría hacerme saber que estoy siendo investigado? Y respondió: ‘No está siendo investigado’”. Y lo mismo una tercera vez.

"Necesito su lealtad"

Pero las garantías de Comey no significaban que otros miembros del equipo de campaña no lo estuviesen, lo que, aparentemente, acabó por sellar su destino. El director debería haber testificado este jueves acerca de dicha investigación sobre los presuntos contactos ante una Comisión de Inteligencia del Senado de EEUU. Una comparecencia que no se produjo, por razones obvias.

Pero además, el diario The New York Times ha revelado los detalles de la cena entre Trump y Comey, que, según lo relatado por algunos presentes al rotativo, distó mucho de ser el encuentro cordial que descrite el presidente. Al contrario: Trump le exigió obediencia, y Comey se negó. “Necesito su lealtad”, le dijo el presidente, a lo que el director del FBI respondió que tendría “honestidad”. “¿Será una lealtad honesta?”, habría inquirido Trump. “Puedo darle eso”, fue la respuesta de Comey, según su propio relato.

Muchos observadores califican ya lo sucedido de ‘giro nixoniano’ de la presidencia de Trump: Richard Nixon también ordenó destituir al fiscal especial Archibald Cox en octubre de 1973, cuando éste investigaba las trapacerías de la Administración, lo que a su vez provocó la dimisión del fiscal general Elliott Richardson y su número 2, William Ruckelshaus. Eso no pudo impedir la dimisión final de Nixon para evitar ser sometido al deshonor de un ‘impeachment’ que sin duda habría perdido. Pero Trump no es Nixon, y muchas cosas han cambiado en la política estadounidense desde los años 70. El futuro del actual presidente es incierto, pero de lo que no cabe duda es de que será difícil.

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