PUTIN NO VERÁ A TILLERSON: SU VIAJE SE COMPLICA

EEUU presenta "pruebas" de que el régimen sirio realizó un ataque con gas sarín

El jefe de la diplomacia estadounidense aterriza en Moscú con una misión casi imposible: tratar de convencer al Kremlin de que cese su apoyo a Bashar Al Assad

Foto: Rex Tillerson participa en un encuentro en la sede de la OTAN en Bruselas, el 31 de marzo de 2017. (Reuters)
Rex Tillerson participa en un encuentro en la sede de la OTAN en Bruselas, el 31 de marzo de 2017. (Reuters)

La Casa Blanca presenta "pruebas claras y consistentes" de que el régimen sirio de Bashar al Assad cometió hace una semana el ataque con gas sarín en Jan Sheijún (Idlib), en el que murieron más de 80 personas, incluidos decenas de niños. Funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump aseguran a la prensa que tienen "pruebas fisiológicas" de que el régimen sirio usó gas sarín contra la población en una zona bajo control rebelde. Asimismo, EEUU ha confirmado la autenticidad de fuentes externas que demuestran que un caza sirio lanzó el ataque con el mortal gas el día 4 de abril a primeras horas de la mañana.

La Casa Blanca ofreció este martes una pormenorizada cronología del ataque. Poco antes de las 07.00 hora local, un avión de fabricación rusa Sukhoi Su-22 de la fuerza aérea siria sobrevoló durante unos 20 minutos Jan Sheijún y, sobre el mediodía, comenzaron a aparecer evidencias gráficas en internet de víctimas con síntomas de un ataque químico. Poco después de la 13.00 hora local, las víctimas empezaron a inundar un hospital cercano que, posteriormente, sería bombardeado con armamento convencional. Estados Unidos también tiene constancia de que un militar sirio de alto rango vinculado con el programa químico de ese país estuvo presente en la base de Shayrat antes de que se lanzara el ataque.

Las fuentes de la Casa Blanca aseguraron que no hay pruebas que sostengan la versión siria y rusa de que las muertes por exposición a un químico neurotóxico se produjeron tras el bombardeo de una fábrica de armas químicas de un grupo yihadista. Por el contrario, Washington considera que el ataque químico tenía "motivos operacionales" con el objetivo de ejercer presión en la retaguardia de zonas rebeldes claves para mantener el control de la ciudad de Hama.

Putin no verá a Tillerson: el viaje se complica

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, ha aterrizado en Moscú con una difícil misión: convencer al Gobierno ruso de que cese su apoyo al régimen sirio de Bashar Al Assad. Lo hace en medio de una atmósfera de tensión, después de que las fuerzas armadas estadounidenses bombardeasen una base siria la semana pasada, lo que ha provocado la condena del Kremlin y la ruptura del “teléfono rojo” sobre Siria establecido por ambos países para evitar incidentes.

Antes de partir para la capital rusa, Tillerson ha realizado unas duras declaraciones que van a hacer muy poco por suavizar las tiranteces: "Creo que merece la pena pensar si Rusia realmente se ha aliado con el régimen de Assad, los iraníes y Hezbollah. ¿ Es esta una alianza a largo plazo que sirve a los intereses de Rusia o preferiría unirse a Estados Unidos, junto con otros países occidentales y de Medio Oriente para resolver la crisis en Siria?", ha declarado, según un comunicado difundido por el Gobierno de EEUU en su página oficial. "Queremos crear un futuro para Siria que sea estable y seguro. Y Rusia puede formar parte de ese futuro y desempeñar un papel importante, o mantener su alianza con este grupo, que creemos que no servirá a sus intereses a largo plazo", ha añadido el secretario de Estado. En la práctica, esto significa que Rusia debe elegir entre su apoyo a Assad y sus socios o una relación amistosa con Washington.

Daniel IriarteDaniel Iriarte

La visita estaba programada desde hace tiempo, pero la situación ha cambiado tanto en las últimas jornadas que es probable que Tillerson no se encuentre con Vladimir Putin como se había previsto en un principio, y, ateniéndose al protocolo, se reúna solamente con su homólogo ruso, el ministro de Exteriores Sergei Lavrov. Aunque algunos medios locales apuntan a que finalmente sí podría haber un encuentro con el presidente ruso, la Presidencia se niega a confirmarlo.

No es que el viaje fuese a ser un jardín de rosas en ningún caso: en cualquier caso Tillerson tendría que abordar la espinosa cuestión de la presunta injerencia rusa durante las elecciones estadounidenses del pasado año, la cuestión de Crimea y la nueva escalada nuclear entre ambas potencias, después de que el presidente Donald Trump anunciase a Putin en febrero su deseo de anular el tratado New START de reducción de armamento atómico firmado por la anterior Administración de Barack Obama.

Daniel IriarteDaniel Iriarte

Pero Tillerson seguía siendo uno de los miembros del nuevo Gobierno más favorables a Rusia, hasta el punto de haber sido receptor, antaño, de la Orden de Amistad Rusa de manos del propio Trump. Ante la escalada retórica del Gobierno Trump contra Assad, Tillerson había matizado en un primer momento que “la prioridad sigue siendo la lucha contra el Estado Islámico”, dando a entender que el mandatario sirio puede, de algún modo, ser un aliado en dicho frente. “Creo que lo que Estados Unidos y sus aliados quieren hacer es capacitar al pueblo sirio para que tome sus decisiones”, dijo este fin de semana en un programa de la CBS, indicando que no está a favor de participar en un hipotético derrocamiento de Assad. “Hemos visto el aspecto que tiene un cambio de régimen violento en Libia y el tipo de caos que se puede desatar”.

Pero el ataque ha dado al traste con esta moderación. En las últimas horas, Tillerson ha pasado a acusar a Rusia de “complicidad o incompetencia” por no haber impedido el ataque químico contra la localidad siria de Jan Shijún que, oficialmente, es la razón del posterior bombardeo estadounidense. Según el secretario de Estado, Moscú fue el impulsor del acuerdo para la eliminación de los arsenales químicos sirios, y la responsabilidad de que Damasco mantenga parte de dicho armamento recae en Rusia. “Claramente, son los aliados actuales de Bashar Al Assad. Deberían tener la mayor influencia sobre él, y ciertamente sobre sus decisiones de usar armas químicas, y hacer que no las vuelva a usar”, declaró ayer en una entrevista con la cadena estadounidense ABC.

Rex Tillerson junto a otros ministros de Exteriores del G7 en la localidad italiana de Lucca, el 11 de abril de 2017. (Reuters)
Rex Tillerson junto a otros ministros de Exteriores del G7 en la localidad italiana de Lucca, el 11 de abril de 2017. (Reuters)

'Ventana de oportunidad'

Además, los aliados de EEUU están reduciendo aún más su margen de maniobra: la cumbre de ministro de Exteriores del G7, a la que Tillerson ha acudido estos días en la Toscana italiana, baraja la posibilidad de imponer nuevas sanciones a Moscú por su apoyo a Assad. “La primera ministra [Theresa May] y el presidente están de acuerdo en que ahora existe una nueva 'ventana de oportunidad' para persuadir a Rusia de que su alianza con Assad ya no va en su interés estratégico”, ha declarado la oficina de May en un comunicado.

Tampoco parecen estar ayudándole mucho los miembros de su propio gobierno. “Cuando ves a bebés y niños siendo gaseados, y sufrir bajo los barriles bomba, te sientes inmediatamente empujado a la acción. Creo que este presidente [Trump] ha dejado muy claro que si estas acciones van a continuar, más acciones serán consideradas en el futuro por parte de Estados Unidos”, declaró el lunes el secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer. La mención a los barriles bomba ha hecho saltar algunas alarmas: según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, el régimen arrojó más de 13.000 tan sólo a lo largo de 2016. Y ha seguido haciéndolo incluso en las últimas horas.

Spicer ha matizado posteriormente sus palabras, asegurando que solo se refería a aquellos barriles bomba que contengan armamento químico, como el cloro. En cualquier caso, supondría una “línea roja” mucho más difícil de hacer respetar. Y está por ver si la Administración Trump está dispuesta a utilizar la fuerza una vez más como elemento disuasorio, ahora que Irán y Rusia han afirmado su disposición a plantar cara ante nuevos ataques.

Á. MartínezÁ. Martínez

En ese contexto, la esperanza de que Tillerson pueda convencer a Putin de que abandone a Assad parece una utopía. “Mientras Putin no consigue que las cosas se hagan a su modo en Siria, Assad sigue siendo demasiado valioso para descartarle. Si Tillerson planea apelar al 'sentido de la decencia' de Rusia, es improbable que pueda funcionar en un líder que ha invertido no solo enormes cantidades de sangre y fondos en Siria, sino, cada vez más, el prestigio de su presidencia”, escribe Martin Chulov, corresponsal del diario “The Guardian” en Beirut.

Algunos analistas consideran que la retórica encendida de los últimos días es poco más bravuconería que acabará pasando rápidamente, pues va en beneficio de todos que así sea. Otros, en cambio, creen que lo sucedido en los últimos días es un baño de realismo para una Administración Trump que tenía muchas esperanzas -e intereses- en llevarse bien con Rusia, pero que se ha enfrentado al obstáculo insalvable de la incompatibilidad de objetivos estratégicos entre ambos países. Paradójicamente, la existencia de áreas de confrontación podría acabar impulsando la cooperación en aquellos otros ámbitos donde sí es posible avanzar. “El Kremlin se siente ahora aliviado: finalmente hay claridad”, opina Alexander Baunov, experto del Centro Carnegie de Moscow, en declaraciones a Bloomberg. “Y ahora, durante la visita de Tillerson, habrá conversaciones reales sobre problemas reales”.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
24 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios